Atando cabos por Jávea

Atando cabos por Jávea

La privilegiada situación orográfica de Jávea le confiere un espectacular paisaje, con calas de roca absolutamente encantadoras, zonas boscosas a pie de mar y un conjunto de miradores que dejan sin palabras. El Montgó, que vigila por un flanco, y el parque de la Granadella, que asoma por el otro, delimitan el término municipal de este coqueto municipio que responde con fidelidad a la fama que le precede entre los turistas nacionales e internacionales. Distintos son los cabos que se dibujan en su perfil y que hoy, en este nuevo post de la Guía del Turista, os invitamos a visitar.  ¿Nos acompañáis?

La primera parada que haremos en nuestro camino será el Cabo de San Antonio, al que se llega a través de la carretera de Les Planes, que comunica Jávea con la vecina Dénia. A medio camino encontraremos un desvío que nos conducirá, en pocos kilómetros, al citado cabo. Un faro nos dará la bienvenida junto a un excepcional mirador que nos permitirá divisar toda la bahía de Jávea. Nos encontramos a unos 160 metros de altura. Desde allí existe la posibilidad de hacer una bonita ruta a pie a través de la cual descenderemos hasta la playa de el Tangó o del Pope, la más al norte de la costa de Javea, justo al final del puerto deportivo.

Tras retornar a Jávea y atravesar por la carretera el barrio portuario (Duanes de Mar), el Parador Nacional de Jávea y la playa conocida del Arenal, nos dirigiremos sin abandonar la misma hacia el Cap de la Nao. Pero primero llegaremos al Cap Prim, que tiene como principales atractivos Cala Blanca,  la Cala del Francés o la Cala de la Sardinera. Algunas de ellas, especialmente esta última, resultan de difícil acceso por tierra, aunque la tranquilidad que se respira en ella y sus aguas cristalinas las hacen muy aconsejables.

Nuestra siguiente parada, hacia la parte sur del Cap Prim, será el Cap Negre. Continuaremos a través de una zigzagueante carretera, entre chalets y pinadas, en dirección al Cap de la Nao, para encontrarnos con la Isla y la cala del Portitxol (otro de los tesoros de Jávea). Tras pasar el desvío de la misma y el que conduce a la Granadella (cuya playa no escatima en espectacularidad) giraremos a la izquierda por la carretera que se adentra en la urbanización Balcón al mar y, a poco menos de un kilómetro, llegaremos al mirador que cuelga sobre el Cap Negre. Frente a nosotros alineados estarán el Cap Prim y el Cap de Sant Antoni, completando esta fabulosa panorámica la citada Isla del Portitxol. La parte final del cabo será accesible a pie a través de una senda.

Nuestra última escala será el Cap de La Nao, el punto más cercano de la península a la isla de Ibiza, la cual se dibuja en el horizonte con facilidad en un día claro. Debajo del impresionante acantilado del Cabo de La Nao, donde hay un faro construido en 1914, se encuentra la Cova dels Òrguens, una pequeña cavidad que permite la entrada de pequeñas embarcaciones.

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Orba: cuna de la tradición alfarera

En pleno corazón de la Marina Alta, y al abrigo de las montañas por los que discurre el Riu Girona, encontramos el municipio de Orba, conocido por ser uno de los pocos pueblos que mantiene la tradición alfarera heredada de la época de los moriscos. La cultura del barro está enraizada entre sus familias, muchas de las cuales se dedicaron durante muchos a modelar utensilios domésticos, básicamente de cocina, como cántaros, jarras, lebrillos, morteros, ollas, cazuelas o tiestos.

No obstante, de los talleres de Orba también han salido otras piezas de gran valor etnológico como los abrevaderos y comederos de los animales de corral, las picas de lavar y del pozo o elementos vinculados al proceso de secado de la pasa y otras relacionadas con la construcción y la decoración de viviendas, destacando la producción de tejas, ladrillos, baldosas o azulejos. De hecho, todavía se conservan hoy día los moldes para la fabricación de esta alfarería, cuya tipología demuestra la polivalencia y la talla artística de los alfareros de esta zona de La Marina.

