Marjal Pego Oliva

La Marjal de Pego-Oliva: la pequeña ‘albufera’ de La Marina

Marcando el límite entre las provincias de Alicante y Valencia se encuentra el parque natural de la Marjal de Pego-Oliva. Esta especie de albufera merece una visita para disfrutar de un paraje singular formado por una gran extensión de carrizales, palustres y arrozales.

Su indiscutible valor medioambiental y posición estratégica fue valorada antaño por prácticamente todas las civilizaciones que se afincaron en La Marina. De hecho se han encontrado en La Marjal y alrededores asentamientos de humanos que datan del Paleolítico Medio, es decir, de hace unos 30.000 años.

También los romanos frecuentaron la marjal, trazando caminos que ayudaran a atravesar estos humedales, en los que igualmente dejaron su impronta los árabes, que entre sus numerosas aportaciones dejaron para la posteridad sistemas de riego para el trabajo del campo como norias o acequias. Sistemas todos ellos que ayudaron, siglos después, al cultivo de algunas especies características como el arroz, que se introdujo en la zona a mediados del siglo XIX (con variedades autóctonas como el arroz bomba, muy apreciado por los cocineros) y que posibilitan hoy día la canalización de la cuantiosa lluvia que precipita en esta zona, que por cierto, presenta el mayor índice pluviométrico de la Comunitat.

Ejemplo de fauna de mediterránea
Este agua procedente de la lluvia se filtra en la tierra, circula por los ríos subterráneos y forma acuíferos, desde los cuales afloran los llamados ‘ullals’ o canales, que terminan formando charcas y ríos como El Serpis y el Bullent (o Vedat), que flanquean la marjal por el norte; y el Racons (o Molinell), situado al sur del paraje.

La calidad de las aguas de estos fluviales supone un auténtico paraíso para multitud de especies animales y vegetales, de entre los que destacan algunos invertebrados como las gambetes o los petxinots; peces como el samarugo, que confiere al parque un alto valor ecológico debido a su escasez, o la colmilleja; y sobre todo aves, que por su cantidad variedad constituyen una de las mayores riquezas del marjal, con especies tales como el zampullín chico, el somormujo lavanco, el avetorillo, la garza imperial, la cerceta pardilla, la cigüeñuela, el fumarel cariblanco o el calamón.

El acceso al parque natural se realiza fundamentalmente desde la N-332. La carretera que va de Oliva a Pego bordea el Parque por el norte, mientras que la CV-700 entre Vergel y Pego constituye el límite sur del paraje.

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Baix la mar

El barrio de Baix la Mar: cuna de pescadores

El barrio de pescadores, también conocido como Baix la Mar (por su cercanía al puerto y al tramo costero) es visita obligada o, al menos, merece un tranquilo paseo en el que poder ir descubriendo plazas y rincones con encanto donde aún se adivina la vida y costumbres de aquellos dianenses vinculados durante tantas décadas a la pesca, al comercio y, en definitiva, al mar.

La trama urbana actual del barrio Baix la mantiene su origen en el siglo XIX, aunque muchas de sus calles ya estuvieron ocupadas por los árabes con el nombre de Raval de la Mar o Raval Marítimo. De hecho, de los cuatro ravales de la época islámica, este último era, con toda probabilidad, el más relevante de todos. Así pues, durante nuestro recorrido habremos de fijarnos en la escasa altura de las viviendas y edificaciones (máximo dos alturas) además de en la forma de sus calles estrechas y plazoletas características, en muchas de las cuales será posible identificar algún elemento histórico o artístico que explica su trayectoria vital. Es el caso de la Plaza de Sant Antonio la conocida como Plaçeta de la Creu, reconocible porque hay una cruz ubicada en la parte central junto a una pequeña fuente y  un panel de cerámica de San Pere.

