Dibujo de Dianium de Miquel Ortolà

La Dianium Romana: todo un mundo por descubrir

Capital turística y ciudad gastronómica por antonomasia en la Costa Blanca, la Dénia que hoy conocemos ya fue codiciada y amada por diferentes civilizaciones en el pasado. Una de ellas, quizá de la que menos se ha hablado por estos lares, la romana. Posiblemente porque aún falta mucho por descubrir y por conocer, ya que son relativamente pocas las excavaciones que se han podido efectuar en la anterior Dianium.

Lo que es innegable es que el origen de la actual Dénia, como ciudad, corresponde a  la época romana.  Realmente en sus comienzos fue una colonia helena llamada Hemeroskopeion, pero fueron los romanos los que le dieron el nombre de Dianium, en honor a la diosa Diana. Los textos antiguos hablan de una enorme estatua de la Diosa Diana que se podía observar desde kilómetros mar a dentro, aunque no se han encontrado restos que lo confirmen. Textos clásicos donde se atestigua tambiuén que en el siglo I a. C. las tropas romanas del general Quinto Sertorio establecieron en Dianium una base naval, aprovechando su excelente ubicación.

Una situación geográfica y geoestratégica envidiable, que permitía ya en la antigüedad controlar desde el golfo de Valencia y la costa de Alicante cualquier navío o dispositivo militar que se aproximara, y que al mismo tiempo permitió establecer una base naval de primer orden. Su idiosincrasia estuvo ligada en los comienzos a la figura de Quinto Sertorio, en latín Quintus Sertorius (Nursia, 122 a. C. -Osca, 72 a. C.): un destacado político y militar de la época final de la República romana, célebre por el movimiento antisilano que dirigió en Hispania, que dejó impronta en Dénia. De hecho, hoy día todavía hay una calle  que lleva su nombre.

Durante el Alto Imperio, la ciudad disfrutó de un periodo de esplendor pasando de ser ciudad estipendiaria a tener la categoría jurídica de municipium. Sin embargo, y aunque alcanzó rango de sede episcopal, ya hacia el siglo III d. C. debió sufrir las incursiones de los pueblos germánicos.

Si queréis saber más de la Dianium romana os recomendamos que visitéis el Museu Arqueològic de Dénia, ubicado en lo alto del castillo, concretamente en el denominado Palau del Governador. En él puede observar una sencilla pero muy elocuente colección de piezas arqueológicas que -por centrarnos en las que afectan a la época romana- remiten al esplendor de esta comunidad como municipio de derecho latino (ver, sobre todo, las inscripciones que se guardan en la Sala II del Museo) y como puerto comercial (con notable colección de ánforas de diversas procedencias) desde época de Augusto.

También en el recinto del Castell, hacia el Norte, puede contemplarse una excelente panorámica del denominado Hort de Morand, área aun virgen arqueológicamente y en la que debió tal vez ubicarse el foro municipal.

Dibujo de Miquel Ortolà

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Benidorm Playas

Las playas de Benidorm: ¿Levante o Poniente?

Benidorm es, sin duda, la capital turística de la Costa Blanca. Sus altos índices de ocupación, la cantidad que servicios que ofrece y la vida que rezuma prácticamente los 365 días del año así lo acreditan. También la calidad de sus playas, especialmente las dos más conocidas: Levante y Poniente. ¿Cuál es tu preferida?

Ambas cuentan con una arena fina, un acceso fantástico y todos los servicios y accesorios básicos que se pueden demandar a una playa de calidad. También las dos cuentan con su bandera azul y los pertinentes certificados de gestión y calidad medioambiental, según las normas ISO. Pero es cierto que cada una, pese a su cercanía, tiene unas características singulares.

En la playa de Poniente disfrutarás de tranquilidad. Y es que pese a ser las más extensa del municipio es también un lugar ideal para darse un paseo, relajarse y disfrutar. Se puede hacer por la orilla de sus más de 3 kilómetros de longitud y a través del paseo anexo, donde también hallaréis una gran cantidad de restaurantes, bares y locales para el disfrute de vecinos y turistas.