La actividad cerámica se mantuvo durante unos tres siglos, situándose el origen de los primeros alfares a finales del siglo XVII y decayendo la actividad una vez entrado el siglo XX. De ello da fe la probada existencia de un importante número de talleres, entre los que destacan célebres apellidos vinculados al trabajo del barro como  Berenguer, Prats, Fluixà, o Sendra, creadores y mantenedores de esta tradición centenaria. Si éstos, como hemos dicho, se especializaron en el barro para agua y en materiales de construcción, hasta el punto de ser conocidos como ‘alfareros,’ los del vecino municipio de Orbeta (hoy un barrio/urbanización) lo hicieron en la producción para fuego (básicamente cazuelas –cassola, en valenciano- y otros recipientes similares), recibiendo en consecuencia el sobrenombre de ‘cassolers’.

Un proyecto que se está fraguando hoy día, que ya ha permitido recopilar más de 400 piezas a través de donaciones de particulares, y que cristalizará en una colección museística que se expondrá y permitirá conservar este rico patrimonio material e histórico.

Una breve visita por Orba

Más allá de los talleres, hornos y piezas de alfarería, dos lugares emblemáticos también son muestra y herencia de esta tradición y buen hacer. Estamos hablando de La font d’Alt (construida en 1893) y la Font de Baix (que data de 1904), vestigios ambos de un pasado que los orberos han sabido conservar. Junto a estas dos fuentes merecen una visita las ruinas del castellet, que data del siglo XIII y muestran los restos de una fortaleza defensiva que se niega a inclinarse en el tiempo y que trae a la memoria aquellas guerras de antaño entre moros y cristianos por el control de la tierra.

También os aconsejamos desde la Guía del Turista que hagáis una pequeña parada en la iglesia parroquial, que a pesar de ser más reciente en su construcción, es interesante por sus pinturas y pináculo. Otro edificio eclesiástico,  la pequeña ermita del Santo Cristo, mantiene el sabor tradicional del municipio, siendo el epicentro de las fiestas patronales que Orba celebra cada verano.

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Orba: visitar el corazón de la Marina Alta

En el corazón de la Marina Alta, punto estratético entre les Valls del interior y el litoral, rodeado de montañas y cultivos (olivos, almendros, algarrobos) se sitúa Orba. De origen morisco, aunque a priori su nombre y ubicación no resulte tan atractiva para el visitante como otras poblaciones costeras de la zona, Orba os reserva muchos encantos y una calidad de vida muy alta, como lo prueban el hecho de ser el municipio de adopción de muchos europeos que han establecido su residencia en La Marina.

Atractivos de tipo patrimonial y en forma de rutas para practicar el senderismo por este bonito entorno típicamente mediterráneo. Al llegar a Orba, nuestra visita debe comenzar en la Iglesia de la Natividad. Edificada sobre el solar de la antigua mezquita, fue ligeramente reformada a mediados del siglo XIX, aunque el aspecto que actualmente presenta se debe más bien a las obras de restauración y ampliación llevadas a cabo en 1917. Destaca en su interior la pintura “La Profecía de Abraham”, que obra del autor local Carlos Ruano Llopis preside el frontispicio del Altar. La obra, a diferencia de otras y de algunos objetos religiosos, se salvó del expolio que sufrió en 1936 tras el comienzo de la Guerra Civil.

La torre del campanario, de base cuadrada y que combina sillería caliza con tosca amarillenta, también merece un vistazo, como las dos fuentes (la de arriba y la de abajo) datan de finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX. De ellas hay que observar fundamentalmente los caños del agua, realizados por el picapedrero local Lorenzo Torrens Reig a imitación del estilo gótico. Hablando de picapedreros, también debéis echarle un vistazo la actual Cruz del término (la anterior, de madera, databa de1902), que tras ser destruida en 1936 fue reconstruida por Pedro Llopis Torrent con las mismas piedras que yacían amontonadas.

