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Un respiro por el interior de la Marina Baixa

La Marina Baixa es muy conocida por sus municipios costeros. La bella Altea, cuyo centro histórico respira la esencia del Mediterráneo con sus callejuelas estrechas y empedradas, donde se reflejan las fachadas blancas típicas que se tuestan bajo el sol; la Vila más pescadora y pistoresca, con sus casas de colores en primera línea de playa y la tradición del mar todavía presente en su día a día; y, como no, la cosmopolita y atractiva Benidorm, centro de ocio y referente internacional de la Costa Blanca por sus múltiples servicios y posibilidades, lo certifican.

Pero la Marina, esta Marina situada a sólo un paso de Alicante, también cuenta como gran atractivo con un interior montañoso y espectacular, donde la naturaleza y el patrimonio conviven vigilantes a sólo un paso del mar. Para conocer esta otra Marina nada mejor que adentrarse en el Valle de Guadalest,  marco de un circo montañoso de 18 kilómetros de largo y cuatro de ancho clausurado por las sierras de Ponoig, Aitana, La Serrella y l’Aixortá.

El Castell de Guadalest

Desde allí, y subiendo a través de La Nucía, podemos visitar el pintoresco pueblo de El Castell de Guadalest, un clásico por acoger el famoso castillo y divisar unas panorámicas excepcionales. Hoy día, pese a ser un lugar de referencia en las guías turísticas de la Costa Blanca, el Castell de Guadalest sigue recibiendo al visitante con esa mezcla de solemnidad histórica y desenfado comercial. Museos de curiosidades y miniaturas y tiendas de souvenirs ponen la salsa, pero el recinto fortificado, el castillo de San José, la Casa Orduña y las vistas espectaculares del pantano y del Mediterráneo le dan consistencia a la visita.

Muy cerca de Guadalest, el vecino pueblo de Benimantell nos espera cuchara en mano para degustar la famosa olleta en cualquier de sus restaurantes, mientras Beniardà, Benifato o Confrides nos ofrecen la versión más auténtica de un pueblo de montaña, con sus casas encaladas, sus calles estrechas y sus fuentes por doquier.

Un vergel con nísperos y cascadas

Otra opción, antes o después de comer, es sumergirnos en el vergel de nísperos entre el cual se abre el municipio de Callosa d’En Sarrià,  parada obligada donde también podremos refrescarnos en las fuentes El Algar, un paraje excepcional con varias cascadas que harán las delicias de familias y aventureros.

Y para los amantes del deporte, el Barranc del Arc y sus alrededores, al que accederemos desde la localidad de Sella. Senderismo,  recorridos en BTT, barranquismo…un paraíso para los amantes de este tipo de actividades al aire libre, a sólo un paso del mar y con un clima privilegiado.

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pobla medieval ifach

La Pobla Medieval de Ifach

El Penyó d’Ifach, en Calp, es conocido fundamentalmente por su relevancia medioambiental. Su importancia paisajística, al tratarse de un enclave privilegiado en los límites entre la Marina Alta y Baixa, la riqueza de su flora y fauna y su declaración como Parque Natural así lo certifican. No obstante, y fruto de su privilegiada situación geográfica y estratégica, el penyon no sólo ha acogido plantas y aves, sino también constituyó siglos atrás el hogar de distintas civilizaciones. Los íberos fueron sus primeros moradores pero todavía restan por descubrir los yacimientos que lo atestigüen con mayor exactitud.

En cambio, un reciente proyecto  promovido por el Marq (Museo Provincial de Arqueología y Patrimonio de Alicante) ha permitido sacar a la luz los restos del poblado medieval de Ifach, que es posible visitar justo a la entrada del parque natural. Hablamos de una villa cristiana de nueva fundación que se levantó a finales del siglo XIII -1298- bajo el mandato de Roger de Llúria, Almirante de la Corona de Aragón, y que fue destruida parcialmente en el año 1359 en pleno conflicto castellano-aragonés, siendo abandonada sobre el año 1400.

Apenas 100 años de vida tuvo este asentamiento, exponente de la política de los nobles aragoneses y catalanes, que tras ayudar a Jaume I a conquistar el Reino de Valencia recibieron tierras y dominios en compensación por ello, obligando a la población dispersa, sus súbditos y vasallos, a que se agruparan en el interior de fortificaciones donde, por un lado, estar más protegidos y, por otro, tenerlos controlados para la recaudación de impuestos.

