jardin albarda

Un oasis de paz y belleza: El Jardín de l’Albarda

Es un lugar un tanto escondido, pero en el que la naturaleza y la mano del hombre han combinado a la perfección para dibujar un oasis donde pasear, leer un buen libro, reflexionar…simplemente relajarse y disfrutar. Hablamos del jardín de L’Albarda, naturalmente.

Con más de 700 especies autóctonas, para los expertos se trata de un lugar de referencia en el mundo de la jardinería mediterránea. Tiene una  superficie de 50.000 m2 y cuenta, además, de una amplia colección de rosas y palmeras. Está Situado en el término municipal de Pedreguer, muy cerca de Denia y Xàbia, y llama su atención por la gran biodiversidad botánica que atesora, repartidos entre un jardín formal y otro silvestre.

En primavera es posiblemente cuando el Jardín de la Albarda exhibe todo su esplendor, aunque cualquier día es una buena excusa para visitarlo. De hecho, en todas las épocas del año se pueden encontrar plantas en flor, colores y olores variados que la naturaleza regala al visitante. El espacio tiene, además, un modelo de sostenibilidad a seguir, pues tiene plantas autóctonas, adaptadas a nuestro clima y suelo, con un mínimo consumo de agua.

Flora, paisaje y arte

No obstante, su valor no sólo reside en el contenido, sino también en el continente. Y es que, más allá de la riqueza de especies que atesora, el Jardín de la Albarda recrea la imagen de los antiguos jardines renacentistas valencianos, influenciados por la cultura árabe. De hecho, el visitante puede observar paseos, pérgolas y fuentes de una gran belleza que nos ayudarán a viajar a tiempos pasados.

Por todas estas características, este cóctel interesantísimo de botánica, ecología, paisajismo, sostenibilidad y arte hace que el Jardín de la Albarda sea un proyecto único en el conjunto de la Comunidad Valenciana. A ello contribuye su naturaleza privada, ya que está promovido por Enrique Montoliu y la fundación Fundem, pese a lo cual el recinto puede ser visitado sin necesidad de solicitar permiso alguno y de forma gratuita.

El papel de esta fundación está muy relacionada con el jardín, ya que se dedica a la adquisición de monte y terrenos de alto valor ecológico con la finalidad de su preservación, su restauración y estudio. Es decir, a recuperar y poner en valor el patrimonio natural.

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Castillo de Denia

¿Qué ver en el castillo de Dénia? Puntos imprescindibles:

El castillo es el gran emblema de Dénia y, sin duda, el elemento más importante de su destacable patrimonio. Esta fortaleza fue antaño plaza estratégica para la defensa y símbolo inequívoco del poderío e influencia de la ciudad, siendo en la actualidad escenario de obras de conservación y restauración, así como de innovadoras propuestas de difusión. Aunque su diseño se remonta la a época islámica, entre los siglos XI y XII, es uno de los elementos patrimoniales que define la topografía histórica del núcleo urbano.

Desde la Guía del Turista recomendamos su visita, no sólo para que os empapéis con la historia de Dénia, sino también para disfrutar de las inmejorables vistas que ofrece de la ciudad, de la línea costera y del Montgó. Su privilegiada ubicación, sobre una colina situada en el centro urbano, lo convierte en un lugar fantástico para hacerse una idea de la variedad y riqueza paisajística que oferta la ciudad. Además, su accesibilidad permite subir rápidamente hasta el punto más elevado y hacerlo acompañado de niños.

Podéis haceros fácilmente con un plano, díptico o desplegable donde figuren los puntos más destacados del castillo de Dénia. No obstante, y para haceros boca, os resumimos aquí los que consideramos como imprescindibles:

-Palau del Governador/Museo Arqueológico: Ubicado en la parte más elevada del castillo, en dos estancias conocidas como “Palau del Governador” (palacio del gobernador), atesora en su seno el pasado de la ciudad, que explica su formación y evolución, así como el porqué de sus formas actuales y de la idiosincrasia y forma de vida que distingue a su población. Incluye información de las épocas ibérica, romana, musulmana y cristiana.

-El Palau Vell y las Escaleras del Duc de Lerma: En una de las actuaciones más recientes que se han llevado a cabo en castillo se ha procedido a restaurar toda la zona del Palau Vell y, en especial, las escaleras que permiten ascender a la zona superior del mismo.  Su restauración y puesta en valor no sólo permiten admirarla en todo su esplendor, sino también que el castillo recobre su grandeza renacentista y redescubre la existencia de estructuras y contextos de un antiguo palacio andalusí, que dataría del año 1.100 aproximadamente y que habría sido la vivienda de altos cargos de la época.

