Marques de Campo de Día

Marqués  de  Campo: Emblema de Dénia y de La Marina

La Marina Alta ofrece paisajes rurales, urbanos y costeros espectaculares y emblemáticos. Uno de ellos, sin duda, es la  calle  Marqués  de  Campo  de Dénia.  Esta coqueta calle que desemboca en el mar no sólo es la arteria principal  de  esta ciudad sino también  una  de  las  referencias  urbanas  de  la  Marina  Alta.  Constituye  el  centro  vital  y  neurálgico  de  Dénia,  pues  allí  residen  una  gran  cantidad  de  bancos,  comercios,  cafeterías  y  restaurantes,  que  sacan  sus  sillas  y  mesas  ocupando  toda  la  calle  cuando  ésta  se  cierra  durante  los  fines  de  semana,  en  periodos  festivos  y  en  jornada  vespertina  cada  verano.  Esta  medida  favorece  el  tránsito  de  peatones  e  incrementa  el  ambiente  y  atractivo  de  este  singular  vial,  al  que  distinguen  los  enormes  árboles  plataneros  que  la  revisten  y  una  gran  cantidad  de  edificios  que  conservan  su  fachada  de  época.

Debe  su  nombre  a  D.  José  Campo,  alcalde de Valencia e importante  personaje  del  S.  XIX  que  realizó  grandes  mejoras  en  la  ciudad,  tales  como  la  creación  de  una  fábrica  de  gas  para  el  alumbrado,  la  implantación de la vía  de  Ferrocarril  Dénia-Carcagente  y  la  iniciación  y  constitución  de  la  Sociedad  de  Obras  del  Puerto. Su legado fue tan destacado que el Rey Alfonso XII le concedió el título de Marqués, de ahí el nombre de calle Marqués de Campo. Actualmente  es  escenario  insustituible  de  un  gran  número  de  eventos  que  se  celebran  en  la  ciudad,  caso  del  gran  desfile  de  carrozas  y  comparsas  (fiesta  de  interés  turístico  provincial,  celebrado  durante  las  fiestas  patronales  de  julio)  así  como  el  espectacular  desfile  de  gala  de  moros  y  cristianos,  cada  15  de  agosto.

Referente  histórico  y  urbanístico  Marqués  de  Campo  es  una  de  las  calles  que  más  ha  marcado  el  devenir  de  la  configuración  de  la  ciudad  actual,  muy  especialmente  durante  finales  del  siglo  XIX  e  inicios  del  XX.    Es  también  eje  principal  del  conocido  en  Dénia  como  ensanche  de  extramuros,  ya  que  tras  el  derrocamiento  de  las  murallas  se  incorpora  a  la  ciudad  toda  la  zona  que  se  estaba  creciendo  fuera  del  recinto  amurallado.

Exponente de la época dorada de Dénia: el comercio de la pasa

Se  desarrolló  en  2  fases,  coincidiendo  fundamentalmente  con  la  importancia  creciente  del  comercio  de  la  pasa:  en  1880  se  iniciaron  las  primeras  alineaciones  y  obras,  y  en  1890  se  inaugura  el  Hotel  El  Comercio,  consolidando  así  el  primer  tramo  entre  las  actuales  calles  Carlos  Sentí  y  Diana.    En  la  parte  de  poniente  encontramos  los  mejores  ejemplos  de  vivienda  de  la  época,  con  su  homogeneidad  y  unidad.  En  esta  vía    se  situó  también  el  Teatro  Principal,  edificado  en  el  año  1869  y  actualmente  desaparecido.  La  apertura  del  2º  tramo,  que  conducía  al  mar  queda  paralizada  debido  a  la  existencia  de  3  almacenes,  por  lo  que  hasta  el  año  1917  no  se  produce  la  apertura  total  hasta  el  mar.  Destacan  como  modelos  representativos  del  siglo  XIX  el  edificio  ubicado  en  el  nº  17,  antiguo  hotel  el  Comercio,  cuya  fachada  se  encuentra  chapada  con  azulejos  originarios  de  Portugal  con  policromía  y  motivos  geométricos;  así  como  en  el  nº  7  de  la  calle,  que  hace  esquina  con  el  nº  11  de  la  calle  Diana,  el  cual  posee  un  buen  estado  de  conservación,  datado  entre  1873  y  1900  y  con  varias  remodelaciones  posteriores.

