Dibujo de Dianium de Miquel Ortolà

La Dianium Romana: todo un mundo por descubrir

Capital turística y ciudad gastronómica por antonomasia en la Costa Blanca, la Dénia que hoy conocemos ya fue codiciada y amada por diferentes civilizaciones en el pasado. Una de ellas, quizá de la que menos se ha hablado por estos lares, la romana. Posiblemente porque aún falta mucho por descubrir y por conocer, ya que son relativamente pocas las excavaciones que se han podido efectuar en la anterior Dianium.

Lo que es innegable es que el origen de la actual Dénia, como ciudad, corresponde a  la época romana.  Realmente en sus comienzos fue una colonia helena llamada Hemeroskopeion, pero fueron los romanos los que le dieron el nombre de Dianium, en honor a la diosa Diana. Los textos antiguos hablan de una enorme estatua de la Diosa Diana que se podía observar desde kilómetros mar a dentro, aunque no se han encontrado restos que lo confirmen. Textos clásicos donde se atestigua tambiuén que en el siglo I a. C. las tropas romanas del general Quinto Sertorio establecieron en Dianium una base naval, aprovechando su excelente ubicación.

Una situación geográfica y geoestratégica envidiable, que permitía ya en la antigüedad controlar desde el golfo de Valencia y la costa de Alicante cualquier navío o dispositivo militar que se aproximara, y que al mismo tiempo permitió establecer una base naval de primer orden. Su idiosincrasia estuvo ligada en los comienzos a la figura de Quinto Sertorio, en latín Quintus Sertorius (Nursia, 122 a. C. -Osca, 72 a. C.): un destacado político y militar de la época final de la República romana, célebre por el movimiento antisilano que dirigió en Hispania, que dejó impronta en Dénia. De hecho, hoy día todavía hay una calle  que lleva su nombre.

Durante el Alto Imperio, la ciudad disfrutó de un periodo de esplendor pasando de ser ciudad estipendiaria a tener la categoría jurídica de municipium. Sin embargo, y aunque alcanzó rango de sede episcopal, ya hacia el siglo III d. C. debió sufrir las incursiones de los pueblos germánicos.

Si queréis saber más de la Dianium romana os recomendamos que visitéis el Museu Arqueològic de Dénia, ubicado en lo alto del castillo, concretamente en el denominado Palau del Governador. En él puede observar una sencilla pero muy elocuente colección de piezas arqueológicas que -por centrarnos en las que afectan a la época romana- remiten al esplendor de esta comunidad como municipio de derecho latino (ver, sobre todo, las inscripciones que se guardan en la Sala II del Museo) y como puerto comercial (con notable colección de ánforas de diversas procedencias) desde época de Augusto.

También en el recinto del Castell, hacia el Norte, puede contemplarse una excelente panorámica del denominado Hort de Morand, área aun virgen arqueológicamente y en la que debió tal vez ubicarse el foro municipal.

Dibujo de Miquel Ortolà

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Benidorm Playas

Las playas de Benidorm: ¿Levante o Poniente?

Benidorm es, sin duda, la capital turística de la Costa Blanca. Sus altos índices de ocupación, la cantidad que servicios que ofrece y la vida que rezuma prácticamente los 365 días del año así lo acreditan. También la calidad de sus playas, especialmente las dos más conocidas: Levante y Poniente. ¿Cuál es tu preferida?

Ambas cuentan con una arena fina, un acceso fantástico y todos los servicios y accesorios básicos que se pueden demandar a una playa de calidad. También las dos cuentan con su bandera azul y los pertinentes certificados de gestión y calidad medioambiental, según las normas ISO. Pero es cierto que cada una, pese a su cercanía, tiene unas características singulares.

En la playa de Poniente disfrutarás de tranquilidad. Y es que pese a ser las más extensa del municipio es también un lugar ideal para darse un paseo, relajarse y disfrutar. Se puede hacer por la orilla de sus más de 3 kilómetros de longitud y a través del paseo anexo, donde también hallaréis una gran cantidad de restaurantes, bares y locales para el disfrute de vecinos y turistas.