La Casa Señoría

Construida en el último tercio del S.XVI por los Conde de Oliva, con el tiempo pasó al servicio de los arrendadores de los derechos dominicales, que siendo habitualmente foráneos la hacían servir como estancia o morada familiar. La conformaban hasta el primer tercio del siglo XIX, varias dependencias, como graneros, establos, almazara, lagar e incluso la cárcel cuyos vestigios aún pueden apreciarse en la actualidad.

El castellet y el barranco de Fontilles

Saliendo fuera del casco urbano os recomendamos que os acerquéis al castellet, fortaleza cristiana del siglo XIII del que todavía se pueden localizar restos, y el Barranco de Fontilles, donde se pueden apreciar las ruinas de una torre semiderruida y del Caballo Verde, último bastión de la sublevación morisca de la Marina Alta. Hoy día el barranco de Fontilles acoge un área recreativa.

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Els Poblets: Una historia de romanos, moros y cristianos

Els Poblets, compuesto por las poblaciones de Setla, Mirarrosa y Miraflor, es uno de esos lugares que puede pasar desapercibido hasta que compruebas y disfrutas sus encantos. Situado muy cerca de El Verger y hacia el litoral norte de Dénia, de la que se encuentra a pocos kilómetros, este municipio acoge multitud de residentes extranjeros que aprovechan sus bondades, tranquilidad y privilegiada situación para disfrutar de la vida.

Aunque no destaca por su tamaño, Els Poblets cuenta con una idiosincrasia propia que lo hace singular. Entre sus diferentes atributos, la gastronomía, la devoción por la tradición, la historia, la cultura, el paisaje (con el Riu Girona de espectador y conductor hacia la playa de la Almadrava) y otros encantos que confluyen, especialmente, durante el verano. Tradición que se vive e hstoria que se rememora durante la primera semana de agosto con los festejos en honor a su patrón, el Divino Salvador. El programa de actos tiene como protagonista a los Moros y Cristianos. Residentes y visitantes conviven en las cabilas de las filaes, contagiando a todo el pueblo con su alegría durante las embajadas, los desfiles y las entradas de música que tienen lugar los días previos a la festividad del patrón.

Pero Els Poblets es mucho más. Siguiendo el cauce del Riu Girona podremos disfrutar de un recorrido histórico que nos llevará al pasado, en concreto al época de los romanos, para imaginarnos in situ como podría ser una fábrica de ánforas. Y es que en el término municipal de Els Poblets, pero casi en primera línea de playa, podremos visitar el yacimiento arqueológico de la Almadrava, como se conoce a la misma playa, característica por sus cantos rodados. En este lugar se fabricaban ánforas para la exportación del vino y el aceite desde la cercana Dianium (la Denia actual).

La producción y exportación de vino estuvo vigente durante casi 100 años (arrancando aproximadamente en el siglo I a.c.), aunque la de aceite se prolongó mucho más en el tiempo. Los hornos descubiertos en esta zona son los mejor conservados de la Comunitat. De hecho, sirvieron siglos atrás para desarrollar toda una industria de material cerámico de gran formato, donde las ánforas eran protagonistas, si bien también los cuatro hornos allí dispuestos sirvieron igualmente para crear ladrillos y tégulas.

El de La Almadrava (descubierto en los años 80) destaca especialmente por ser el único yacimiento de la Marina Alta musealizado que cuenta con un proyecto de visitas guiadas durante todo el verano. Allí os explicaran como era antaño esta parte de la costa, que contaba también con infraestructura para los ciudadanos romanos responsables de la fábrica, como un fondeadero para los barcos, necrópolis o termas romanas.

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Gata de Gorgos: la cuna de la artesanía en La Marina

Tal y como os decimos en el blog de La Guía del Turista, La Marina tiene muchos motivos por los que merece ser visitada y disfrutada. En verano o en invierno, haga frío (los menos días) o se disparen las temperaturas; nos guste más el turismo cultural y las tradiciones o nos decantemos por actividades al aire libre, el ocio y el paisaje.