Entre su oferta de servicios y equipamientos cuenta con plataformas flotantes, biblioplayas, juegos infantiles, juegos lúdicos-deportivos, zonas de sombra para la lectura o el servicio de playas accesibles, que facilitan el acceso y disfrute para personas de movilidad reducida.

Al otro lado de la ciudad, entre Punta Pinet y Punta Canfali (los considerados balcones de Benidorm, ideales para respirar la brisa del mar y hacerse con una buena panorámica de la ciudad) se sitúa la playa de Levante. Es algo más pequeña (2 kilómetros de longitud, aproximadamente) y permite tomar el sol hasta bien entrada la tarde gracias a su orientación.

Sin embargo, pese a su menor tamaño, es la playa más conocida de la ciudad por la animación que presentan sus alrededores, llenos de hoteles, restaurantes, heladerías, terrazas y otros locales de ocio. Una estampa típica de esta playa es la de los turistas internacionales, fundamentalmente ingleses, que le dan un colorido y un toque distinto, confiriendo a Benidorm ese carácter cosmopolita que lo diferencia de otros destinos durante los 365 días del año.

Ambas son perfectas, como también lo son las otras dos playas con las que cuenta la ciudad: La Cala del Tío Ximo, la Cala Almadrava y la Cala del Tío Más. Pero de estas tres ya os hablaremos en otro post del blog de la Guía del Turista.

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Salazones

Los salazones de La Marina

En La Marina disfrutamos de muchos placeres, entre los cuales se encuentra, sin duda, la gastronomía. Carnes, pescados, arroces, verduras…cocinados bajo las recetas de la tradición y la vanguardia conquistan el paladar de turistas y visitantes, que aprecian la calidad de los restaurantes que predominan en todo el litoral norte de la Costa Blanca.

Entre los manjares tradicionales que ofrecen sus cartas y menús se encuentran los salazones. El atún, la mojama, el bonito o melva (garrofeta), la sardina, el capellán, el mújol, la maruca o corvina…son un auténtica gozada que podemos disfrutar simplemente con pan y aceite de oliva virgen (en nuestra tienda Melicatessen podrás encontrar aceite autóctono de La Marina), acompañado si lo preferís de un poco de tomate.

La salazón procede de nuestra cultura gastronómica y alimentaria. De hecho, es un método tradicional para preservar los alimentos y poder consumirlos durante más tiempo. Se sabe que los antiguos egipcios ya ponían las carnes en salazón para almacenarlas y mantenerlas comestibles durante largos periodos. También hay evidencias de similares usos en la China del tercer milenio antes de Cristo.

Realmente lo que hace la salazón es deshidratar parcialmente los alimentos, lo que también ayuda a reforzar su sabor. Podemos salar frutas y vegetales, aunque lo más frecuente es hacer salazones de carnes y/o pescados. A menudo se suele emplear para la salazón una mezcla de sal acompañada con nitrato sódico y nitrito. Es muy habitual también acompañar la sal con sabores como pimentón, canela, semillas de eneldo o mostaza.

¿Cómo se preparan los salazones en La Marina?

  1. Limpiar las vísceras dejando sólo la carne magra y la espina dorsal.
  2. Se pone una capa de sal de un centímetro de espesor como lecho y se coloca el pescado extendido sobre su superficie. Sobre la capa anterior de pescado se pone otra capa de sal del mismo grosor y se repite la operación obteniéndose diferentes capas de sal y pescado. Finalmente sobre la última capa de sal se pone un peso (Por lo menos la mitad del peso del pescado en salazón)
  3. El producto necesita ahora reposar. Para ello el apilamiento anterior se mantiene semana y media en reposo
  4. Tras el tiempo establecido de reposo se saca el pescado y se lava con una solución de agua y vinagre (al 10%)
  5. Después del correspondiente lavado se pone al aire en un sitio con corrientes de aire pero que no le dé directamente el sol. Según el clima del lugar se deja unos días. En preparaciones como hueva o mojama las capas permanecen en reposo durante 24 horas, para posteriormente lavarlas e introducirlas en prensas que escurren el agua. Tras pasar por el secadero se envasan al vacío.
  6. Por último haremos el secado. Tiene lugar en la secadora, una habitación aislada con extractor de humedad que aplica calor seco (su uso es exigido por sanidad).