Pero cualquier momento es bueno para pasear por este vial, contemplar sus fachadas, entrar en alguno de sus numerosos comercios o simplemente tomar un café disfrutando del paso de la gente. No dejéis de hacerlo. Es un consejo de La Guía del Turista.

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Un clásico de La Marina: La Cueva de las Calaveras

La Cueva de las Calaveras, en Benidoleig, es un clásico entre los atractivos turísticos de la Marina Alta, tanto para visitantes como para los habitantes de los municipios de la misma comarca.

Más que por su espectacularidad y riqueza, la cueva resulta perfecta como entretenimiento familiar. Sus instalaciones (cuenta con servicio de bar, parque infantil…), buena accesibilidad (incluso pueden adentrarse sin problemas personas con movilidad reducida), disponibilidad (abre todos los días del año), seguridad y no excesiva longitud (440 metros) la hacen un lugar perfecto para iniciarse en la espeleología y despertar el interés por este tipo de cavidades entre los más pequeños. También podemos destacar su vertiente pedagógica, ya que permite viajar años atrás para imaginarse cómo podían vivir aquellas primeras civilizaciones de humanos.

Se desconoce exactamente el periodo en el que se formó esta cueva, originada por la erosión de un río, aunque los expertos creen que pudo haber aparecido hace alrededor de 150 millones de años. Pero si lo que buscamos son indicios de vida en el pasado, en el interior de la cueva encontraremos un depósito de hueso grande encajonado en piedra que contiene los restos de los animales que cazaban y pescaban los colonos cueva temprana,  además, los huesos de los pobladores- También se han hallado restos de sus antiguas herramientas para la caza y la matanza. Todo ello lleva a los expertos a pensar que la cueva sirvió como refugió hace unos 100.000 años, ya que los utensilios son característicos del paleolítico.

Como toda buena cueva que se preste la de Las Calaveras también presenta estalagmitas y estalactitas, siendo probablemente la más interesante una de estas últimas apodada La campana, por su parecido en la forma, grandes dimensiones y el hecho de que cuando es golpeada se produce un extraño sonido de timbre.

¿Por qué… De las Calaveras?

La Cueva siempre se ha relacionado con los huesos de restos animales y humanos. Y no sólo del Paleolítico, sino también del Neolítico (5.000 años atrás), o de la época ibero-romana, cuando la cueva acogía un santuario donde se depositaron ofrendas rituales relacionadas con la fertilidad. También se han descubierto restos humanos de la Edad Media. Por todo ello se la conoce como Cueva de Las Calaveras. La leyenda, incluso, también alude a este carácter luctuoso. Según cuenta la tradición popular, el rey Ahli Moho buscó refugio en esta cueva, acompañado de las 150 concubinas que componían su harén, cargadas de joyas y otros tesoros, pero fueron asediados y finalmente perecieron.

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Un paseo entre carrascas y fresnos: El Pla de Petracos

Aunque no son fáciles de encontrar, las carrascas constituyen una de las especies autóctonas y características del bosque mediterráneo oriental. Sin embargo, en las últimas décadas su presencia se ha visto mermada por la replantación de pinos, una especie con un crecimiento más rápido pero también más vulnerable al fuego, lo que incrementa el tamaño y espectacularidad de los incendios que desgraciadamente, y cada vez más a menudo, afectan a nuestro ecosistema.

La Marina no constituye una excepción a ambos fenómenos, aunque progresivamente las carrascas van volviendo a ocupar el espacio que les corresponde en nuestras sierras y montañas.  Diferentes propuestas de reforestación de esta especie, junto a lentiscos, encinas o acebuches, están contribuyendo a ello en zonas como Orba o el Parque Natural de El Montgó. Pero si queremos disfrutar de sus siluetas, de su sombra, de su presencia tenemos un fantástico escenario en el Pla de Petracos, en el término de Castell de Castells.