Para reponer fuerzas o simplemente tomar una cerveza os recomendamos que hagáis un alto en el camino en la plaza Mariana Pineda, lugar ideal para disfrutar dela brisa al atardecer o reservar mesa para cenar durante los meses de verano. Precisamente en este emplazamiento, además de haberse rodado en el pasado multitud de películas, se celebraba siempre hacia finales de agosto un festival de variedades y expresión libre llamado la Flexió Verbal, que contribuía a dotar de un aire bohemio este punto ubicado en el corazón de Baix la Mar. Hoy día este bullicioso pero encantador rincón es una referencia, no sólo para el turista de la ciudad sino también para los propios dianenses, testigos del paso del tiempo en este punto neurálgico.

Volviendo hacia la fachada marítima un paseo conocido como El Raset (lugar en el que fue proclamado como Rey el Archiduque Carlos de Austria, dando lugar  a comienzos del siglo XVIII a la Guerra de Sucesión), donde las antiguas tabernas y casas de pescadores han dejado paso hoy a tiendas de souvernis, restaurantes y locales de copas. Y es que poblada de terraza, pubs y bares donde tapear, Baix la Mar se ha convertido en un barrio tan pintoresco como emblemático, concentrando buena parte de la oferta gastronómica y de ocio de la ciudad, la cual convive con esta idiosincrasia reposada y tranquila que siempre ha distinguido a esta zona de la ciudad.

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Plaça-Bous-Ondara

Passió pels bous: Ondara y la Joya Levantina

Junto a Dénia y Pedreguer, y sin ánimo de desmerecer a otros muchos municipios donde también se celebran toros, Ondara merece un capítulo aparte. La existencia en el centro del casco urbano de una plaza de toros centenaria, la bautizada como Joya Levantina, da pie a un tipo de acto taurino distinto, pues al atractivo de poder ver a las reses en un escenario más apropiado se une la relevancia artística y el simbolismo de este coso, que data de comienzos del siglo XX y que está ligado a la idiosincrasia del municipio.

Bajo una arquitectura inspirada en el arte Mudéjar (como se puede observar en sus elementos de estilo árabes como arcos de herradura, almenas escalonadas…) y consólida estructura de mampostería y mortero, la Joya Levantina fue inaugurada el 28 de octubre de 1901, en un periodo de bonanza por el cultivo y la comercialización de la pasa en La Marina. No obstante, la crisis económica que sufrió Ondara en 1904, junto con una grave epidemia, afectó seriamente a gran parte de la población así como a la sociedad creadora de la plaza, que terminó por disolverse en el año 1910 ante el incumplimiento de pagos. La consecuencia fue que la plaza de toros fue embargada al pueblo de Ondara.

Durante la dictadura de Primo de Rivera continuaron celebrándose espectáculos con normalidad, lo que contrastó con el periodo republicano, cuando la crisis económica y la crispación social y política hicieron disminuir el número de representaciones taurinas. Pero serán los años de la Guerra Civil los que tendrán un efecto demoledor sobre el edificio, que fue afectado gravemente por los bombardeos y quedó en ruinas. Acabado el conflicto bélico, y tras muchos esfuerzos, durante la dictadura de Franco el Ayuntamiento de Ondara consiguió recuperar la plaza de toros, llevándose a cabo los movimientos necesarios para que se accediera a su restauración.

Casi 20 años después, en 1957, la plaza de toros de Ondara vuelve a recobrar vida, siendo rehabilitada por el alcalde Julián Ferrando, bajo cuyo mandato optándose por encalar la plaza. Desde hace unos meses, las obras de rehabilitación han permitido que el recinto recupere parte de su aspecto original al ser eliminados los muros que la encerraban y privaban a los ojos de parte de su belleza.

Su visita, más allá del gusto o la pasión taurina que podáis tener, es casi obligada si os acercáis a La Marina. Es un consejo del blog de la Guía del Turista.