En este nuevo post, nuestra propuesta tiene un carácter artesanal. Para ello os invitamos a hacer una parada en Gata de Gorgos. En plena Nacional 332, Gata (que debe su ‘apellido’ al río que pasa por este lugar camino del mar Mediterráneo) encontraréis un auténtico centro de artesanía con multitud de tiendas y talleres de artesanos que trabajan el mimbre, la paja y otros materiales como casi en ningún sitio.

Apostados junto a la misma carretera o serpenteando por las calles colindantes a la misma hallaréis puestos donde hacerse con un sombrero de paja, un coqueto bolso de mimbre, un capazo para cargar la compra, una guitarra con la que tocar una notas afinadas o un mueble de estilo colonial es relativamente sencillo por la gran oferta como al mismo tiempo complicado por la enorme variedad dónde elegir.

Cada día las calles de este municipio se visten de gala con sus productos típicos, que exhiben orgullosamente a los turistas que pasean por su núcleo urbano. Entre esta muestra de artesanía también destacan los denominados mosaicos hidráulicos, es decir, una especie de baldosas de cemento pigmentado decoradas con motivos geométricos que han retomado después de más de 20 años de inactividad; y los puestos con figuras decorativas confeccionadas con materiales reciclados, que también abundan. Y es que la decoración tiene su hogar en este municipio.

Y sí, anteriormente hablamos de guitarras. Porque en Gata de Gorgos encontraremos hasta dos fábricas de guitarras artesanales donde se elaboran piezas clásicas, flamencas, cubanas o personalizadas. En estos centros la ebanistería y la música se unen en una perfecta sinfonía, tomando como marco empresas familiares donde el arte y el gusto por la tradición perduran desde hace décadas. Fábricas pequeñas pero con fama internacional, hasta el punto de dotar de instrumentos a artistas de renombre como Joaquín Sabina o Diego El Cigala.

Una vez nos hayamos deleitado con el abanico de productos artesanos que ofrecen las tiendas del pueblo, podemos dar un paseo por el centro histórico y la Plaza de España, disfrutando con las fachadas de algunas casas señoriales que aguantan impertérritas el paso de los años dando cobijo a talleres de artesanía, albergando puestos de venta o acogiendo a sus afables residentes, orgullosos de su pueblo.

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montana

Un respiro por el interior de la Marina Baixa

La Marina Baixa es muy conocida por sus municipios costeros. La bella Altea, cuyo centro histórico respira la esencia del Mediterráneo con sus callejuelas estrechas y empedradas, donde se reflejan las fachadas blancas típicas que se tuestan bajo el sol; la Vila más pescadora y pistoresca, con sus casas de colores en primera línea de playa y la tradición del mar todavía presente en su día a día; y, como no, la cosmopolita y atractiva Benidorm, centro de ocio y referente internacional de la Costa Blanca por sus múltiples servicios y posibilidades, lo certifican.

Pero la Marina, esta Marina situada a sólo un paso de Alicante, también cuenta como gran atractivo con un interior montañoso y espectacular, donde la naturaleza y el patrimonio conviven vigilantes a sólo un paso del mar. Para conocer esta otra Marina nada mejor que adentrarse en el Valle de Guadalest,  marco de un circo montañoso de 18 kilómetros de largo y cuatro de ancho clausurado por las sierras de Ponoig, Aitana, La Serrella y l’Aixortá.

El Castell de Guadalest

Desde allí, y subiendo a través de La Nucía, podemos visitar el pintoresco pueblo de El Castell de Guadalest, un clásico por acoger el famoso castillo y divisar unas panorámicas excepcionales. Hoy día, pese a ser un lugar de referencia en las guías turísticas de la Costa Blanca, el Castell de Guadalest sigue recibiendo al visitante con esa mezcla de solemnidad histórica y desenfado comercial. Museos de curiosidades y miniaturas y tiendas de souvenirs ponen la salsa, pero el recinto fortificado, el castillo de San José, la Casa Orduña y las vistas espectaculares del pantano y del Mediterráneo le dan consistencia a la visita.