Allí podremos disfrutar de un bosque de carrascas y fresnos que se extiende durante 79 hectáreas. Junto a él se dibuja uno de los múltiples senderos que se expanden por esta rica y singular zona de interior, donde se combina el bosque con un paisaje encantador donde no faltan cultivos de secano como almendros, olivos y algarrobos.

Si continuamos por esta senda, tras pasar junto a una finca bautizada como Villa Mercedes, llegaremos hasta un pequeño conjunto de casas habitadas, muy cerca de las cuales encontraremos los restos de la Ermita de Petracos. Se trata de un edificio del que ha sido utilizado como corral y que hoy día, repleto de vegetación, ofrece una imagen espectacular.

Pero además de por su bosque de Carrascas, el Pla de Petrarcos también es famoso por albergar una de las mejores representaciones de arte rupestre de la Comunidad Valenciana, con  pinturas que datan de hace 8.000 años, que presentan un gran estado de conservación y que fueron descubiertas hace solo unos 40 años. Tal y como os comentamos en otro post del blog de La Guía del Turista, las pinturas son el exponente y prueba de la existencia de un santuario en la zona, es decir, de un lugar de culto y encuentro de gente unida por profundas creencias, en las que la fertilidad, la fecundidad, la agricultura y los vínculos familiares, tenía una gran importancia para ellos. En 1998 la UNESCO lo declaró Patrimonio de la Humanidad.

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El Puig Campana: la montaña mágica valenciana

Se parece a una campana, de ahí el nombre recibido.  Y tiene un carácter mágico, tanto por su origen legendario (ya nos referimos a su leyenda en otro post del blog de la Guía del Turista) como por su gran simbolismo,  acreditado por su tamaño, situación privilegiada, elevación y paisaje.  Hablamos, obviamente, del Puig Campana. Ya sea desde la ciudad de Alicante (si accedemos desde el sur) o  una vez cruzado el Mascarat (si venimos desde Valencia), esta inmensa montaña se divisa en el horizonte como un gigante impertérrito que vigila todo lo que ocurre en La Marina Baixa.

El Puig Campana se compone de dos picos o cimas separados por un corredor pedregoso (El Portell): una primera que reproduce su mismo nombre y que asciende hasta los 1.406 metros; y una segunda, el Pic Prim, seccionado a su vez por una brecha cuya forma ha inspirado multitud de dichos y leyendas. Se trata de la segunda formación más alta de toda la provincia de Alicante, sin duda una de las más montañosas de toda la península Ibérica.

Su riqueza paisajística se explica en la misma variedad y espectacularidad de sus zonas, con abruptas laderas, ricas formaciones vegetales, entre las que se intercalan caminos, bancales, masías, corrales o neveros. En su flora destaca el pinto carrasco y otras especies como el lentisco, la coscoja, la aliaga, el romero o el tomillo.  Por lo que respecta a la fauna, son las aves quienes encuentran un ecosistema perfecto para vivir y procrear. Por ello no es extraño observar la presencia de rapaces como el halcón, el águila real y el águila perdicera; córvidos como el cuervo y las grajas; u otras aves como el roquero solitario, la perdiz, el pinzón, la curruca carrasqueña o el piquituerto. En cuanto a los mamíferos y reptiles destacan el jabalí, el zorro, el gato salvaje, el erizo, el conejo, la liebre, el lagarto, la culebra y la víbora ibérica.

Como hemos comentado, su riqueza paisajística también se debe a los cultivos de secanos que escalan la montaña gracias al abancalamiento, contenido con muros de piedra seca. Almendros y olivos nos conducirán en sus faldas hacia el municipio de Finestrat, pueblo de bella arquitectura, situado estratégicamente en su falda (para el control del litoral) y desde el que arrancan rutas de senderismo que permiten visitar la zona dando un bonito paseo o ascender hasta su cumbre, en un esfuerzo que se verá recompensado con creces tras alcanzar la cima, donde disfrutaremos de unas vistas magnificas.

 

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La Vila más histórica y monumental

La Vila tiene sabor a chocolate, se mueve al ritmo de los moros y cristianos y se baña en el Mediterráneo, esperando la llegada de sus barcas pesqueras y viendo disfrutar a sus gentes en las playas, ya sean hogareños o turistas.  Pero también es una ciudad llena de historia y con un patrimonio monumental y arquitectónico merecedor de una visita.