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L’Alfàs del Pi: la pequeña Noruega

No es necesario ir a Noruega para sentirte como en Noruega. Al menos eso es lo que pensarán en la Marina Baixa, concretamente en la zona de la playa de l’Albir y, especialmente, en Alfàs del Pi. En torno a este pequeño municipio de La Marina Baixa se concentra la mayor colonia Noruega fuera del país escandinavo. De hecho, de los 17.000 noruegos, aproximadamente, que viven en España, más de 9.000 residen en la provincia de Alicante, con una especial concentración en esta zona muy próxima a Benidorm, donde se calcula que pueden residir alrededor de 5.000 de ellos.

La importancia de esta zona es tal que Alfaz del Pi (L’Alfàs del Pi, en valenciano) es la sede de un consulado noruego. El clima, benigno especialmente en invierno con muchas horas de sol y temperaturas suaves, es ideal para los residentes que proceden del norte de Europa, donde la estación invernal obliga a permanecer la mayor parte del tiempo en casa debido al intenso frío.

El perfil del noruego que hay en La Marina Baixa pertenece a alguien de entre 60 y 65 años y se ha asentado en esta zona aprovechando una generosa pensión de jubilación que apenas si se ve afectada por posibles crisis económicas. De esta forma, la sociedad del bienestar social del país escandinavo reporta lo suficiente para que muchos noruegos se instalen en esta zona de la provincia de Alicante buscando las bondades curativas del sol.

A ello se une todo un marco de crecientes negocios que llaman la atención de las compañías de viaje y de los mayoristas noruegos, caso de balnearios o clínicas terapéuticas cuya relación calidad/precio/servicios agradan y mucho a los escandinavos, posibilitando la aparición de un nuevo nicho de mercado para las empresas e inversores de La Marina.

La importancia de la colina establecida en La Marina se materializa en el Club Noruego de L’Alfàs, que tiene un papel destacable en la vida social y económica del municipio, como quedó de manifiesto con la construcción de la recién inaugurada capilla de San Olav, patrón de Noruega, que se edificó en honor de la princesa Kristina en Covarrubias, localidad burgalesa en la que reposan sus restos.

El Club Noruego está haciendo un gran trabajo para intentar que la comunidad noruega se integre en la sociedad española, para lo cual ofrece cursos de español y excursiones por el país que les permitan conocer nuestra cultura.

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Mirador del Coll de Rates

Caminando por la Marina: De Alcalalí al Coll de Rates

Hay muchas formas de recorrer La Marina. Una de ellas es caminando, a través de sus numerosas rutas de senderismo. En este nuevo post de la Guía del Turista os invitamos a que nos acompañéis hasta la Vall del Pop para darnos un paseo que nos lleve desde Alcalalí hasta el Coll de Rates, desde donde disfrutaremos de unas bonitas panorámicas. La ruta es de poco más de 10km. y se puede hacer en unas 3 horas y media.

La ruta parte de la plaza del Ayuntamiento de Alcalalí. Tomaremos la calle Ravalet y al final de la misma giraremos hacia la derecha para alcanzar el río Xaló. A los pocos metros nos desviaremos a la izquierda para cruzar el mismo, frente a una gran balsa, y seguiremos nuestra ruta por una pista asfaltada que recorre campos de naranjos, almendros, olivos y vides. Llegaremos hasta un cruce. En este primero, deberemos seguir por la izquierda, pero cuando nos topemos con una segunda intersección, giraremos a la derecha, continuando siempre por la vía principal. Un algarrobo sostenido por un pilar de piedra nos indicará que el camino es correcto.

Más tarde dejaremos una pista de tierra a la derecha y proseguiremos recto hasta llegar al inicio del Camí de Tàrbena indicado con una señal vertical. Nuestro recorrido seguirá por esta antigua vía de comunicación para iniciar progresivamente el ascenso. Tras 1’5km. de subida, y tras llegar a la cima, nuestra ruta enlazará con el PR CV158 El Carrascar de Parcent, que nos llevará hasta uno de los principales puntos de interés: el mirador del Coll de Rates, un paso que comunica les Valls del Pop i de Tàrbena que históricamente fue frecuentado por bandoleros. El mirador nos permitirá disfrutar de unas vistas fantásticas.