La todavía presencia de los moros en algunas zonas, como ocurrió en el interior de la Marina, y sobre todo el dibujar la raya fronteriza entre los territorios cristianos y musulmanes justificaban esta agrupación de repobladores llegados mayormente de Cataluña y Aragón. En el caso de Ifach, el poblado era el mayor, por no decir único núcleo de población en todo el sureste de la Marina Alta, agrupando los actuales términos de Teulada-Moraira, Benissa y Calp.

11 torres y 70.000 metros cuadrados

La originaria Pobla de Ifach se extendía durante más de 70.000 m. cuadrados, ocupando la ladera Norte del Peñón. Presentaba un recinto amurallado con más de 800 m. lineales de muralla, siendo el área norte la que se actualmente encuentra en mejor estado, con más de 250 m. de perímetro conservado. También se pueden identificar hasta once torres, que se encuentran unidas por un camino de ronda que permitía recorrer todo el perímetro amurallado. La mejor conservada es la torre campanario, que conserva 10 m.de altura.

Uno de los restos mejor conservados y, a la par, relevantes es el originario sistema para acceder al poblado. Hablamos de un conjunto de tres puertas precedidas por un edificio de dos plantas donde se alojaba el poder y la administración de la Casa de Llúria, así como diferentes estancias, almacenes y casas donde residían los colonos.

En el yacimiento arqueológico, en el que todavía están trabajando, también destaca por su singularidad los restos de la iglesia del poblado así como el antiguo cementerio (necrópolis), donde el equipo de investigación ha hallado más de 100 tumbas originarias.

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cap dor

El cap d’or: Uno de los tesoros que esconde Moraira

La costa de La Marina Alta es rica y variada. Largas playas arenosas como los del litoral norte de Dénia o de Calp contrastan con recónditas y espectaculares calas de roca como las que encontramos en Xàbia, Benissa o Teulada-Moraira. En la el litoral de este último municipio, en un entorno privilegiado, encontramos el Cap d’Or, que podemos disfrutar haciendo una ruta senderista que al mismo tiempo nos permitirá hacer un poco de ejercicio mientras disfrutamos del paisaje, ya sea en pareja, con amigos o en familia.

El Cap d’Or esconde o, mejor dicho, acoge el puerto deportivo y la pequeña zona portuaria de Moraira, brindándonos unas magníficas vistas de toda la costa, con el Cap de la Nau en una dirección y el Penyón d’Ifach, en el sentido opuesto. Hablamos de una una estrecha península que se adentra en el mar durante casi un kilómetro. Tiene una altitud máxima de 166 metros sobre el nivel del mar, caracterizándose por una vegetación natural, rica y diversa. De hecho, desde el año 2002 el Cap d’Or forma parte de la red de microreservas de flora de la Comunitat Valenciana y de la Red Europea Natura 2000, que incluye lugares de interés comunitario.

En ruta…hacia la torre

Para visitar el Cap d’Or de Moraira os recomendamos una ruta de senderismo que arrancará en la ermita de San Juan Bautista, situada en un extremo de la playa del Portet. Las gentes de Teulada-Moraira, la cita ermita data de mediados del siglo XIX. Una vez completemos la visita, tomaremos la avenida del Portet para alcanzar, a la izquierda, la calle Puerto Lápice, que continuaremos hasta encontrarnos con la calle Puerto de Alcudia, al final de la cual podremos iniciar nuestro recorrido a pie.

El mismo nos conducirá por una senda hasta la torre vigía, en cuya cima podremos disfrutar con unas vistas maravillosas a toda la bahía de Moraira, l’Albir, el Penyon d’Ifach o la Sierra d’Aitana. Incluso, en días claros, podremos al fondo del mar la silueta de Ibiza.

De regreso, podremos completar el día visitando los restos de la fortaleza de Moraira, dar un paseo por esta coqueta localidad y reponer fuerzas en alguno de sus muchos y buenos restaurantes, donde la cocina mediterránea y el pescado fresco de la bahía nos harán la boca agua. ¡Que disfrutéis!

Ruta en Wikiloc.

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xabia turismo pesquero

Hazte a la mar en Xàbia y disfruta de la pesca mediterránea

¿Te imaginas vivir una jornada con los pescadores, disfrutando de cómo cogen la gamba y compartiendo con ellos un día diferente y especial? El turismo experiencial está de moda. También en La Marina. Concretamente en Xàbia, donde en breve pondrán en marcha una nueva iniciativa que permitirá a cualquier persona, turista, visitante o vecino del municipio hacerse a la mar con los pescadores a través de una serie de incursiones que permitirán conocer este oficio y todo lo que implica a pie de embarcación.