Muy cerca de Guadalest, el vecino pueblo de Benimantell nos espera cuchara en mano para degustar la famosa olleta en cualquier de sus restaurantes, mientras Beniardà, Benifato o Confrides nos ofrecen la versión más auténtica de un pueblo de montaña, con sus casas encaladas, sus calles estrechas y sus fuentes por doquier.

Un vergel con nísperos y cascadas

Otra opción, antes o después de comer, es sumergirnos en el vergel de nísperos entre el cual se abre el municipio de Callosa d’En Sarrià,  parada obligada donde también podremos refrescarnos en las fuentes El Algar, un paraje excepcional con varias cascadas que harán las delicias de familias y aventureros.

Y para los amantes del deporte, el Barranc del Arc y sus alrededores, al que accederemos desde la localidad de Sella. Senderismo,  recorridos en BTT, barranquismo…un paraíso para los amantes de este tipo de actividades al aire libre, a sólo un paso del mar y con un clima privilegiado.

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pobla medieval ifach

La Pobla Medieval de Ifach

El Penyó d’Ifach, en Calp, es conocido fundamentalmente por su relevancia medioambiental. Su importancia paisajística, al tratarse de un enclave privilegiado en los límites entre la Marina Alta y Baixa, la riqueza de su flora y fauna y su declaración como Parque Natural así lo certifican. No obstante, y fruto de su privilegiada situación geográfica y estratégica, el penyon no sólo ha acogido plantas y aves, sino también constituyó siglos atrás el hogar de distintas civilizaciones. Los íberos fueron sus primeros moradores pero todavía restan por descubrir los yacimientos que lo atestigüen con mayor exactitud.

En cambio, un reciente proyecto  promovido por el Marq (Museo Provincial de Arqueología y Patrimonio de Alicante) ha permitido sacar a la luz los restos del poblado medieval de Ifach, que es posible visitar justo a la entrada del parque natural. Hablamos de una villa cristiana de nueva fundación que se levantó a finales del siglo XIII -1298- bajo el mandato de Roger de Llúria, Almirante de la Corona de Aragón, y que fue destruida parcialmente en el año 1359 en pleno conflicto castellano-aragonés, siendo abandonada sobre el año 1400.

Apenas 100 años de vida tuvo este asentamiento, exponente de la política de los nobles aragoneses y catalanes, que tras ayudar a Jaume I a conquistar el Reino de Valencia recibieron tierras y dominios en compensación por ello, obligando a la población dispersa, sus súbditos y vasallos, a que se agruparan en el interior de fortificaciones donde, por un lado, estar más protegidos y, por otro, tenerlos controlados para la recaudación de impuestos.

La todavía presencia de los moros en algunas zonas, como ocurrió en el interior de la Marina, y sobre todo el dibujar la raya fronteriza entre los territorios cristianos y musulmanes justificaban esta agrupación de repobladores llegados mayormente de Cataluña y Aragón. En el caso de Ifach, el poblado era el mayor, por no decir único núcleo de población en todo el sureste de la Marina Alta, agrupando los actuales términos de Teulada-Moraira, Benissa y Calp.

11 torres y 70.000 metros cuadrados

La originaria Pobla de Ifach se extendía durante más de 70.000 m. cuadrados, ocupando la ladera Norte del Peñón. Presentaba un recinto amurallado con más de 800 m. lineales de muralla, siendo el área norte la que se actualmente encuentra en mejor estado, con más de 250 m. de perímetro conservado. También se pueden identificar hasta once torres, que se encuentran unidas por un camino de ronda que permitía recorrer todo el perímetro amurallado. La mejor conservada es la torre campanario, que conserva 10 m.de altura.

Uno de los restos mejor conservados y, a la par, relevantes es el originario sistema para acceder al poblado. Hablamos de un conjunto de tres puertas precedidas por un edificio de dos plantas donde se alojaba el poder y la administración de la Casa de Llúria, así como diferentes estancias, almacenes y casas donde residían los colonos.