Cuando hayamos descanso,  iniciaremos el descenso por la misma vía. La senda, conocida como el Camí de les Revoltes o de la Pansa, nos permitirá observar los escalones de piedra que, antaño, facilitaban el tránsito de la gente entre los pueblos de Tàrbena y Alcalalí a pie, en burro o mula. Durante el descenso podremos observar el perfil de la población de parcent así como percibir los aromas de algunas especies típicas del Mediterráneo como el romero, el tomillo o el brezo.

Enlazaremos con el Camí dels Pous, dejando atrás uno de los pozos que da nombre al camino y llegaremos finalmente a la carretera, para girar a la derecha en dirección hacia Alcalalí hasta llegar al Camí dels Molins. Por este último habremos de seguir durante un trecho, con la única compañía de naranjos y almendros a ambos costados, hasta llegar a la ermita de San Joan Mosquera, que formaba parte de una antigua alquería morisca. Una vez aquí habremos de continuar en dirección Alcalalí a través del camino inicial.

¡No olvidéis llevar calzado cómodo, protección solar y una mochila con agua y algo de comer!

Aquí tenéis más información de la ruta.

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corsarios

Dénia y La Marina,  tierra de  Corsarios 

La zona de la Marina, en general;  y enclaves costeros como Dénia, en particular,  ha  sido  durante  muchos  años  un  nido  de  corsarios  dada  su  privilegiada  situación  geográfica,  que  convertían  a  su  puerto  en  uno  de  los  pocos  fondeaderos  que  había  en  el  Mediterráneo  español.

La  tradición  se  remonta  muchos  años  atrás.  Ya  en  la  época  islámica,  el  rey  Mujahid  construyó  gran  escuadra  formada  por  marinos  y  piratas.  Tras  la  reconquista  cristiana  la  ciudad  continuó  siendo  un  enclave  estratégico  para  los  corsarios,  hasta  el  punto  de  que  entre  1406-1476  el  gobernador  concedió  licencias  para  armar  las  naves  bajo  patente  de  corso.  En  Dénia  había  catorce,  siendo  el  mayor  porcentaje  de  todo  el  reino.

Los  tipos  de  embarcaciones  variaban  dependiendo  de  las  posibilidades  que  ofrecieran  para  alejarse  más  o  menos  de  la  costa.  Generalmente  eran naves  muy  rápidas  y  aptas  para  llevar  a  cabo  una  buena  navegación.  Predominaban  los  leños  o  bergantines,  fustas  o  galeotas  de  unos  15  ó  20  metros  de  eslora,  algunas  sin  cubierta.  Podían  llevar  alguna  pieza  de  artillería  de  bajo  calibre.  Muchas  de  estas  embarcaciones  se  dedicaban  también  a  la  presa  de  esclavos  moros  y  negros,  que  posteriormente  se  vendían  en  los  mercados    de  Alicante,  Orihuela  y  Guardamar. Sin  embargo,  en  1448  el  corso  ilegal  fue  perseguido  por  las  autoridades,  acabando  con  este  libertinaje.

El  naufragio  de  la  fragata  Guadalupe

La  Guadalupe  era  una  fragata  real  con    34  cañones,  forrada  de  cobre  y  una  tripulación  de  327  hombres.  El  16  de  marzo  de  1799,  a  las  4  de  la  mañana,  huyendo  desde  el  día  anterior  de  buques  ingleses  y  bajo  un  fuerte  temporal  de  levante,  la  Guadalupe  embarrancó  en  la  denominada  Punta  del  Sardo,  a  apenas  100  metros  de  la  costa  de  Dénia.  Algunos  de  los  marineros  pudieron  alcanzar  tierra  a  nado,  informando  de  lo  sucedido.