La capital de la Marina Baixa (al menos, administrativamente) se asienta sobre las ruinas de la antigua ciudad romana de Allon, que fue excavada hace tan sólo una década para sacar a la luz unos importantes restos arqueológicos. En concreto se trata de unas termas romanas del año 76 d.C., cuya presencia confirmó definitivamente las hipótesis que ya apuntaban a la existencia de esta antigua ciudad romana, la cuarta localizada en toda la provincia de Alicante.

Los restos, bien conservados, corresponden a muros de sillería, habitaciones para el servicio, el recinto de la sauna, la habitación caliente, la habitación templada…y otras dependencias. En suma, se trata de unas termas bastante bien conservadas con una gran significancia histórica.

El barrio de pescadores

Regresando al presente, La Vila se distingue de otros destinos similares por la belleza de su barrio de pescadores, con la típica y pintoresca imagen de las singulares casas de colores. Se comenta que, antiguamente, los pescadores pintaban las fachadas de sus casas con colores chillones para así poder identificarlas desde el mar y poder facilitar el intercambio de señales.  El caso es que esta iniciativa se ha fomentado en la actualidad como signo de distinción y ya son muchas las fachadas que hoy en día lucen coloridas. Desde allí se alcanza fácil el puerto, con las barcas de pesca y la lonja, donde cada día tiene lugar la subasta de pescado fresco.

El casco antiguo de Villajoyosa, del que forma parte el citado barrio pesquero, conforma un conjunto histórico artístico que está declarado Bien de Interés Cultural, con un marcado carácter marinero y comercial. No dudéis en callejear por su interior saboreando la esencia de las típicas villas mediterráneas, con calles estrechas, plazoletas y la luz meridiana que siempre brilla en este punto de la geografía española, que también os permitirá ver el río Amadorio, que atraviesa la ciudad. Os recomendamos visitar la iglesia-fortaleza de la Asunción, perteneciente al gótico catalán, y el conjunto de las calles Colón y de Canalejas, donde se conservan edificios con diferentes estilos arquitectónicos que abarcan los siglos XIX y XX.

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Atando cabos por Jávea

Atando cabos por Jávea

La privilegiada situación orográfica de Jávea le confiere un espectacular paisaje, con calas de roca absolutamente encantadoras, zonas boscosas a pie de mar y un conjunto de miradores que dejan sin palabras. El Montgó, que vigila por un flanco, y el parque de la Granadella, que asoma por el otro, delimitan el término municipal de este coqueto municipio que responde con fidelidad a la fama que le precede entre los turistas nacionales e internacionales. Distintos son los cabos que se dibujan en su perfil y que hoy, en este nuevo post de la Guía del Turista, os invitamos a visitar.  ¿Nos acompañáis?

La primera parada que haremos en nuestro camino será el Cabo de San Antonio, al que se llega a través de la carretera de Les Planes, que comunica Jávea con la vecina Dénia. A medio camino encontraremos un desvío que nos conducirá, en pocos kilómetros, al citado cabo. Un faro nos dará la bienvenida junto a un excepcional mirador que nos permitirá divisar toda la bahía de Jávea. Nos encontramos a unos 160 metros de altura. Desde allí existe la posibilidad de hacer una bonita ruta a pie a través de la cual descenderemos hasta la playa de el Tangó o del Pope, la más al norte de la costa de Javea, justo al final del puerto deportivo.

Tras retornar a Jávea y atravesar por la carretera el barrio portuario (Duanes de Mar), el Parador Nacional de Jávea y la playa conocida del Arenal, nos dirigiremos sin abandonar la misma hacia el Cap de la Nao. Pero primero llegaremos al Cap Prim, que tiene como principales atractivos Cala Blanca,  la Cala del Francés o la Cala de la Sardinera. Algunas de ellas, especialmente esta última, resultan de difícil acceso por tierra, aunque la tranquilidad que se respira en ella y sus aguas cristalinas las hacen muy aconsejables.