 

¡¡Y a disfrutar!! Buen provecho.

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Denia siglo XIX

Viajando en el tiempo: un paseo por la Dénia del Siglo XIX

Además de una capital turística y gastronómica, Dénia es una ciudad con mucha historia. Distintas son las civilizaciones que se asentaron en este lugar del Mediterráneo aprovechando su privilegiada situación geográfica y las bondades de su clima, dando lugar a Dianium, Daniya y a la actual Dénia.

En este nuevo post del blog de la Guía del Turista os proponemos regresar al pasado, pero al pasado más próximo. Queremos rememorar a través de un recorrido a pie una época de esplendor relativamente contemporánea, de la que no se escribe tanto, pero que ha dejado su impronta en la actual ciudad: La Dénia de finales del siglo XIX, cuando vivió su expansión y crecimiento urbanístico, con la llegada de una burguesía creciente que en base al negocio de exportación de la pasa transformó el núcleo urbano con importantes infraestructuras, la remodelación de la trama urbana y el florecimiento de negocios y posibilidades de ocio, en una época efervescente para la economía y la sociedad.

Nuestro recorrido para reencontrarnos con esa Dénia nace de la Oficina de Turismo comenzamos la visita en el Museo del Juguete, ubicado donde antiguamente se situaba la estación de tren Dénia-Carcaixent. En la planta baja del mismo hallaremos también el Centro de arte “L’Estació” con exposiciones temporales. Tras la visita al museo nos dirigimos hacia la calle Marqués de Campos, arteria principal de la ciudad, y fácilmente reconocible por los grandes bananeros que la flanquean. Debe su nombre a D. José Campo, importante personaje del S. XIX que realizó grandes mejoras en la ciudad como la creación de una fábrica de gas para el alumbrado, la vía de Ferrocarril Dénia-Carcagente y la iniciación y constitución de la Sociedad de Obras del Puerto.

Posteriormente nos dirigiremos hacia la Glorieta del País Valencià, donde hasta hace unas décadas se celebrada el Mercat Municipal para alcanzar la plaza del Ayuntamiento, donde se puede visitar el edificio consistorial y la Iglesia de la Asunción. Desde allí se puede alcanzar fácilmente el Museo Etnológico (No dejéis de visitarlo. La entrada es gratuita), que alberga una típica casa burguesa, y donde os encontraréis con la Dénia del S. XIX, enriquecida por el comercio de la pasa. El museo está enclavado en la calle Cavallers, junto a las calles Major y San José, compartiendo escenario con un llamativo conjunto de casas construidas a finales del S. XVIII y durante el S. XIX, íntimamente relacionadas con la riqueza y la burguesía que aparecen alrededor del fenómeno de la pasa.

Paralela a ella transcurre la calle Loreto, lugar que combina restaurantes y tascas con la presencia del Convento de las Agustinas o Convento de Nuestra Señora de Loreto. Si volvemos hacia la plaza de la Constitución y tomamos la calle la Mar pasaremos por delante del antiguo almacén de Morand, donde en el s. XIX se clasificaba y empaquetaba pasa para su exportación. Y, girando a la derecha por la calle Cándida Carbonell, otro gran almacén de pasa, en este caso, el de la compañía inglesa “Cooperative Wholesale Society”. Muy cerca de allí, en la actual y remodelada calle La Mar, la estructura de vivienda que hoy acoge pubs, tiendas y otros negocios en esa época fue también sede de otros almacenes donde se seleccionaba y trataba la pasa antes de embarcarla hacia Gran Bretaña y otros lugares de ultramar.