Este proyecto experiencial, que pondrán en marcha por el Ayuntamiento de Xàbia y la Cofradía de Pescadores de la localidad, buscará ofrecer una experiencia lo más realista posible. Cinco embarcaciones se pondrán a disposición de los grupos solicitantes para acompañar a los pescadores a las zonas habituales de pesca, pudiendo conocer de primera mano los detalles y entresijos de esta fascinante pero a la vez tan desconocida profesión. Los grupos deberán oscilar entre las cinco y las doce personas, fijándose como edad mínima los cinco años.

Antes de embarcarse los participantes recibirán una pequeña charla explicativa para saber cómo comportarse en la embarcación. Una vez a bordo se les mostrarán las rutinas habituales del gremio pesquero y podrán comprobar las diferencias entre las diferentes artes de pesca que se practican en estas aguas: el trasmall (también conocido como arte menor), que utiliza redes de pesca menores que las habituales; y el sistema de arrastre, que viene a ser el utilizado por las embarcaciones de mayor dimensión. En Xàbia también se practica una tercera, conocida  como el cerco, aunque sólo se lleva a cabo por la noche para lograr efectividad, lo que a día de hoy dificulta por normativa que se pueda dar a conocer en vivo al gran público.

Saboreando el mar

Tras la faena y la expedición,  los participantes en esta experiencia degustarán lo pescado. Podrán hacerlo a bordo de la propia embarcación o saborearlo tranquilamente en tierra, en la cantina del puerto.

Esta experiencia de turismo pesquero está previsto que arranque en el mes de junio. De momento, lo que sí es posible  es disfrutar del espectáculo que ofrecen las barcas de pesca a su llegada al puerto a primera hora de la tarde, seguido de la subasta de pescado y la posibilidad de comprar ese mismo género fresco en la lonja.

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La antigua Altaya, más conocida como Altea La Vella

Hablar de Altea es hacerlo de una de las poblaciones más bellas de la Costa Blanca. Su situación geográfica, sobre un cerro que ofrece unas magníficas vistas al mar, y la singularidad de su casco histórico repleto de casas blancas y calles empedradas donde abundan los talleres de artesanía le confieren un aire  de pura esencia a Mediterráneo.

Sin embargo, muchos no sabréis que, antaño, la actual Altea no ocupaba este enclave ni coincidía con el antiguo recinto amurallado del que todavía se conservan vestigios, sino que situaba a unos 3’5 kilómetros ocupando una superficie situada al norte del río Algar. Os invitamos a que retrocedáis en el tiempo con nosotros para situarnos en el siglo VIII, en plena dominación musulmana.

Aquel asentamiento islámico, respondía a otro nombre, Altaya, que con el paso del tiempo, y tal y como ha sucedido con otros topónimos, ha derivado en la actual denominación de Altea. Esta zona, según apuntan algunas fuentes, podría haber sido poblada anteriormente por griegos y romanos, tomando el relevo las diferentes étnias llegadas de África que fueron ocupando progresivamente la península Ibérica. No obstante, otras fuentes históricas indican que la presencia griega en estas costas fue muy escasa y se limitó al comercio con los fenicios y los iberos.

Sea como fuere, fue tras la conquista cristiana, en el siglo XIII, cuando Altāya pasó a denominarse Altea, ocupando la misma superficie y también bajo control musulmán durante algunos años debido a concesiones de vasallaje con el rey Jaime I, además de por alguna que otra rebelión capitaneada por el incansable al-Azraq. Fue en esa época cuando aparecieron las primeras viviendas de Bellaguarda, con las que comenzó a dibujarse la conocida hoy como Altea La Vella, al tratarse de una zona perfecta como baluarte defensivo que contaba con una torre bautizada con el mismo nombre.

Los decretos de conversión de los musulmanes al cristianismo y, más tarde, de expulsión definitiva de los moriscos en 1609 provocaron un significativo despoblamiento, cuyo resultado fue el completo abandono de la antigua Altāya. Paralelamente, en torno a Bellaguarda se había ido creando un pequeño caserío arropado por la protección del baluarte al que, en los albores del siglo XVII, se concedió Carta Puebla, pasando a ocupar el nuevo, definitivo y actual emplazamiento de Altea.