Nuestra siguiente parada, hacia la parte sur del Cap Prim, será el Cap Negre. Continuaremos a través de una zigzagueante carretera, entre chalets y pinadas, en dirección al Cap de la Nao, para encontrarnos con la Isla y la cala del Portitxol (otro de los tesoros de Jávea). Tras pasar el desvío de la misma y el que conduce a la Granadella (cuya playa no escatima en espectacularidad) giraremos a la izquierda por la carretera que se adentra en la urbanización Balcón al mar y, a poco menos de un kilómetro, llegaremos al mirador que cuelga sobre el Cap Negre. Frente a nosotros alineados estarán el Cap Prim y el Cap de Sant Antoni, completando esta fabulosa panorámica la citada Isla del Portitxol. La parte final del cabo será accesible a pie a través de una senda.

Nuestra última escala será el Cap de La Nao, el punto más cercano de la península a la isla de Ibiza, la cual se dibuja en el horizonte con facilidad en un día claro. Debajo del impresionante acantilado del Cabo de La Nao, donde hay un faro construido en 1914, se encuentra la Cova dels Òrguens, una pequeña cavidad que permite la entrada de pequeñas embarcaciones.

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Orba: cuna de la tradición alfarera

En pleno corazón de la Marina Alta, y al abrigo de las montañas por los que discurre el Riu Girona, encontramos el municipio de Orba, conocido por ser uno de los pocos pueblos que mantiene la tradición alfarera heredada de la época de los moriscos. La cultura del barro está enraizada entre sus familias, muchas de las cuales se dedicaron durante muchos a modelar utensilios domésticos, básicamente de cocina, como cántaros, jarras, lebrillos, morteros, ollas, cazuelas o tiestos.

No obstante, de los talleres de Orba también han salido otras piezas de gran valor etnológico como los abrevaderos y comederos de los animales de corral, las picas de lavar y del pozo o elementos vinculados al proceso de secado de la pasa y otras relacionadas con la construcción y la decoración de viviendas, destacando la producción de tejas, ladrillos, baldosas o azulejos. De hecho, todavía se conservan hoy día los moldes para la fabricación de esta alfarería, cuya tipología demuestra la polivalencia y la talla artística de los alfareros de esta zona de La Marina.

La actividad cerámica se mantuvo durante unos tres siglos, situándose el origen de los primeros alfares a finales del siglo XVII y decayendo la actividad una vez entrado el siglo XX. De ello da fe la probada existencia de un importante número de talleres, entre los que destacan célebres apellidos vinculados al trabajo del barro como  Berenguer, Prats, Fluixà, o Sendra, creadores y mantenedores de esta tradición centenaria. Si éstos, como hemos dicho, se especializaron en el barro para agua y en materiales de construcción, hasta el punto de ser conocidos como ‘alfareros,’ los del vecino municipio de Orbeta (hoy un barrio/urbanización) lo hicieron en la producción para fuego (básicamente cazuelas –cassola, en valenciano- y otros recipientes similares), recibiendo en consecuencia el sobrenombre de ‘cassolers’.

Un proyecto que se está fraguando hoy día, que ya ha permitido recopilar más de 400 piezas a través de donaciones de particulares, y que cristalizará en una colección museística que se expondrá y permitirá conservar este rico patrimonio material e histórico.

Una breve visita por Orba

Más allá de los talleres, hornos y piezas de alfarería, dos lugares emblemáticos también son muestra y herencia de esta tradición y buen hacer. Estamos hablando de La font d’Alt (construida en 1893) y la Font de Baix (que data de 1904), vestigios ambos de un pasado que los orberos han sabido conservar. Junto a estas dos fuentes merecen una visita las ruinas del castellet, que data del siglo XIII y muestran los restos de una fortaleza defensiva que se niega a inclinarse en el tiempo y que trae a la memoria aquellas guerras de antaño entre moros y cristianos por el control de la tierra.

También os aconsejamos desde la Guía del Turista que hagáis una pequeña parada en la iglesia parroquial, que a pesar de ser más reciente en su construcción, es interesante por sus pinturas y pináculo. Otro edificio eclesiástico,  la pequeña ermita del Santo Cristo, mantiene el sabor tradicional del municipio, siendo el epicentro de las fiestas patronales que Orba celebra cada verano.