-La Torre del Consell: Además de fortaleza defensiva, el castillo también se convirtió en la cocina donde a partir de los siglos XV y XVI la clase política y los personajes influyentes marcaban la agenda y decidían sobre el futuro del municipio. Lo hacían en el denominado Consejo de la ciudad (Consell de la Vila), que se reunía en una torre levantada en el siglo XV y cuyo nomenclatura, Torre del Consell, recuerda su grandeza como centro de poder y de toma de decisiones. Desde el punto de vista arquitectónico destaca la bóveda de crucería de su sala interna, con una ventana geminada con arcos lobulados, que enlaza la arquitectura puramente defensiva con el primor del gótico civil valenciano más tardío.

-La Vila Vella: La conquista de Dénia por el Rey Jaume I en 1244 y, por ende, su incorporación a la corona de Aragón, ejercerá en años posteriores un gran impacto en el urbanismo de la ciudad, que buscará su espacio en el interior del recinto de la muralla.

Es así como en 1308 se funda La Vila, un espacio que nació como plaza militar pero que albergó manzanas con viviendas, calles e infraestructura urbana con un marcado carácter gótico. Siglos más tarde la Guerra de Sucesión pondrá fin esta vida urbana en el interior del castillo, devolviendo a la fortaleza un papel exclusivamente estratégico, defensivo y militar.

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Benissa Ayuntamiento

Benissa: un viaje a la Edad Media y al Renacimiento. ¿Nos acompañas?

En el sur de la Marina Alta encontramos una de las localidades más destacadas de esta comarca: Benissa. Su población, situación estratégica e importancia histórica así lo acreditan, como la calidad de sus celebraciones (sin ir más lejos, a finales de este mes de abril celebrará sus conocidas fiestas patronales) y de su patrimonio.

Los musulmanes hicieron de Banu-Issa, la actual Benissa, uno de sus principales enclaves, aunque lo que mejor se ha conservado en su pasado medieval, con un centro histórico que permite dar un paseo por la Edad Media y el Renacimiento.

El recorrido que os proponemos debería comenzar en la Plaza del Portal, la antigua entrada de una Benissa que antaño estuvo amurallada, como muchas de las plazas musulmanas (el castillo de Dénia, por ejemplo, también es de la época árabe). En ella se levanta el Ayuntamiento, que hace siglos albergaba el antiguo Hospital Municipal. Nuestra próxima parada, adentrándonos como hemos dicho en la la Benissa medieval, será la recoleta Plaza de la Iglesia Vieja,  donde unos azulejos y una réplica de la fachada de la iglesia constatan la presencia durante siglos de la antigua iglesia-fortaleza medieval, donde se resguardaban los benisseros ante las incursiones de los piratas.

Por su parte la calle de la Puríssima  revela la fisionomía de una ciudad valenciana del renacimiento, con sus balcones enrejados, su calzada empe­drada, el contraste del blanco encalado y la piedra tosca. En la misma calle Puríssima está el edificio de uso público más antiguo de Benissa: La Sala del Consell, utilizada como casa de la villa, cárcel y archivo legal.

Otros edificios de interés y visitables son las antiguas casas solariegas de los Andrés y Pere Bigot o el Palacio de los Torres-Orduña. El interés que ha tenido el municipio por rehabilitar su patrimonio y darle un uso público permite visitar ambos, convertidos hoy en la Sede Universitaria, en el caso del primero; y en un Centro cultural y Biblioteca, en el caso del citado palacio.

La vecina calle Desamparats, que también rezuma aires renacentistas, acoge el Centro Cultural tienes el Casal dels Joves, que está implantado sobre una construcción de uso civil del siglo XVI que, en tiempos, era depósito de trigo, cárcel, Sala del Consejo municipal, Corte de Justicia y sede de un mercado que se abría en sus imponentes soportales de piedra.

Siguiendo nuestro camino en dirección oeste tenemos el Convento de los Padres Franciscanos, que fue consagrado en 1613 y supuso un hito urbanístico en la Benissa de la época. Durante siglos ha sido un centro de formación para los habitantes de la Marina Alta y la propia orden franciscana, que tenía a las espaldas del convento un Seminario Menor.

Nuestro recorrido por el centro histórico finalizará con la visita a la Iglesia de la Puríssima Xiqueta, cuyas imponentes dimensiones y peculiar estilo neogótico merecen una visita, hasta el punto de que se la conoce como La Catedral de La Marina. Y no olvidéis, durante vuestra visita al municipio, hacer una parada en alguno de sus bares y restaurantes para degustar la gastronomía típica. Es una recomendación del blog de la Guía del Turista.

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Sella Font Major

Sella: Descubre la Ruta del Agua

¿Nos acompañáis al interior de la Marina Baixa? A los pies del PuigCampana y la Serra d’Aitana encontramos varios municipios con mucho encanto. Uno de ellos es Sella, cuyos paisajes de montaña esconden algunos lugares casi mágicos que permiten disfrutar de la naturaleza sin prácticamente abandonar la línea costera.