Por fortuna, el viejo emplazamiento (Altea la Vella) se comenzó a poblar, de nuevo y paulatinamente, a partir del siglo XVIII y en la actualidad constituye una apacible pedanía de Altea situada a los pies de la siempre fascinante sierra de Bernia —frontera natural entre las comarcas de la Marina Baixa y la Marina Alta.

Información extraída del libro Paseos con historia por la costa de Alicante y el blog sendasyleyendas.com

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Ondara: mucho más que toros

En nuestro recorrido semanal por el norte de la Costa Blanca, desde la Guía del Turista os invitamos a que nos acompañéis hoy hasta el municipio de Ondara. Situada en el corazón de la comarca de la Marina Alta, Ondara es mucho más que su gran emblema, la Plaça de Bous, conocida por albergar numerosos festejos taurinos de diferente índole y por su valor monumental y arquitectónico. Ya hablamos de ella en otro post de nuestro blog, por lo que únicamente recordar que se trata de una construcción que data de 1901 y que destaca por sus elementos de estilo arabesco, una sólida estructura de mampostería y mortero que fue remodelada hace más de 50 años, adquiriendo la belleza de la que presume hoy día.

Pero Ondara es un municipio con personalidad, que ha crecido y progresado mucho en los últimos años, poniendo en valor un centro histórico reformado donde destaca la Plaça del Mercat y, en ella, su Torre del reloj, declarada BIC (Bien de Interés Cultural). Se trata de la única torre que queda en pie de las cuatro con que contaba el antiguo castillo musulmán que dominaba esta localidad.

También merece una parada para disfrutar la Font de la Carxofa, construida a finales del siglo XIX. Su simbolismo e importancia para los ondarenses se equipara al cariño que conceden a su céntrico convento, edificio que data del siglo XVII y que alberga la imagen de la Virgen de la Soledad, patrona de Ondara. La iglesia, construida un siglo antes (en el XVI) es otro de los lugares de interés, como lo son dos espacios abiertos muy significativos: el lavadero municipal y el Assut, una presa de piedra de origen musulmán.

El prado, el emblema

Aunque, si hemos de quedarnos con algún edificio histórico (siempre dejando de lado a la plaza de toros) ese será, sin duda, el edificio de El Prado. Restaurado recientemente (en 2010), esta construcción histórica destinada hoy a un espacio multiusos era el centro neurálgico antaño y continúa siendo, hoy día, el punto de encuentro para los habitantes de Ondara. Se ha convertido hoy día en una instalación clave para albergar eventos y dinamizar la vida cultural, social y económica del municipio, sin olvidar su atractivo como antigua sede del mercado agrícola y de abastos que todavía puede observarse en su estructura.

Modernismo, tradición y funcionalidad se combinan en este mismo y único espacio, de referencia para la comarca de La Marina y la Provincia de Alicante.

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benidorm altura

Benidorm, una ciudad de altura

Benidorm es famosa por muchos motivos. Uno de ellos, sin duda, es el skyline, esa línea que marca en las alturas la hilera de rascacielos de una ciudad. Singular y llamativo, por no decir espectacular, el skyline de Benidorm distingue esta cosmopolita ciudad turística haciendo que se divise desde muy lejos sin posibilidad de confundirse.

De hecho, esta gran característica hace que la capital turística de la Costa Blanca sea incluso un lugar turístico muy interesante a nivel mundial, ya que es muy extraño encontrar tantos rascacielos en una ciudad que no sea un centro económico financiero, como es el caso. Se comenta que, después de Nueva York, Benidorm (salvando las distancias, obviamente) es la ciudad que más edificios de estas características tiene por cada uno de sus habitantes, lo que no deja de ser curioso y llamativo.

En la actualidad en el skyline de Benidorm luce más de 25 edificios que superan los 100 metros de altura; y más de 300 de ellos presumen de tener un mínimo de 15 plantas, por lo que no son aptos para gente que tenga vértigo. Los tres rascacielos más altos son el edificio residencial In Tempo, que se inauguró en el 2013 y que cuenta con 200 metros de altura y 47 plantas; el Gran Hotel Bali, levantado en el año 2002 con 52 plantas; y la Torre Lugano, que es también un edificio residencial que se eleva a 158 metros de altura con 43 plantas y se inauguró en el año 2007.

Un hecho curioso es que los edificios están situados de tal manera que los de delante no tapan la vista al mar de los que están situados detrás, algo valorado por turistas y residentes, que pueden ver el mar desde prácticamente cualquier edificio de la ciudad.