Hacia  el  mediodía  el  buque  ya  tenía  muchas  vías  de  agua,  lo  que  obligó  a  la  tripulación  a  lanzar  al  mar  los  cañones  y  municiones  para  elevar  la  línea  de  flotación.  Pero  fue  en  vano,  porque  a  las  cuatro  de  la  tarde  un  nuevo  embate  partió  la  Guadalupe  en  tres  partes.  Muy  pocos  marineros  pudieron  llegar  a  tierra  firme.  Sin  embargo,  uno  de  ellos  volvió  con  un  cabo  que  lanzó  al  hacia  la  parte

de  proa,  montando  una  especie  de  andarivel  por  el  que  se  salvo  mucha  de  la  tripulación.    El  resultado  final  del  naufragio  fue  terrible.  Hubo  107  muertos,  que  se  enterraron  en  la  costa  dianense,  frente  al  naufragio;  y  40  desaparecidos.  Sólo  180  hombres  lograron  salvarse.

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Les Coques de la Marina

Les Coques de La Marina

La Marina sabe a gastronomía y de la buena. Arroces, mariscos como la gamba roja, las tellinas o erizos, salazones y envinagrados, arroces de diferentes tipos (secos, melosos y caldosos), productos del campo y de la huerta que terminan confluyendo en el tradicional “aspencat”, “esgarrat” o “tomacat”… muchas son las viandas y manjares que ofrece esta tierra de mar y montaña. Pero hoy queremos hacer hincapié en una de sus especialidades más exquisitas: Las cocas.

Aunque parezcan pizzas, no lo son. Ni tienen por qué ser redondas ni llevan tantos y tan variados ingredientes sobre su masa. Por cierto, y nunca mejor dicho: la diferencia está en la masa, que en el caso de las cocas tiene más aceite y mantequilla, lo que le otorga un sabor característico y una esponjosidad singular. El tipo de harina que utilicemos (lo más hidratada posible con agua y aceite virgen extra) y el proceso de fermentación de la misma (preferiblemente lento) influirán y mucho en el éxito del resultado final.

Las cocas de la Marina son una tradición transmitida de generación en generación y recogida hoy día por panaderías y restaurantes que en distintos municipios trabajan y ofrece este producto exquisito. Básicamente es una conjunción de masa y verdura, pese a que también pueden combinarse con embutidos y algunos salazones. Y, sobre todo, requieren de mucho cariño y el toque de horno de leña adecuado si queremos probar las cocas características.

En el ránking de ‘coques’ más solicitadas está primeramente la de ‘tomacat’ (pisto, para algunos), seguida por algunas clásicas como la de cebolla con embutido, la de guisantes o la de aceite y sal con embutidos o anchoa. Es cierto que se han recuperado variedades que seducen al paladar como la de foie con cebolla confitada, la que lleva sobrasada con nueces o higos así como aquella que combina rúcula y queso con pasas, si bien ello ya dependen de la oferta del establecimiento y el gusto del comensal. No desmerece la coca de gamba y acelgas (gamba amb bledes, en valenciano) o la de hierbas silvestres.

De un tipo u otro, los expertos recomiendan comerla caliente, cuando se ha terminado de sacar del horno, para poder saborearlas por completo. ¡Disfrutarlas y que aproveche!

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El Pare Pere: Un símbolo para Dénia y La Marina

El ‘Pare Pere’ es uno de los personajes históricos más carismáticos y venerados por los ciudadanos de Denia, si bien su figura también alcanza  una gran devoción en  otros  municipios  de  la  Marina Alta. Y es que Fray  Pedro  Esteve (1583-1658) fue un personaje  capital  en  la  vida  dianense,  hasta  el  punto  de  que  a  él  se  le  atribuye  el  inicio  de  las  fiestas  patronales  de  la  Santíssima  Sang, patrona de la ciudad (tienen lugar siempre durante la primera quincena de julio y son conocidas básicamente por las actuaciones de ‘Bous a la Mar’).