Entre su oferta de servicios y equipamientos cuenta con plataformas flotantes, biblioplayas, juegos infantiles, juegos lúdicos-deportivos, zonas de sombra para la lectura o el servicio de playas accesibles, que facilitan el acceso y disfrute para personas de movilidad reducida.

Al otro lado de la ciudad, entre Punta Pinet y Punta Canfali (los considerados balcones de Benidorm, ideales para respirar la brisa del mar y hacerse con una buena panorámica de la ciudad) se sitúa la playa de Levante. Es algo más pequeña (2 kilómetros de longitud, aproximadamente) y permite tomar el sol hasta bien entrada la tarde gracias a su orientación.

Sin embargo, pese a su menor tamaño, es la playa más conocida de la ciudad por la animación que presentan sus alrededores, llenos de hoteles, restaurantes, heladerías, terrazas y otros locales de ocio. Una estampa típica de esta playa es la de los turistas internacionales, fundamentalmente ingleses, que le dan un colorido y un toque distinto, confiriendo a Benidorm ese carácter cosmopolita que lo diferencia de otros destinos durante los 365 días del año.

Ambas son perfectas, como también lo son las otras dos playas con las que cuenta la ciudad: La Cala del Tío Ximo, la Cala Almadrava y la Cala del Tío Más. Pero de estas tres ya os hablaremos en otro post del blog de la Guía del Turista.

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orxeta_ok

Orxeta: un acogedor rincón entre el mar y la montaña de la Marina

Tal y como os hemos dicho en varias ocasiones desde el Blog de la Guía del Turista, La Marina tiene muchos lugares con encanto por descubrir. Además de las ciudades costeras y turísticas por excelencia (Benidorm, Dénia, Xàbia, La Vila, Altea, Calp…) os recomendamos que os aventuréis hacia el interior y os dejéis sorprender por pequeños núcleos de población que se encuentran rodeados por la naturaleza y las montañas, pero a sólo un paso del mar. Lugares preciosos y con encanto que merecen una visita para saborear otro tipo de mediterráneo, pero igual de auténtico.

Uno de estos ejemplos es Orxeta. Situada en el interior de la comarca de la Marina Baixa, este pueblo encantador de apenas mil habitantes presume de montañas y de un enorme pantano, pese a estar a escasos diez kilómetros del mar. Sus amables lugareños residen en un municipio con gran encanto donde el aroma a pan y a otros productos recién salidos del horno conquistará nuestro olfato y nuestro paladar, pues esta industria artesanal goza de reconocido prestigio en toda la Marina.

Su caso histórico nos permite observar el paso del tiempo a través de una rica arquitectura tradicional y típica de esta zona del Mediterráneo, con casas de estilo medieval entre medianeras que recubren sus fachadas con vivos colores. Si además de callejear tenéis tiempo para hacer una visita, podéis visitar la  antigua Iglesia Parroquial de San Jaime Apóstol, la Ermita de Santo Tomás y el Palacio de la Orden de Santiago (hoy convertido en casa rural).

En cuanto a su entorno, Orxeta ofrece un marco soberbio y espectacular entre montañas y el pantano Amadorio, que la cobija apaciblemente para diseñar un hermoso y fértil valle a orillas del río Sella.

El pantano, al que se accede rápidamente desde el peaje de Villajoyosa (en dirección a Orxeta) es un lugar tranquilo para relajarse y pasear a través del sendero que parte desde allí. También dispone de un merendero con mesas de madera,  un parque infantil, aparcamiento para vehículos y vistas al mar.  Además del pantano, os recomendamos que visitéis la garganta de “L’Estret”, santuario de las grandes aves rapaces.

Otro de sus atractivos son las fiestas patronales, que se celebran en honor a los santos Tomas y Nazario el penúltimo fin de semana de septiembre, así como la feria de productos gastronómicos y artesanales que tiene lugar en diciembre.