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Orba: visitar el corazón de la Marina Alta

En el corazón de la Marina Alta, punto estratético entre les Valls del interior y el litoral, rodeado de montañas y cultivos (olivos, almendros, algarrobos) se sitúa Orba. De origen morisco, aunque a priori su nombre y ubicación no resulte tan atractiva para el visitante como otras poblaciones costeras de la zona, Orba os reserva muchos encantos y una calidad de vida muy alta, como lo prueban el hecho de ser el municipio de adopción de muchos europeos que han establecido su residencia en La Marina.

Atractivos de tipo patrimonial y en forma de rutas para practicar el senderismo por este bonito entorno típicamente mediterráneo. Al llegar a Orba, nuestra visita debe comenzar en la Iglesia de la Natividad. Edificada sobre el solar de la antigua mezquita, fue ligeramente reformada a mediados del siglo XIX, aunque el aspecto que actualmente presenta se debe más bien a las obras de restauración y ampliación llevadas a cabo en 1917. Destaca en su interior la pintura “La Profecía de Abraham”, que obra del autor local Carlos Ruano Llopis preside el frontispicio del Altar. La obra, a diferencia de otras y de algunos objetos religiosos, se salvó del expolio que sufrió en 1936 tras el comienzo de la Guerra Civil.

La torre del campanario, de base cuadrada y que combina sillería caliza con tosca amarillenta, también merece un vistazo, como las dos fuentes (la de arriba y la de abajo) datan de finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX. De ellas hay que observar fundamentalmente los caños del agua, realizados por el picapedrero local Lorenzo Torrens Reig a imitación del estilo gótico. Hablando de picapedreros, también debéis echarle un vistazo la actual Cruz del término (la anterior, de madera, databa de1902), que tras ser destruida en 1936 fue reconstruida por Pedro Llopis Torrent con las mismas piedras que yacían amontonadas.

La Casa Señoría

Construida en el último tercio del S.XVI por los Conde de Oliva, con el tiempo pasó al servicio de los arrendadores de los derechos dominicales, que siendo habitualmente foráneos la hacían servir como estancia o morada familiar. La conformaban hasta el primer tercio del siglo XIX, varias dependencias, como graneros, establos, almazara, lagar e incluso la cárcel cuyos vestigios aún pueden apreciarse en la actualidad.

El castellet y el barranco de Fontilles

Saliendo fuera del casco urbano os recomendamos que os acerquéis al castellet, fortaleza cristiana del siglo XIII del que todavía se pueden localizar restos, y el Barranco de Fontilles, donde se pueden apreciar las ruinas de una torre semiderruida y del Caballo Verde, último bastión de la sublevación morisca de la Marina Alta. Hoy día el barranco de Fontilles acoge un área recreativa.

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Els Poblets: Una historia de romanos, moros y cristianos

Els Poblets, compuesto por las poblaciones de Setla, Mirarrosa y Miraflor, es uno de esos lugares que puede pasar desapercibido hasta que compruebas y disfrutas sus encantos. Situado muy cerca de El Verger y hacia el litoral norte de Dénia, de la que se encuentra a pocos kilómetros, este municipio acoge multitud de residentes extranjeros que aprovechan sus bondades, tranquilidad y privilegiada situación para disfrutar de la vida.

Aunque no destaca por su tamaño, Els Poblets cuenta con una idiosincrasia propia que lo hace singular. Entre sus diferentes atributos, la gastronomía, la devoción por la tradición, la historia, la cultura, el paisaje (con el Riu Girona de espectador y conductor hacia la playa de la Almadrava) y otros encantos que confluyen, especialmente, durante el verano. Tradición que se vive e hstoria que se rememora durante la primera semana de agosto con los festejos en honor a su patrón, el Divino Salvador. El programa de actos tiene como protagonista a los Moros y Cristianos. Residentes y visitantes conviven en las cabilas de las filaes, contagiando a todo el pueblo con su alegría durante las embajadas, los desfiles y las entradas de música que tienen lugar los días previos a la festividad del patrón.