Nació  en  Dénia,  en  una  casa  de  la  calle  Loreto (actualmente conocida por su carácter peatonal y por acoger un gran número de restaurantes y tascas),  donde  hay  una  placa  que  lo  atestigua,  y  su dimensión responde no sólo al tipo de vida que llevó,  caritativa y ejemplar a los ojos del cristianismo, sino también por los  milagros que se le atribuyen y que llevó a cabo durante su existencia.   El  hecho  más  relevante  que  se  le  reconoce  fue  librar  a  los  vecinos  de  Dénia  de  la  enfermedad  del  cólera.  Para  ello,  cuentan  que  en  el  año1633    hizo  sacar  en  procesión  la  imagen  de  la ‘Santísima  Sang” y,  después  de  bendecir  unos  panes,  se  los  dio  a  comer  a  los  enfermos,  quienes  según  la  tradición  sanaron  inmediatamente.

La ermita: los orígenes

Parece ser que el ‘Pare Pere’ pasó  mucho  tiempo  dedicado  al  retiro,  a  la  oración  y  a  la  meditación. Gran parte de este periplo vital lo paso en las faldas del Montgó, en el mismo lugar donde hoy día se levanta la ermita del ‘Pare Pere’, construida en homenaje  a  esta  vida  santa  y  espiritual que llevó el religioso. De hecho, junto a la ermita puede verse  la  choza  abovedada  de  piedra  en  la  que  parece  ser  que se guarecía asiduamente cuando se retiraba a rezar (según relata una tradición nunca desmetida),  y  que  también  ha  quedado  como  punto  de  peregrinación. Algunos  estudios  recientes  de  historiadores  locales  atestiguan  que  esta  construcción  se  realizó  a  modo  de  aljibe  con  el  fin  de  recolectar  aguas  pluviales  procedentes  de  las  torrenteras  del  Montgó,  en  el  S.XVII.  Lo  más  probable  es  que  el  franciscano  utilizara  este  habitáculo  para  protegerse  de  situaciones  climáticas  adversas,  ya  que su  creación  probablemente  es  anterior  a  la  ocupación  por  Fray  Pedro  Esteve.

La  construcción  de  la  ermita, situada a 2’6 km. de la ciudad, se llevó  a  cabo  en  el  S.XX., concretamente en la década de los 80.  Su  interior  alberga  escenas  (en  imágenes  de  cerámica)  de  la  vida  y  obra  de  Fray  Pedro  Esteve.  Tal y como hemos dicho está enclavada junto a la  propia  ‘caseta’  del  Pare  Pere y es un punto estratégico, no sólo por su simbolismo, sino porque a muy pocos metros de allí arranca el Camino de la Colonia, arteria principal para recoger el Montgó. La ermita se puede  alcanzar  ascendiendo  por  el  camí  de  Sant  Joan  y  posteriormente  el  Camí  del  Assagador  de  Santa  Llúcia; o bien  iniciar  el  recorrido  desde  la  Plaza  de  Jaime  I  tomando  la  Avda.  del  Montgó  y  seguidamente  el  Camí  Pou  de  la  Muntanya  hacia  arriba,  para  después  seguir  la  indicación  que  nos  conducirá  por  la  carretera  de  la  Colònia  del  Montgó.

Una  vez  terminada  la  visita,  podemos  aprovechar  para  recorrer  el  “Via  Crucis”  que  asciende  por  el  Montgó  y  nos  regala  unas  espectaculares  vistas  de  Dénia  y  alrededores,  además de  invitarnos  a  disfrutar  de  la  naturaleza.    La  caseta  del  Pare  Pere  permanece  siempre  abierta, aunque para visitar la ermita deberemos ceñirnos al horario en el que oficia la misa y tienen lugar otras actividades litúrgicas.

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De ruta por La Marina: Torrecarrals, la Olivera del Diluvi y la Vía Verde

Practicar senderismo, hacer un poco de ejercicio, dar un paseo al aire libre, estirar las piernas…lo podemos llamar de muchas formas. Para todo ello necesitamos voluntad, buen tiempo y rutas, a poder ser, sencillas y atractivas. Todos estos requisitos se cumplen en La Marina. De hecho, en el blog de la Guía del turista ya os hemos facilitado en artículos anteriores algunas rutas interesantes para disfrutar.