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Marjal Pego Oliva

La Marjal de Pego-Oliva: la pequeña ‘albufera’ de La Marina

Marcando el límite entre las provincias de Alicante y Valencia se encuentra el parque natural de la Marjal de Pego-Oliva. Esta especie de albufera merece una visita para disfrutar de un paraje singular formado por una gran extensión de carrizales, palustres y arrozales.

Su indiscutible valor medioambiental y posición estratégica fue valorada antaño por prácticamente todas las civilizaciones que se afincaron en La Marina. De hecho se han encontrado en La Marjal y alrededores asentamientos de humanos que datan del Paleolítico Medio, es decir, de hace unos 30.000 años.

También los romanos frecuentaron la marjal, trazando caminos que ayudaran a atravesar estos humedales, en los que igualmente dejaron su impronta los árabes, que entre sus numerosas aportaciones dejaron para la posteridad sistemas de riego para el trabajo del campo como norias o acequias. Sistemas todos ellos que ayudaron, siglos después, al cultivo de algunas especies características como el arroz, que se introdujo en la zona a mediados del siglo XIX (con variedades autóctonas como el arroz bomba, muy apreciado por los cocineros) y que posibilitan hoy día la canalización de la cuantiosa lluvia que precipita en esta zona, que por cierto, presenta el mayor índice pluviométrico de la Comunitat.

Ejemplo de fauna de mediterránea
Este agua procedente de la lluvia se filtra en la tierra, circula por los ríos subterráneos y forma acuíferos, desde los cuales afloran los llamados ‘ullals’ o canales, que terminan formando charcas y ríos como El Serpis y el Bullent (o Vedat), que flanquean la marjal por el norte; y el Racons (o Molinell), situado al sur del paraje.

La calidad de las aguas de estos fluviales supone un auténtico paraíso para multitud de especies animales y vegetales, de entre los que destacan algunos invertebrados como las gambetes o los petxinots; peces como el samarugo, que confiere al parque un alto valor ecológico debido a su escasez, o la colmilleja; y sobre todo aves, que por su cantidad variedad constituyen una de las mayores riquezas del marjal, con especies tales como el zampullín chico, el somormujo lavanco, el avetorillo, la garza imperial, la cerceta pardilla, la cigüeñuela, el fumarel cariblanco o el calamón.

El acceso al parque natural se realiza fundamentalmente desde la N-332. La carretera que va de Oliva a Pego bordea el Parque por el norte, mientras que la CV-700 entre Vergel y Pego constituye el límite sur del paraje.

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Baix la mar

El barrio de Baix la Mar: cuna de pescadores

El barrio de pescadores, también conocido como Baix la Mar (por su cercanía al puerto y al tramo costero) es visita obligada o, al menos, merece un tranquilo paseo en el que poder ir descubriendo plazas y rincones con encanto donde aún se adivina la vida y costumbres de aquellos dianenses vinculados durante tantas décadas a la pesca, al comercio y, en definitiva, al mar.

La trama urbana actual del barrio Baix la mantiene su origen en el siglo XIX, aunque muchas de sus calles ya estuvieron ocupadas por los árabes con el nombre de Raval de la Mar o Raval Marítimo. De hecho, de los cuatro ravales de la época islámica, este último era, con toda probabilidad, el más relevante de todos. Así pues, durante nuestro recorrido habremos de fijarnos en la escasa altura de las viviendas y edificaciones (máximo dos alturas) además de en la forma de sus calles estrechas y plazoletas características, en muchas de las cuales será posible identificar algún elemento histórico o artístico que explica su trayectoria vital. Es el caso de la Plaza de Sant Antonio la conocida como Plaçeta de la Creu, reconocible porque hay una cruz ubicada en la parte central junto a una pequeña fuente y  un panel de cerámica de San Pere.