En el yacimiento arqueológico, en el que todavía están trabajando, también destaca por su singularidad los restos de la iglesia del poblado así como el antiguo cementerio (necrópolis), donde el equipo de investigación ha hallado más de 100 tumbas originarias.

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cap dor

El cap d’or: Uno de los tesoros que esconde Moraira

La costa de La Marina Alta es rica y variada. Largas playas arenosas como los del litoral norte de Dénia o de Calp contrastan con recónditas y espectaculares calas de roca como las que encontramos en Xàbia, Benissa o Teulada-Moraira. En la el litoral de este último municipio, en un entorno privilegiado, encontramos el Cap d’Or, que podemos disfrutar haciendo una ruta senderista que al mismo tiempo nos permitirá hacer un poco de ejercicio mientras disfrutamos del paisaje, ya sea en pareja, con amigos o en familia.

El Cap d’Or esconde o, mejor dicho, acoge el puerto deportivo y la pequeña zona portuaria de Moraira, brindándonos unas magníficas vistas de toda la costa, con el Cap de la Nau en una dirección y el Penyón d’Ifach, en el sentido opuesto. Hablamos de una una estrecha península que se adentra en el mar durante casi un kilómetro. Tiene una altitud máxima de 166 metros sobre el nivel del mar, caracterizándose por una vegetación natural, rica y diversa. De hecho, desde el año 2002 el Cap d’Or forma parte de la red de microreservas de flora de la Comunitat Valenciana y de la Red Europea Natura 2000, que incluye lugares de interés comunitario.

En ruta…hacia la torre

Para visitar el Cap d’Or de Moraira os recomendamos una ruta de senderismo que arrancará en la ermita de San Juan Bautista, situada en un extremo de la playa del Portet. Las gentes de Teulada-Moraira, la cita ermita data de mediados del siglo XIX. Una vez completemos la visita, tomaremos la avenida del Portet para alcanzar, a la izquierda, la calle Puerto Lápice, que continuaremos hasta encontrarnos con la calle Puerto de Alcudia, al final de la cual podremos iniciar nuestro recorrido a pie.

El mismo nos conducirá por una senda hasta la torre vigía, en cuya cima podremos disfrutar con unas vistas maravillosas a toda la bahía de Moraira, l’Albir, el Penyon d’Ifach o la Sierra d’Aitana. Incluso, en días claros, podremos al fondo del mar la silueta de Ibiza.

De regreso, podremos completar el día visitando los restos de la fortaleza de Moraira, dar un paseo por esta coqueta localidad y reponer fuerzas en alguno de sus muchos y buenos restaurantes, donde la cocina mediterránea y el pescado fresco de la bahía nos harán la boca agua. ¡Que disfrutéis!

Ruta en Wikiloc.

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xabia turismo pesquero

Hazte a la mar en Xàbia y disfruta de la pesca mediterránea

¿Te imaginas vivir una jornada con los pescadores, disfrutando de cómo cogen la gamba y compartiendo con ellos un día diferente y especial? El turismo experiencial está de moda. También en La Marina. Concretamente en Xàbia, donde en breve pondrán en marcha una nueva iniciativa que permitirá a cualquier persona, turista, visitante o vecino del municipio hacerse a la mar con los pescadores a través de una serie de incursiones que permitirán conocer este oficio y todo lo que implica a pie de embarcación.

Este proyecto experiencial, que pondrán en marcha por el Ayuntamiento de Xàbia y la Cofradía de Pescadores de la localidad, buscará ofrecer una experiencia lo más realista posible. Cinco embarcaciones se pondrán a disposición de los grupos solicitantes para acompañar a los pescadores a las zonas habituales de pesca, pudiendo conocer de primera mano los detalles y entresijos de esta fascinante pero a la vez tan desconocida profesión. Los grupos deberán oscilar entre las cinco y las doce personas, fijándose como edad mínima los cinco años.