Hoy os proponemos otra de ellas, que nos permitirá disfrutar de Torrecarrals, la llamada Olivera del Diluvi i La Vía Verde, que ocupa el antiguo trazado del ferrocarril que unía Carcaixent y Dénia, suprimido en 1969. La ruta, de carácter circular, discurre mayoritariamente por el término municipal de Dénia, hasta su extremo oeste, en la confluencia de los términos de Ondara y El Verger, por un itinerario prácticamente llano, caracterizado por el cultivo de cítricos y bellas edificaciones de épocas pasadas.

Nuestro recorrido tiene su inicio en el camino del Pous dels Pilars, frente al nuevo Hospital de Dénia. A través de un camino asfaltado encontraremos en poco espacio de tiempo la Torre de Carrals. Situada a una altitud de 44 metros sobre el nivel del mar., esta fortificación fue construida entre los siglos XVI y XVII, es de planta cuadrangular y presenta diferentes elementos llamativos como una especie de casetón. Aunque bien merecería una visita por su arquitectura, la torre se encuentra en una propiedad privada, por lo que sólo podremos observarla desde el exterior.

Tras rebasar Torrecarrals, el camino inicia un ligero descenso y enseguida se localiza, en su margen derecho, el olivo monumental conocido como l’Olivera del Diluvi. Se estima que este magnífico ejemplar de nueve metros y medio cumple en la actualidad ochocientos años. Además de su edad y altura, destaca el tamaño de su tronco, con un diámetro de más de tres metros.

Seguimos en dirección al camino del Palmar, atravesando antes el llamado Pont de Fusta o Barranc de l’Alberca, por donde fluye un pequeño río cuyo caudal varía en función de la época del año.  La ruta se adentra unos metros por el margen izquierdo del cauce, aguas abajo, para luego volver al camino del Pou dels Pilars y posteriormente conectar, en dirección norte y este, respectivamente, con los caminos del Palmar y de Pego.

Desde el Camino de Pego enlazaremos fácilmente con la citada Vía Verde, por donde circulaba antaño el tren de vía estrecha más antiguo de la península. Su primer tramo, entre Carcaixent y Gandía, data del año 1864, cuando empezó a funcionar el tranvía con tracción animal a lo largo de sus 35 km de vías. En 1884 se realizó la prolongación hasta Denia, ya como un ferrocarril de tracción a vapor. Hoy en día este trazado se ha convertido en un magnífico itinerario para el disfrute de ciclistas y peatones. Dispone de señalización y áreas de descanso, permitiendo disfrutar del paisaje rural y agrícola típico de esta zona del mediterráneo.

Abandonada la Vía Verde, la ruta se adentra, en dirección sur, por la Colada de Sant Pere y el Camí de la Bota, por una zona en la que destacan antiguas edificaciones residenciales de gran belleza arquitectónica situadas en el Tossalet d’Ametla , el Tossalet del Carmen y sus inmediaciones. Por último, a través del Camí Vell de Ondara, nuevamente en dirección oeste, retornaremos a nuestro lugar de origen, poniendo fin a esta entretenida ruta.

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Marques de Campo de Día

Marqués  de  Campo: Emblema de Dénia y de La Marina

La Marina Alta ofrece paisajes rurales, urbanos y costeros espectaculares y emblemáticos. Uno de ellos, sin duda, es la  calle  Marqués  de  Campo  de Dénia.  Esta coqueta calle que desemboca en el mar no sólo es la arteria principal  de  esta ciudad sino también  una  de  las  referencias  urbanas  de  la  Marina  Alta.  Constituye  el  centro  vital  y  neurálgico  de  Dénia,  pues  allí  residen  una  gran  cantidad  de  bancos,  comercios,  cafeterías  y  restaurantes,  que  sacan  sus  sillas  y  mesas  ocupando  toda  la  calle  cuando  ésta  se  cierra  durante  los  fines  de  semana,  en  periodos  festivos  y  en  jornada  vespertina  cada  verano.  Esta  medida  favorece  el  tránsito  de  peatones  e  incrementa  el  ambiente  y  atractivo  de  este  singular  vial,  al  que  distinguen  los  enormes  árboles  plataneros  que  la  revisten  y  una  gran  cantidad  de  edificios  que  conservan  su  fachada  de  época.