Para reponer fuerzas o simplemente tomar una cerveza os recomendamos que hagáis un alto en el camino en la plaza Mariana Pineda, lugar ideal para disfrutar dela brisa al atardecer o reservar mesa para cenar durante los meses de verano. Precisamente en este emplazamiento, además de haberse rodado en el pasado multitud de películas, se celebraba siempre hacia finales de agosto un festival de variedades y expresión libre llamado la Flexió Verbal, que contribuía a dotar de un aire bohemio este punto ubicado en el corazón de Baix la Mar. Hoy día este bullicioso pero encantador rincón es una referencia, no sólo para el turista de la ciudad sino también para los propios dianenses, testigos del paso del tiempo en este punto neurálgico.

Volviendo hacia la fachada marítima un paseo conocido como El Raset (lugar en el que fue proclamado como Rey el Archiduque Carlos de Austria, dando lugar  a comienzos del siglo XVIII a la Guerra de Sucesión), donde las antiguas tabernas y casas de pescadores han dejado paso hoy a tiendas de souvernis, restaurantes y locales de copas. Y es que poblada de terraza, pubs y bares donde tapear, Baix la Mar se ha convertido en un barrio tan pintoresco como emblemático, concentrando buena parte de la oferta gastronómica y de ocio de la ciudad, la cual convive con esta idiosincrasia reposada y tranquila que siempre ha distinguido a esta zona de la ciudad.

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L’Alfàs del Pi: la pequeña Noruega

No es necesario ir a Noruega para sentirte como en Noruega. Al menos eso es lo que pensarán en la Marina Baixa, concretamente en la zona de la playa de l’Albir y, especialmente, en Alfàs del Pi. En torno a este pequeño municipio de La Marina Baixa se concentra la mayor colonia Noruega fuera del país escandinavo. De hecho, de los 17.000 noruegos, aproximadamente, que viven en España, más de 9.000 residen en la provincia de Alicante, con una especial concentración en esta zona muy próxima a Benidorm, donde se calcula que pueden residir alrededor de 5.000 de ellos.

La importancia de esta zona es tal que Alfaz del Pi (L’Alfàs del Pi, en valenciano) es la sede de un consulado noruego. El clima, benigno especialmente en invierno con muchas horas de sol y temperaturas suaves, es ideal para los residentes que proceden del norte de Europa, donde la estación invernal obliga a permanecer la mayor parte del tiempo en casa debido al intenso frío.

El perfil del noruego que hay en La Marina Baixa pertenece a alguien de entre 60 y 65 años y se ha asentado en esta zona aprovechando una generosa pensión de jubilación que apenas si se ve afectada por posibles crisis económicas. De esta forma, la sociedad del bienestar social del país escandinavo reporta lo suficiente para que muchos noruegos se instalen en esta zona de la provincia de Alicante buscando las bondades curativas del sol.

A ello se une todo un marco de crecientes negocios que llaman la atención de las compañías de viaje y de los mayoristas noruegos, caso de balnearios o clínicas terapéuticas cuya relación calidad/precio/servicios agradan y mucho a los escandinavos, posibilitando la aparición de un nuevo nicho de mercado para las empresas e inversores de La Marina.

La importancia de la colina establecida en La Marina se materializa en el Club Noruego de L’Alfàs, que tiene un papel destacable en la vida social y económica del municipio, como quedó de manifiesto con la construcción de la recién inaugurada capilla de San Olav, patrón de Noruega, que se edificó en honor de la princesa Kristina en Covarrubias, localidad burgalesa en la que reposan sus restos.

El Club Noruego está haciendo un gran trabajo para intentar que la comunidad noruega se integre en la sociedad española, para lo cual ofrece cursos de español y excursiones por el país que les permitan conocer nuestra cultura.