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orxeta_ok

Orxeta: un acogedor rincón entre el mar y la montaña de la Marina

Tal y como os hemos dicho en varias ocasiones desde el Blog de la Guía del Turista, La Marina tiene muchos lugares con encanto por descubrir. Además de las ciudades costeras y turísticas por excelencia (Benidorm, Dénia, Xàbia, La Vila, Altea, Calp…) os recomendamos que os aventuréis hacia el interior y os dejéis sorprender por pequeños núcleos de población que se encuentran rodeados por la naturaleza y las montañas, pero a sólo un paso del mar. Lugares preciosos y con encanto que merecen una visita para saborear otro tipo de mediterráneo, pero igual de auténtico.

Uno de estos ejemplos es Orxeta. Situada en el interior de la comarca de la Marina Baixa, este pueblo encantador de apenas mil habitantes presume de montañas y de un enorme pantano, pese a estar a escasos diez kilómetros del mar. Sus amables lugareños residen en un municipio con gran encanto donde el aroma a pan y a otros productos recién salidos del horno conquistará nuestro olfato y nuestro paladar, pues esta industria artesanal goza de reconocido prestigio en toda la Marina.

Su caso histórico nos permite observar el paso del tiempo a través de una rica arquitectura tradicional y típica de esta zona del Mediterráneo, con casas de estilo medieval entre medianeras que recubren sus fachadas con vivos colores. Si además de callejear tenéis tiempo para hacer una visita, podéis visitar la  antigua Iglesia Parroquial de San Jaime Apóstol, la Ermita de Santo Tomás y el Palacio de la Orden de Santiago (hoy convertido en casa rural).

En cuanto a su entorno, Orxeta ofrece un marco soberbio y espectacular entre montañas y el pantano Amadorio, que la cobija apaciblemente para diseñar un hermoso y fértil valle a orillas del río Sella.

El pantano, al que se accede rápidamente desde el peaje de Villajoyosa (en dirección a Orxeta) es un lugar tranquilo para relajarse y pasear a través del sendero que parte desde allí. También dispone de un merendero con mesas de madera,  un parque infantil, aparcamiento para vehículos y vistas al mar.  Además del pantano, os recomendamos que visitéis la garganta de “L’Estret”, santuario de las grandes aves rapaces.

Otro de sus atractivos son las fiestas patronales, que se celebran en honor a los santos Tomas y Nazario el penúltimo fin de semana de septiembre, así como la feria de productos gastronómicos y artesanales que tiene lugar en diciembre.

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Marjal Pego Oliva

La Marjal de Pego-Oliva: la pequeña ‘albufera’ de La Marina

Marcando el límite entre las provincias de Alicante y Valencia se encuentra el parque natural de la Marjal de Pego-Oliva. Esta especie de albufera merece una visita para disfrutar de un paraje singular formado por una gran extensión de carrizales, palustres y arrozales.

Su indiscutible valor medioambiental y posición estratégica fue valorada antaño por prácticamente todas las civilizaciones que se afincaron en La Marina. De hecho se han encontrado en La Marjal y alrededores asentamientos de humanos que datan del Paleolítico Medio, es decir, de hace unos 30.000 años.

También los romanos frecuentaron la marjal, trazando caminos que ayudaran a atravesar estos humedales, en los que igualmente dejaron su impronta los árabes, que entre sus numerosas aportaciones dejaron para la posteridad sistemas de riego para el trabajo del campo como norias o acequias. Sistemas todos ellos que ayudaron, siglos después, al cultivo de algunas especies características como el arroz, que se introdujo en la zona a mediados del siglo XIX (con variedades autóctonas como el arroz bomba, muy apreciado por los cocineros) y que posibilitan hoy día la canalización de la cuantiosa lluvia que precipita en esta zona, que por cierto, presenta el mayor índice pluviométrico de la Comunitat.