Pero Els Poblets es mucho más. Siguiendo el cauce del Riu Girona podremos disfrutar de un recorrido histórico que nos llevará al pasado, en concreto al época de los romanos, para imaginarnos in situ como podría ser una fábrica de ánforas. Y es que en el término municipal de Els Poblets, pero casi en primera línea de playa, podremos visitar el yacimiento arqueológico de la Almadrava, como se conoce a la misma playa, característica por sus cantos rodados. En este lugar se fabricaban ánforas para la exportación del vino y el aceite desde la cercana Dianium (la Denia actual).

La producción y exportación de vino estuvo vigente durante casi 100 años (arrancando aproximadamente en el siglo I a.c.), aunque la de aceite se prolongó mucho más en el tiempo. Los hornos descubiertos en esta zona son los mejor conservados de la Comunitat. De hecho, sirvieron siglos atrás para desarrollar toda una industria de material cerámico de gran formato, donde las ánforas eran protagonistas, si bien también los cuatro hornos allí dispuestos sirvieron igualmente para crear ladrillos y tégulas.

El de La Almadrava (descubierto en los años 80) destaca especialmente por ser el único yacimiento de la Marina Alta musealizado que cuenta con un proyecto de visitas guiadas durante todo el verano. Allí os explicaran como era antaño esta parte de la costa, que contaba también con infraestructura para los ciudadanos romanos responsables de la fábrica, como un fondeadero para los barcos, necrópolis o termas romanas.

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Gata de Gorgos: la cuna de la artesanía en La Marina

Tal y como os decimos en el blog de La Guía del Turista, La Marina tiene muchos motivos por los que merece ser visitada y disfrutada. En verano o en invierno, haga frío (los menos días) o se disparen las temperaturas; nos guste más el turismo cultural y las tradiciones o nos decantemos por actividades al aire libre, el ocio y el paisaje.

En este nuevo post, nuestra propuesta tiene un carácter artesanal. Para ello os invitamos a hacer una parada en Gata de Gorgos. En plena Nacional 332, Gata (que debe su ‘apellido’ al río que pasa por este lugar camino del mar Mediterráneo) encontraréis un auténtico centro de artesanía con multitud de tiendas y talleres de artesanos que trabajan el mimbre, la paja y otros materiales como casi en ningún sitio.

Apostados junto a la misma carretera o serpenteando por las calles colindantes a la misma hallaréis puestos donde hacerse con un sombrero de paja, un coqueto bolso de mimbre, un capazo para cargar la compra, una guitarra con la que tocar una notas afinadas o un mueble de estilo colonial es relativamente sencillo por la gran oferta como al mismo tiempo complicado por la enorme variedad dónde elegir.

Cada día las calles de este municipio se visten de gala con sus productos típicos, que exhiben orgullosamente a los turistas que pasean por su núcleo urbano. Entre esta muestra de artesanía también destacan los denominados mosaicos hidráulicos, es decir, una especie de baldosas de cemento pigmentado decoradas con motivos geométricos que han retomado después de más de 20 años de inactividad; y los puestos con figuras decorativas confeccionadas con materiales reciclados, que también abundan. Y es que la decoración tiene su hogar en este municipio.

Y sí, anteriormente hablamos de guitarras. Porque en Gata de Gorgos encontraremos hasta dos fábricas de guitarras artesanales donde se elaboran piezas clásicas, flamencas, cubanas o personalizadas. En estos centros la ebanistería y la música se unen en una perfecta sinfonía, tomando como marco empresas familiares donde el arte y el gusto por la tradición perduran desde hace décadas. Fábricas pequeñas pero con fama internacional, hasta el punto de dotar de instrumentos a artistas de renombre como Joaquín Sabina o Diego El Cigala.

Una vez nos hayamos deleitado con el abanico de productos artesanos que ofrecen las tiendas del pueblo, podemos dar un paseo por el centro histórico y la Plaza de España, disfrutando con las fachadas de algunas casas señoriales que aguantan impertérritas el paso de los años dando cobijo a talleres de artesanía, albergando puestos de venta o acogiendo a sus afables residentes, orgullosos de su pueblo.

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