Antes de embarcarse los participantes recibirán una pequeña charla explicativa para saber cómo comportarse en la embarcación. Una vez a bordo se les mostrarán las rutinas habituales del gremio pesquero y podrán comprobar las diferencias entre las diferentes artes de pesca que se practican en estas aguas: el trasmall (también conocido como arte menor), que utiliza redes de pesca menores que las habituales; y el sistema de arrastre, que viene a ser el utilizado por las embarcaciones de mayor dimensión. En Xàbia también se practica una tercera, conocida  como el cerco, aunque sólo se lleva a cabo por la noche para lograr efectividad, lo que a día de hoy dificulta por normativa que se pueda dar a conocer en vivo al gran público.

Saboreando el mar

Tras la faena y la expedición,  los participantes en esta experiencia degustarán lo pescado. Podrán hacerlo a bordo de la propia embarcación o saborearlo tranquilamente en tierra, en la cantina del puerto.

Esta experiencia de turismo pesquero está previsto que arranque en el mes de junio. De momento, lo que sí es posible  es disfrutar del espectáculo que ofrecen las barcas de pesca a su llegada al puerto a primera hora de la tarde, seguido de la subasta de pescado y la posibilidad de comprar ese mismo género fresco en la lonja.

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altea

La antigua Altaya, más conocida como Altea La Vella

Hablar de Altea es hacerlo de una de las poblaciones más bellas de la Costa Blanca. Su situación geográfica, sobre un cerro que ofrece unas magníficas vistas al mar, y la singularidad de su casco histórico repleto de casas blancas y calles empedradas donde abundan los talleres de artesanía le confieren un aire  de pura esencia a Mediterráneo.

Sin embargo, muchos no sabréis que, antaño, la actual Altea no ocupaba este enclave ni coincidía con el antiguo recinto amurallado del que todavía se conservan vestigios, sino que situaba a unos 3’5 kilómetros ocupando una superficie situada al norte del río Algar. Os invitamos a que retrocedáis en el tiempo con nosotros para situarnos en el siglo VIII, en plena dominación musulmana.

Aquel asentamiento islámico, respondía a otro nombre, Altaya, que con el paso del tiempo, y tal y como ha sucedido con otros topónimos, ha derivado en la actual denominación de Altea. Esta zona, según apuntan algunas fuentes, podría haber sido poblada anteriormente por griegos y romanos, tomando el relevo las diferentes étnias llegadas de África que fueron ocupando progresivamente la península Ibérica. No obstante, otras fuentes históricas indican que la presencia griega en estas costas fue muy escasa y se limitó al comercio con los fenicios y los iberos.

Sea como fuere, fue tras la conquista cristiana, en el siglo XIII, cuando Altāya pasó a denominarse Altea, ocupando la misma superficie y también bajo control musulmán durante algunos años debido a concesiones de vasallaje con el rey Jaime I, además de por alguna que otra rebelión capitaneada por el incansable al-Azraq. Fue en esa época cuando aparecieron las primeras viviendas de Bellaguarda, con las que comenzó a dibujarse la conocida hoy como Altea La Vella, al tratarse de una zona perfecta como baluarte defensivo que contaba con una torre bautizada con el mismo nombre.

Los decretos de conversión de los musulmanes al cristianismo y, más tarde, de expulsión definitiva de los moriscos en 1609 provocaron un significativo despoblamiento, cuyo resultado fue el completo abandono de la antigua Altāya. Paralelamente, en torno a Bellaguarda se había ido creando un pequeño caserío arropado por la protección del baluarte al que, en los albores del siglo XVII, se concedió Carta Puebla, pasando a ocupar el nuevo, definitivo y actual emplazamiento de Altea.

Por fortuna, el viejo emplazamiento (Altea la Vella) se comenzó a poblar, de nuevo y paulatinamente, a partir del siglo XVIII y en la actualidad constituye una apacible pedanía de Altea situada a los pies de la siempre fascinante sierra de Bernia —frontera natural entre las comarcas de la Marina Baixa y la Marina Alta.

Información extraída del libro Paseos con historia por la costa de Alicante y el blog sendasyleyendas.com

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