Ejemplo de fauna de mediterránea
Este agua procedente de la lluvia se filtra en la tierra, circula por los ríos subterráneos y forma acuíferos, desde los cuales afloran los llamados ‘ullals’ o canales, que terminan formando charcas y ríos como El Serpis y el Bullent (o Vedat), que flanquean la marjal por el norte; y el Racons (o Molinell), situado al sur del paraje.

La calidad de las aguas de estos fluviales supone un auténtico paraíso para multitud de especies animales y vegetales, de entre los que destacan algunos invertebrados como las gambetes o los petxinots; peces como el samarugo, que confiere al parque un alto valor ecológico debido a su escasez, o la colmilleja; y sobre todo aves, que por su cantidad variedad constituyen una de las mayores riquezas del marjal, con especies tales como el zampullín chico, el somormujo lavanco, el avetorillo, la garza imperial, la cerceta pardilla, la cigüeñuela, el fumarel cariblanco o el calamón.

El acceso al parque natural se realiza fundamentalmente desde la N-332. La carretera que va de Oliva a Pego bordea el Parque por el norte, mientras que la CV-700 entre Vergel y Pego constituye el límite sur del paraje.

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Baix la mar

El barrio de Baix la Mar: cuna de pescadores

El barrio de pescadores, también conocido como Baix la Mar (por su cercanía al puerto y al tramo costero) es visita obligada o, al menos, merece un tranquilo paseo en el que poder ir descubriendo plazas y rincones con encanto donde aún se adivina la vida y costumbres de aquellos dianenses vinculados durante tantas décadas a la pesca, al comercio y, en definitiva, al mar.

La trama urbana actual del barrio Baix la mantiene su origen en el siglo XIX, aunque muchas de sus calles ya estuvieron ocupadas por los árabes con el nombre de Raval de la Mar o Raval Marítimo. De hecho, de los cuatro ravales de la época islámica, este último era, con toda probabilidad, el más relevante de todos. Así pues, durante nuestro recorrido habremos de fijarnos en la escasa altura de las viviendas y edificaciones (máximo dos alturas) además de en la forma de sus calles estrechas y plazoletas características, en muchas de las cuales será posible identificar algún elemento histórico o artístico que explica su trayectoria vital. Es el caso de la Plaza de Sant Antonio la conocida como Plaçeta de la Creu, reconocible porque hay una cruz ubicada en la parte central junto a una pequeña fuente y  un panel de cerámica de San Pere.

Para reponer fuerzas o simplemente tomar una cerveza os recomendamos que hagáis un alto en el camino en la plaza Mariana Pineda, lugar ideal para disfrutar dela brisa al atardecer o reservar mesa para cenar durante los meses de verano. Precisamente en este emplazamiento, además de haberse rodado en el pasado multitud de películas, se celebraba siempre hacia finales de agosto un festival de variedades y expresión libre llamado la Flexió Verbal, que contribuía a dotar de un aire bohemio este punto ubicado en el corazón de Baix la Mar. Hoy día este bullicioso pero encantador rincón es una referencia, no sólo para el turista de la ciudad sino también para los propios dianenses, testigos del paso del tiempo en este punto neurálgico.

Volviendo hacia la fachada marítima un paseo conocido como El Raset (lugar en el que fue proclamado como Rey el Archiduque Carlos de Austria, dando lugar  a comienzos del siglo XVIII a la Guerra de Sucesión), donde las antiguas tabernas y casas de pescadores han dejado paso hoy a tiendas de souvernis, restaurantes y locales de copas. Y es que poblada de terraza, pubs y bares donde tapear, Baix la Mar se ha convertido en un barrio tan pintoresco como emblemático, concentrando buena parte de la oferta gastronómica y de ocio de la ciudad, la cual convive con esta idiosincrasia reposada y tranquila que siempre ha distinguido a esta zona de la ciudad.