Y el centro histórico…

Junto a estos enormes edificios convive de forma harmoniosa el centro histórico, que todavía conserva cierta esencia del pueblo marinero en el que antaño era Benidorm hasta finales de los años 50 y años 60, cuando aprovechando el ‘boom’ turístico la ciudad se desarrolló urbanística y demográficamente, adquiriendo progresivamente las dimensiones con las que se conoce en la actualidad.

Desde La Guía del Turista os invitamos a dar una vuelta por Benidorm y a subir a alguno de sus edificios más elevados para disfrutar de este paisaje urbano tan característico. Benidorm: una ciudad de altura.

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Parcent, una joya paisajística en el corazón de la Marina

En anteriores entrada del blog de La Guía del Turista os hemos hablado del gran atractivo que ofrece La Vall del Pop, en la comarca de la Marina Alta, y de los distintos municipios que se asientan en esta zona privilegiada. Gastronomía, paisajismo, naturaleza, arquitectura rural, tranquilidad…muchas son las cosas que nos ofrece la Vall del Pop. A todas ellas pone su granito de arena Parcent.

Esta antigua alquería, que en 1248 fue conquistada por Jaime I, se levanta 350 metros por encima del nivel del mar. Ell le confiere la posibilidad de ofrecer unas vistas espectaculares desde algunos de los puntos que rodean a este típico municipio rural del Mediterráneo. Sus paisajes, las muchas rutas para la práctica del ciclismo y del senderismo que parten de esta localidad y su espíritu deportivo a la par de aventurero que caracteriza a Parcent, con la organización de eventos relacionados la pelota valenciana, el parapente o el rally, con la subida cronometrada al Coll de Rates.

Parcent es, por consiguiente, un destino ideal para los amantes del turismo activo a los que también guste combinar de otros placeres como el descanso y relax, o disfrutar de la arquitectura mediterránea que caracteriza su casco urbano. Si dais un paseo por Parcent os recomendamos que visitéis su iglesia, el lavadero, la cooperativa o el Museo de la Almazara.

Referente del senderismo…y la gastronomía

Pero si por algo se distingue Parcent es por ser punto de partida de infinidad de rutas senderistas. Muchas de ellas atraviesan la Serra del Carrascar de Parcent, siendo la circular es una de las más conocidas y concurrida. En este último caso el excursionista podrá disfrutar con la Font de la Foia, la Cova dels Coloms, el Mirador de Parcent, el  Tossal d’Alpolupi, la Penya des Carrascar, Sa Malladeta de sa Carena, la Torre de Guaita, el Coll de Rates y, por último, la Penya Talaia. El descens es realitza pel Camí de la Pansa.

Y, para recuperar fuerzas, qué mejor destino que un lugar donde se concentran algunos de los mejores restaurantes y bares de la zona, con fogones que dan calor a platos tradicionales (como el ‘Espencat’ o la ‘Coca amb pebrera i tomaca’) que conservan la esencia de la ‘Cuina de la Marina’, y distintas bodegas que, pese a ser pequeñas, no censan en su empeño por mejorar unos caldos característicos que aprovechan las singulares características de esta zona privilegiada de la Comunitat.

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Senija: un museo abierto en el sur de La Marina Alta

En nuestro recorrido semanal por La Marina, desde el blo de La Guía del Turista os invitamos a hacer una parada en Senija. Este pequeño municipio situado al sur de la Marina Alta se enclava en La Vall del Pop reúne diferentes alicientes que lo hacen merecedor de una visita. Entre ellos, queremos destacar un elemento que hace singular y característica a esta tranquila población: sus fachadas y paredes. Si os preguntáis por qué decimos esto, cuando lleguéis a Senija lo comprobaréis con vuestros propios ojos, ya que encontraréis toda una serie de obras pictóricas que adornan fachadas donde antes antiguamente sólo había cal.

Todo un conjunto de murales e intervenciones artísticas que adornan muchas fachadas del pueblo y que son el resultado de la primera edición de proyecto M.O.S. (Museo Abierto Senija), cuyos participantes han expresado su creatividad artística con multitud de colores, imágenes y diversidad para recrear de diferentes mundos, a través de estos espacios ocupados por pinceladas multiformas y coloreadas.

Dar un paseo por Senija y descubrir estas intervenciones en las fachadas es otra manera de hacer turismo, disfrutando tranquilamente de una combinación perfectamente equilibrada entre el arte, la tradición y la preservación de espacios urbanos. Cuando hayáis disfrutado del paseo, antes de abandonar Senija, os recomendamos también que disfrutéis de su entorno rural, aprovechando la ocasión para hacer alguna ruta a pie dejándoos llevar por el encanto del paisaje típicamente mediterráneo que envuelve este municipio, que limita con Benissa y Gata de Gorgos.