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Marques de Campo de Día

Marqués  de  Campo: Emblema de Dénia y de La Marina

La Marina Alta ofrece paisajes rurales, urbanos y costeros espectaculares y emblemáticos. Uno de ellos, sin duda, es la  calle  Marqués  de  Campo  de Dénia.  Esta coqueta calle que desemboca en el mar no sólo es la arteria principal  de  esta ciudad sino también  una  de  las  referencias  urbanas  de  la  Marina  Alta.  Constituye  el  centro  vital  y  neurálgico  de  Dénia,  pues  allí  residen  una  gran  cantidad  de  bancos,  comercios,  cafeterías  y  restaurantes,  que  sacan  sus  sillas  y  mesas  ocupando  toda  la  calle  cuando  ésta  se  cierra  durante  los  fines  de  semana,  en  periodos  festivos  y  en  jornada  vespertina  cada  verano.  Esta  medida  favorece  el  tránsito  de  peatones  e  incrementa  el  ambiente  y  atractivo  de  este  singular  vial,  al  que  distinguen  los  enormes  árboles  plataneros  que  la  revisten  y  una  gran  cantidad  de  edificios  que  conservan  su  fachada  de  época.

Debe  su  nombre  a  D.  José  Campo,  alcalde de Valencia e importante  personaje  del  S.  XIX  que  realizó  grandes  mejoras  en  la  ciudad,  tales  como  la  creación  de  una  fábrica  de  gas  para  el  alumbrado,  la  implantación de la vía  de  Ferrocarril  Dénia-Carcagente  y  la  iniciación  y  constitución  de  la  Sociedad  de  Obras  del  Puerto. Su legado fue tan destacado que el Rey Alfonso XII le concedió el título de Marqués, de ahí el nombre de calle Marqués de Campo. Actualmente  es  escenario  insustituible  de  un  gran  número  de  eventos  que  se  celebran  en  la  ciudad,  caso  del  gran  desfile  de  carrozas  y  comparsas  (fiesta  de  interés  turístico  provincial,  celebrado  durante  las  fiestas  patronales  de  julio)  así  como  el  espectacular  desfile  de  gala  de  moros  y  cristianos,  cada  15  de  agosto.

Referente  histórico  y  urbanístico  Marqués  de  Campo  es  una  de  las  calles  que  más  ha  marcado  el  devenir  de  la  configuración  de  la  ciudad  actual,  muy  especialmente  durante  finales  del  siglo  XIX  e  inicios  del  XX.    Es  también  eje  principal  del  conocido  en  Dénia  como  ensanche  de  extramuros,  ya  que  tras  el  derrocamiento  de  las  murallas  se  incorpora  a  la  ciudad  toda  la  zona  que  se  estaba  creciendo  fuera  del  recinto  amurallado.

Exponente de la época dorada de Dénia: el comercio de la pasa

Se  desarrolló  en  2  fases,  coincidiendo  fundamentalmente  con  la  importancia  creciente  del  comercio  de  la  pasa:  en  1880  se  iniciaron  las  primeras  alineaciones  y  obras,  y  en  1890  se  inaugura  el  Hotel  El  Comercio,  consolidando  así  el  primer  tramo  entre  las  actuales  calles  Carlos  Sentí  y  Diana.    En  la  parte  de  poniente  encontramos  los  mejores  ejemplos  de  vivienda  de  la  época,  con  su  homogeneidad  y  unidad.  En  esta  vía    se  situó  también  el  Teatro  Principal,  edificado  en  el  año  1869  y  actualmente  desaparecido.  La  apertura  del  2º  tramo,  que  conducía  al  mar  queda  paralizada  debido  a  la  existencia  de  3  almacenes,  por  lo  que  hasta  el  año  1917  no  se  produce  la  apertura  total  hasta  el  mar.  Destacan  como  modelos  representativos  del  siglo  XIX  el  edificio  ubicado  en  el  nº  17,  antiguo  hotel  el  Comercio,  cuya  fachada  se  encuentra  chapada  con  azulejos  originarios  de  Portugal  con  policromía  y  motivos  geométricos;  así  como  en  el  nº  7  de  la  calle,  que  hace  esquina  con  el  nº  11  de  la  calle  Diana,  el  cual  posee  un  buen  estado  de  conservación,  datado  entre  1873  y  1900  y  con  varias  remodelaciones  posteriores.