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Plaça-Bous-Ondara

Passió pels bous: Ondara y la Joya Levantina

Junto a Dénia y Pedreguer, y sin ánimo de desmerecer a otros muchos municipios donde también se celebran toros, Ondara merece un capítulo aparte. La existencia en el centro del casco urbano de una plaza de toros centenaria, la bautizada como Joya Levantina, da pie a un tipo de acto taurino distinto, pues al atractivo de poder ver a las reses en un escenario más apropiado se une la relevancia artística y el simbolismo de este coso, que data de comienzos del siglo XX y que está ligado a la idiosincrasia del municipio.

Bajo una arquitectura inspirada en el arte Mudéjar (como se puede observar en sus elementos de estilo árabes como arcos de herradura, almenas escalonadas…) y consólida estructura de mampostería y mortero, la Joya Levantina fue inaugurada el 28 de octubre de 1901, en un periodo de bonanza por el cultivo y la comercialización de la pasa en La Marina. No obstante, la crisis económica que sufrió Ondara en 1904, junto con una grave epidemia, afectó seriamente a gran parte de la población así como a la sociedad creadora de la plaza, que terminó por disolverse en el año 1910 ante el incumplimiento de pagos. La consecuencia fue que la plaza de toros fue embargada al pueblo de Ondara.

Durante la dictadura de Primo de Rivera continuaron celebrándose espectáculos con normalidad, lo que contrastó con el periodo republicano, cuando la crisis económica y la crispación social y política hicieron disminuir el número de representaciones taurinas. Pero serán los años de la Guerra Civil los que tendrán un efecto demoledor sobre el edificio, que fue afectado gravemente por los bombardeos y quedó en ruinas. Acabado el conflicto bélico, y tras muchos esfuerzos, durante la dictadura de Franco el Ayuntamiento de Ondara consiguió recuperar la plaza de toros, llevándose a cabo los movimientos necesarios para que se accediera a su restauración.

Casi 20 años después, en 1957, la plaza de toros de Ondara vuelve a recobrar vida, siendo rehabilitada por el alcalde Julián Ferrando, bajo cuyo mandato optándose por encalar la plaza. Desde hace unos meses, las obras de rehabilitación han permitido que el recinto recupere parte de su aspecto original al ser eliminados los muros que la encerraban y privaban a los ojos de parte de su belleza.

Su visita, más allá del gusto o la pasión taurina que podáis tener, es casi obligada si os acercáis a La Marina. Es un consejo del blog de la Guía del Turista.

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Tienda_de_productos_noruegos_en_Alfaz_del_Pi

L’Alfàs del Pi: la pequeña Noruega

No es necesario ir a Noruega para sentirte como en Noruega. Al menos eso es lo que pensarán en la Marina Baixa, concretamente en la zona de la playa de l’Albir y, especialmente, en Alfàs del Pi. En torno a este pequeño municipio de La Marina Baixa se concentra la mayor colonia Noruega fuera del país escandinavo. De hecho, de los 17.000 noruegos, aproximadamente, que viven en España, más de 9.000 residen en la provincia de Alicante, con una especial concentración en esta zona muy próxima a Benidorm, donde se calcula que pueden residir alrededor de 5.000 de ellos.

La importancia de esta zona es tal que Alfaz del Pi (L’Alfàs del Pi, en valenciano) es la sede de un consulado noruego. El clima, benigno especialmente en invierno con muchas horas de sol y temperaturas suaves, es ideal para los residentes que proceden del norte de Europa, donde la estación invernal obliga a permanecer la mayor parte del tiempo en casa debido al intenso frío.

El perfil del noruego que hay en La Marina Baixa pertenece a alguien de entre 60 y 65 años y se ha asentado en esta zona aprovechando una generosa pensión de jubilación que apenas si se ve afectada por posibles crisis económicas. De esta forma, la sociedad del bienestar social del país escandinavo reporta lo suficiente para que muchos noruegos se instalen en esta zona de la provincia de Alicante buscando las bondades curativas del sol.