Y, para reponer fuerzas, no olvidéis parar en alguno de sus bares típicos para disfrutar con la gastronomía autóctona de Senija, con diversidad de sabores y aromas. Como plato estrella, desde La Guía del Turista nos quedamos con las pelotas de puchero, pero ya sabéis que es una simple cuestión de gustos. De hecho, a mediados de abril Senija celebra la conocida como Ruta de la Pilota de Putxero. Un día de tradición y ocio donde se ofrece un itinerario de bares donde degustar a precios populares este plato característico. La ruta se completa con un mercado artesanal y diferentes actividades para pequeños y mayores.

Animaros a descubrir Senija, repleta de espacios para encontrar pinceladas a través de los sentidos.

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Tàrbena: Turismo rural en La Marina con aroma y acento mallorquín

En 1609 la expulsión de los Moriscos de la península ibérica pasó factura a muchas regiones y municipios españoles. La Marina fue uno de los territorios más afectados, sufriendo una despoblación en algunos casos alarmante. Sin embargo, la repoblación de aragoneses, catalanes y mallorquines, fundamentalmente, permitieron rescatar del olvido algunos asentamientos y zonas

Éste el caso de Tàrbena, un pequeño municipio de montaña situado en la Marina Baixa donde, sin necesidad de coger el barco o el avión, podemos sentirnos muy cerca de Mallorca. La llegada de distintas familias procedentes de ‘ses illes’ (especialmente de municipios como Santa Margalida) en el siglo XVII ha dejado su impronta en este enclave geográfico donde es posible escuchar valenciano con acento balear y la utilización del artículo salado (‘sa’ en lugar de ‘la) o saborear algunos manjares típicamente mallorquines como la sobrasada casera o las ensaimadas.

Hasta Tàrbena acudieron agricultores (‘pagesos’) mallorquines para ocupar y trabajar las fértiles tierras y cultivos que los moriscos se vieron obligados a abandonar. Con su esfuerzo, su integración y carácter, han labrado un pueblo con un encanto casi único. Y es que, aunque se trata de pequeño municipio de aproximadamente 700 habitantes. Tàrbena cuenta con algunos elementos dignos de ser visitados:

-La iglesia: Situada en la plaza, la Iglesia de Santa Bárbara, iniciada en 1721 tiene rasgos barrocos en su bóveda, y es llamativa por la belleza y la riqueza de sus decorados.

-El castillo de Tárbena: Hablamos de una fortaleza de origen musulmán, si bien la mayoría de sus elementos pertenecen a reformas cristianas. Lo encontraremos en el cerro Segué, a una altura de 700 metros de altura. Su situación, como la de casi todos los castillos, no responde al azar, sino a una cuestión estratégica ya que desde este lugar se dominaba el valle y el acceso a Parcent por el Coll de Rates.

-Además de la iglesia o el castillo, si nos queda tiempo también podemos visitar el Museo Etnológico, que nos permitirá conocer las tradiciones y formas de vida de los habitantes de Tàrbena a lo lo largo de los años.

Patrimonio rural y senderismo

Además de visitar el castillo o comernos un buen arroz con judías o un suculento potaje (platos característicos de la gastronomía de Tàrbena junto a sobrasadas y ensaimadas), este enclave montañoso cuenta entre sus principales alicientes con dos rutas para la práctica del senderismo, que nos permitirán disfrutar al mismo tiempo de un entorno privilegiado, de un paisaje típicamente mediterráneo y un patrimonio rural casi envidiable, gracias a un legado de arquitectura rural donde predominan masías, corrales, riu-raus,  abancalamientos de piedra en seco, fuentes y otros elementos propios de ese entorno.

Por un lado tenemos la ruta circular Tárbena-Font des Olbis, que nos llevará por un paisaje lleno de sabinas y parajes tan pintorescos como el de “sa muntanya” con panorámicas de la Vall de Tárbena. La caminata, de dificultad media, nos llevará hasta la Font des Olbis.

Otra opción no menos interesante es la ruta Tàrbena-Picassàries, que nos conducirá por las alquerías de la vall de Tàrbena, alcanzando varias fuentes como la de Benissalim, el Tossal de Sant Bàrbera  y la font des Tarongeret. La llegada a la alquería de Picassàries nos recompensará con unas magníficas vistas de la sierra de Ferrer.

 

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