Pero cualquier momento es bueno para pasear por este vial, contemplar sus fachadas, entrar en alguno de sus numerosos comercios o simplemente tomar un café disfrutando del paso de la gente. No dejéis de hacerlo. Es un consejo de La Guía del Turista.

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Un clásico de La Marina: La Cueva de las Calaveras

La Cueva de las Calaveras, en Benidoleig, es un clásico entre los atractivos turísticos de la Marina Alta, tanto para visitantes como para los habitantes de los municipios de la misma comarca.

Más que por su espectacularidad y riqueza, la cueva resulta perfecta como entretenimiento familiar. Sus instalaciones (cuenta con servicio de bar, parque infantil…), buena accesibilidad (incluso pueden adentrarse sin problemas personas con movilidad reducida), disponibilidad (abre todos los días del año), seguridad y no excesiva longitud (440 metros) la hacen un lugar perfecto para iniciarse en la espeleología y despertar el interés por este tipo de cavidades entre los más pequeños. También podemos destacar su vertiente pedagógica, ya que permite viajar años atrás para imaginarse cómo podían vivir aquellas primeras civilizaciones de humanos.

Se desconoce exactamente el periodo en el que se formó esta cueva, originada por la erosión de un río, aunque los expertos creen que pudo haber aparecido hace alrededor de 150 millones de años. Pero si lo que buscamos son indicios de vida en el pasado, en el interior de la cueva encontraremos un depósito de hueso grande encajonado en piedra que contiene los restos de los animales que cazaban y pescaban los colonos cueva temprana,  además, los huesos de los pobladores- También se han hallado restos de sus antiguas herramientas para la caza y la matanza. Todo ello lleva a los expertos a pensar que la cueva sirvió como refugió hace unos 100.000 años, ya que los utensilios son característicos del paleolítico.

Como toda buena cueva que se preste la de Las Calaveras también presenta estalagmitas y estalactitas, siendo probablemente la más interesante una de estas últimas apodada La campana, por su parecido en la forma, grandes dimensiones y el hecho de que cuando es golpeada se produce un extraño sonido de timbre.

¿Por qué… De las Calaveras?

La Cueva siempre se ha relacionado con los huesos de restos animales y humanos. Y no sólo del Paleolítico, sino también del Neolítico (5.000 años atrás), o de la época ibero-romana, cuando la cueva acogía un santuario donde se depositaron ofrendas rituales relacionadas con la fertilidad. También se han descubierto restos humanos de la Edad Media. Por todo ello se la conoce como Cueva de Las Calaveras. La leyenda, incluso, también alude a este carácter luctuoso. Según cuenta la tradición popular, el rey Ahli Moho buscó refugio en esta cueva, acompañado de las 150 concubinas que componían su harén, cargadas de joyas y otros tesoros, pero fueron asediados y finalmente perecieron.

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Un paseo entre carrascas y fresnos: El Pla de Petracos

Aunque no son fáciles de encontrar, las carrascas constituyen una de las especies autóctonas y características del bosque mediterráneo oriental. Sin embargo, en las últimas décadas su presencia se ha visto mermada por la replantación de pinos, una especie con un crecimiento más rápido pero también más vulnerable al fuego, lo que incrementa el tamaño y espectacularidad de los incendios que desgraciadamente, y cada vez más a menudo, afectan a nuestro ecosistema.

La Marina no constituye una excepción a ambos fenómenos, aunque progresivamente las carrascas van volviendo a ocupar el espacio que les corresponde en nuestras sierras y montañas.  Diferentes propuestas de reforestación de esta especie, junto a lentiscos, encinas o acebuches, están contribuyendo a ello en zonas como Orba o el Parque Natural de El Montgó. Pero si queremos disfrutar de sus siluetas, de su sombra, de su presencia tenemos un fantástico escenario en el Pla de Petracos, en el término de Castell de Castells.