A ello se une todo un marco de crecientes negocios que llaman la atención de las compañías de viaje y de los mayoristas noruegos, caso de balnearios o clínicas terapéuticas cuya relación calidad/precio/servicios agradan y mucho a los escandinavos, posibilitando la aparición de un nuevo nicho de mercado para las empresas e inversores de La Marina.

La importancia de la colina establecida en La Marina se materializa en el Club Noruego de L’Alfàs, que tiene un papel destacable en la vida social y económica del municipio, como quedó de manifiesto con la construcción de la recién inaugurada capilla de San Olav, patrón de Noruega, que se edificó en honor de la princesa Kristina en Covarrubias, localidad burgalesa en la que reposan sus restos.

El Club Noruego está haciendo un gran trabajo para intentar que la comunidad noruega se integre en la sociedad española, para lo cual ofrece cursos de español y excursiones por el país que les permitan conocer nuestra cultura.

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Mirador del Coll de Rates

Caminando por la Marina: De Alcalalí al Coll de Rates

Hay muchas formas de recorrer La Marina. Una de ellas es caminando, a través de sus numerosas rutas de senderismo. En este nuevo post de la Guía del Turista os invitamos a que nos acompañéis hasta la Vall del Pop para darnos un paseo que nos lleve desde Alcalalí hasta el Coll de Rates, desde donde disfrutaremos de unas bonitas panorámicas. La ruta es de poco más de 10km. y se puede hacer en unas 3 horas y media.

La ruta parte de la plaza del Ayuntamiento de Alcalalí. Tomaremos la calle Ravalet y al final de la misma giraremos hacia la derecha para alcanzar el río Xaló. A los pocos metros nos desviaremos a la izquierda para cruzar el mismo, frente a una gran balsa, y seguiremos nuestra ruta por una pista asfaltada que recorre campos de naranjos, almendros, olivos y vides. Llegaremos hasta un cruce. En este primero, deberemos seguir por la izquierda, pero cuando nos topemos con una segunda intersección, giraremos a la derecha, continuando siempre por la vía principal. Un algarrobo sostenido por un pilar de piedra nos indicará que el camino es correcto.

Más tarde dejaremos una pista de tierra a la derecha y proseguiremos recto hasta llegar al inicio del Camí de Tàrbena indicado con una señal vertical. Nuestro recorrido seguirá por esta antigua vía de comunicación para iniciar progresivamente el ascenso. Tras 1’5km. de subida, y tras llegar a la cima, nuestra ruta enlazará con el PR CV158 El Carrascar de Parcent, que nos llevará hasta uno de los principales puntos de interés: el mirador del Coll de Rates, un paso que comunica les Valls del Pop i de Tàrbena que históricamente fue frecuentado por bandoleros. El mirador nos permitirá disfrutar de unas vistas fantásticas.

Cuando hayamos descanso,  iniciaremos el descenso por la misma vía. La senda, conocida como el Camí de les Revoltes o de la Pansa, nos permitirá observar los escalones de piedra que, antaño, facilitaban el tránsito de la gente entre los pueblos de Tàrbena y Alcalalí a pie, en burro o mula. Durante el descenso podremos observar el perfil de la población de parcent así como percibir los aromas de algunas especies típicas del Mediterráneo como el romero, el tomillo o el brezo.

Enlazaremos con el Camí dels Pous, dejando atrás uno de los pozos que da nombre al camino y llegaremos finalmente a la carretera, para girar a la derecha en dirección hacia Alcalalí hasta llegar al Camí dels Molins. Por este último habremos de seguir durante un trecho, con la única compañía de naranjos y almendros a ambos costados, hasta llegar a la ermita de San Joan Mosquera, que formaba parte de una antigua alquería morisca. Una vez aquí habremos de continuar en dirección Alcalalí a través del camino inicial.

¡No olvidéis llevar calzado cómodo, protección solar y una mochila con agua y algo de comer!

Aquí tenéis más información de la ruta.

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