Debe  su  nombre  a  D.  José  Campo,  alcalde de Valencia e importante  personaje  del  S.  XIX  que  realizó  grandes  mejoras  en  la  ciudad,  tales  como  la  creación  de  una  fábrica  de  gas  para  el  alumbrado,  la  implantación de la vía  de  Ferrocarril  Dénia-Carcagente  y  la  iniciación  y  constitución  de  la  Sociedad  de  Obras  del  Puerto. Su legado fue tan destacado que el Rey Alfonso XII le concedió el título de Marqués, de ahí el nombre de calle Marqués de Campo. Actualmente  es  escenario  insustituible  de  un  gran  número  de  eventos  que  se  celebran  en  la  ciudad,  caso  del  gran  desfile  de  carrozas  y  comparsas  (fiesta  de  interés  turístico  provincial,  celebrado  durante  las  fiestas  patronales  de  julio)  así  como  el  espectacular  desfile  de  gala  de  moros  y  cristianos,  cada  15  de  agosto.

Referente  histórico  y  urbanístico  Marqués  de  Campo  es  una  de  las  calles  que  más  ha  marcado  el  devenir  de  la  configuración  de  la  ciudad  actual,  muy  especialmente  durante  finales  del  siglo  XIX  e  inicios  del  XX.    Es  también  eje  principal  del  conocido  en  Dénia  como  ensanche  de  extramuros,  ya  que  tras  el  derrocamiento  de  las  murallas  se  incorpora  a  la  ciudad  toda  la  zona  que  se  estaba  creciendo  fuera  del  recinto  amurallado.

Exponente de la época dorada de Dénia: el comercio de la pasa

Se  desarrolló  en  2  fases,  coincidiendo  fundamentalmente  con  la  importancia  creciente  del  comercio  de  la  pasa:  en  1880  se  iniciaron  las  primeras  alineaciones  y  obras,  y  en  1890  se  inaugura  el  Hotel  El  Comercio,  consolidando  así  el  primer  tramo  entre  las  actuales  calles  Carlos  Sentí  y  Diana.    En  la  parte  de  poniente  encontramos  los  mejores  ejemplos  de  vivienda  de  la  época,  con  su  homogeneidad  y  unidad.  En  esta  vía    se  situó  también  el  Teatro  Principal,  edificado  en  el  año  1869  y  actualmente  desaparecido.  La  apertura  del  2º  tramo,  que  conducía  al  mar  queda  paralizada  debido  a  la  existencia  de  3  almacenes,  por  lo  que  hasta  el  año  1917  no  se  produce  la  apertura  total  hasta  el  mar.  Destacan  como  modelos  representativos  del  siglo  XIX  el  edificio  ubicado  en  el  nº  17,  antiguo  hotel  el  Comercio,  cuya  fachada  se  encuentra  chapada  con  azulejos  originarios  de  Portugal  con  policromía  y  motivos  geométricos;  así  como  en  el  nº  7  de  la  calle,  que  hace  esquina  con  el  nº  11  de  la  calle  Diana,  el  cual  posee  un  buen  estado  de  conservación,  datado  entre  1873  y  1900  y  con  varias  remodelaciones  posteriores.

Pero cualquier momento es bueno para pasear por este vial, contemplar sus fachadas, entrar en alguno de sus numerosos comercios o simplemente tomar un café disfrutando del paso de la gente. No dejéis de hacerlo. Es un consejo de La Guía del Turista.

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