Allí podremos disfrutar de un bosque de carrascas y fresnos que se extiende durante 79 hectáreas. Junto a él se dibuja uno de los múltiples senderos que se expanden por esta rica y singular zona de interior, donde se combina el bosque con un paisaje encantador donde no faltan cultivos de secano como almendros, olivos y algarrobos.

Si continuamos por esta senda, tras pasar junto a una finca bautizada como Villa Mercedes, llegaremos hasta un pequeño conjunto de casas habitadas, muy cerca de las cuales encontraremos los restos de la Ermita de Petracos. Se trata de un edificio del que ha sido utilizado como corral y que hoy día, repleto de vegetación, ofrece una imagen espectacular.

Pero además de por su bosque de Carrascas, el Pla de Petrarcos también es famoso por albergar una de las mejores representaciones de arte rupestre de la Comunidad Valenciana, con  pinturas que datan de hace 8.000 años, que presentan un gran estado de conservación y que fueron descubiertas hace solo unos 40 años. Tal y como os comentamos en otro post del blog de La Guía del Turista, las pinturas son el exponente y prueba de la existencia de un santuario en la zona, es decir, de un lugar de culto y encuentro de gente unida por profundas creencias, en las que la fertilidad, la fecundidad, la agricultura y los vínculos familiares, tenía una gran importancia para ellos. En 1998 la UNESCO lo declaró Patrimonio de la Humanidad.

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El Puig Campana: la montaña mágica valenciana

Se parece a una campana, de ahí el nombre recibido.  Y tiene un carácter mágico, tanto por su origen legendario (ya nos referimos a su leyenda en otro post del blog de la Guía del Turista) como por su gran simbolismo,  acreditado por su tamaño, situación privilegiada, elevación y paisaje.  Hablamos, obviamente, del Puig Campana. Ya sea desde la ciudad de Alicante (si accedemos desde el sur) o  una vez cruzado el Mascarat (si venimos desde Valencia), esta inmensa montaña se divisa en el horizonte como un gigante impertérrito que vigila todo lo que ocurre en La Marina Baixa.

El Puig Campana se compone de dos picos o cimas separados por un corredor pedregoso (El Portell): una primera que reproduce su mismo nombre y que asciende hasta los 1.406 metros; y una segunda, el Pic Prim, seccionado a su vez por una brecha cuya forma ha inspirado multitud de dichos y leyendas. Se trata de la segunda formación más alta de toda la provincia de Alicante, sin duda una de las más montañosas de toda la península Ibérica.

Su riqueza paisajística se explica en la misma variedad y espectacularidad de sus zonas, con abruptas laderas, ricas formaciones vegetales, entre las que se intercalan caminos, bancales, masías, corrales o neveros. En su flora destaca el pinto carrasco y otras especies como el lentisco, la coscoja, la aliaga, el romero o el tomillo.  Por lo que respecta a la fauna, son las aves quienes encuentran un ecosistema perfecto para vivir y procrear. Por ello no es extraño observar la presencia de rapaces como el halcón, el águila real y el águila perdicera; córvidos como el cuervo y las grajas; u otras aves como el roquero solitario, la perdiz, el pinzón, la curruca carrasqueña o el piquituerto. En cuanto a los mamíferos y reptiles destacan el jabalí, el zorro, el gato salvaje, el erizo, el conejo, la liebre, el lagarto, la culebra y la víbora ibérica.

Como hemos comentado, su riqueza paisajística también se debe a los cultivos de secanos que escalan la montaña gracias al abancalamiento, contenido con muros de piedra seca. Almendros y olivos nos conducirán en sus faldas hacia el municipio de Finestrat, pueblo de bella arquitectura, situado estratégicamente en su falda (para el control del litoral) y desde el que arrancan rutas de senderismo que permiten visitar la zona dando un bonito paseo o ascender hasta su cumbre, en un esfuerzo que se verá recompensado con creces tras alcanzar la cima, donde disfrutaremos de unas vistas magnificas.

 

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