Sella es un pequeño pueblo que no llega a mil habitantes, pero que constituye un ejemplo de aprovechamiento de los recursos naturales. Su pasado morisco ha dejado huella con toda una compleja y sofisticada red de acequias que permiten aprovechar el agua para el riego. Todo ello podremos recorrerlo a pie siguiendo la conocida Ruta del agua, que ofrece una divertida excursión de unos 6 kilómetros de distancia.

Para comenzarla, podemos dejar nuestro vehículo en la zona de aparcamientos de Sella. Después nos dirigiremos hacia el cementerio y tomaremos la carretera que discurre más cercana al río hasta llegar a la Font del Pí y el Pont de l’Alcàntera sobre el río Arc.

Cruzaremos el puente y seguiremos la carretera que nos lleva hasta la Font de l’Alcàntera, de donde brota un agua clara y transparente que discurre por varias acequias para regar las huertas a ambos lados del río.  Seguimos por un pequeño sendero sobre la acequia que sigue por el margen izquierdo del río y llegaremos al Toll de l’Alcàntera o Poza de la Alcántera, que tiene un  área recreativa.

El camino sigue por una pista no asfaltada entre bancales y que pasa por detrás de una vivienda. A continuación nos toparemos con el Molí d’Álvaro,  el único molino restaurado de los tres que quedan en pie en el municipio de Sella. Seguimos río arriba y llegaremos al paraje del Salt, donde se unen el río de Les Voltes (o río Sella) y el río l’Arc (que viene desde Benimantell). Llama la atención la gran cantidad de acequias que proceden del río Sella.

Una vez aquí, volvemos a la carretera de Sella. Si seguimos el camino junto a la acequia llegaremos a la Font Major.

La Font Major

Se trata de uno de los mayores atractivos de Sella, cuyo ayuntamiento se ha encargado de preservar y mantener el paraje de una forma adecuada, hasta el punto de que dispone de aseos, barbacoas y mesas. Pero lo más destacable es la poza que presenta. Está preparada para el baño, y aunque no es muy grande sí es profunda, agradable y está muy limpia. Eso sí: al estar rodeada de árboles hay sombra continuamente, lo que provoca que el agua esté bastante fría. Tal y como hemos dicho, el entorno es espectacular, con  una vegetación mediterránea típica en la que destacan las carrascas, pinos y algarrobos.

La Font Major también permite la acampada, aunque para ello habrá que solicitar el permiso correspondiente  al ayuntamiento de Sella.

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Ocaive (Foto Wikiloc)

De ‘Castellets’ por La Marina: Ocaive

En este nuevo post del blog de la Guía del Turista os proponemos una visita al Castellet de l’Ocaive. Esta pequeña fortaleza, de la que hoy restan en pie algunos muros y estructuras de piedra, tuvo antaño un importante papel, acogiendo a los señores feudales que tenían bajo su dominio gran parte del actual término del municipio de Pedreguer. Su situación geográfica, en lo alto de una peña, permitía divisar cualquier posible intrusión en la zona, por lo que para acceder al mismo habremos de transitar a pie por una bonita ruta senderista que nos permitirá, al mismo tiempo, disfrutar de la naturaleza y practicar un poco de deporte.

La ruta, que parte de Pedreguer, nos permitirá también disfrutar del patrimonio cultural de la zona, en forma de antiguos sistemas de aprovechamiento del agua, así como el trabajo de la piedra en seco. En el camino encontraremos minas de agua, pozos, ribazos, caminos de piedra y otros elementos destacables. Un importante legado que se ha conservado hasta nuestros días, y que nos permite hacernos una idea de cómo era la vida por estas tierras hasta no hace demasiado.

Arrancaremos desde la conocida Ermita de Sant Blai, situada en la parte más alta de Pedreguer. Descenderemos unos metros por el antiguo víacrucis y nos desviamos por una senda que discurre en paralelo a varias canalizaciones de agua, de diferentes antigüedades. Todo ello tras divisar un panel que nos indica el camino a seguir.

Siguiendo el mismo, pasaremos junto a un gran depósito de agua, que recoge las aguas procedentes de Ombrereta, una antigua mina de agua que forma parte de un sistema hidráulico inaugurado en 1887, y que sigue abasteciendo de agua a Pedreguer. Merece la pena detenerse un momento para echar un vistazo al antiguo acueducto, la mina de agua, y leer la información del panel explicativo. En este punto también encontramos una mesa de picnic.

Desde la pequeña zona recreativa de Ombrereta, la senda se vuelve cuesta arriba y comenzamos el ascenso hacia el Castellet de l’Ocaive, situado en lo alto de un pequeño collado. Ya en lo más alto podremos disfrutar de las bonitas vistas.

Tras descansar y contemplar lo que resta de esta antigua y pequeña construcción medieval, regresaremos hasta la bifurcación anterior para comenzar el ascenso que nos llevará hasta el Camí dels Pouets (camino de los pozos), una partida rural que se localiza en la Muntanya Gran de Pedreguer y en la que destacan gran cantidad de aljibes y pozos que hay en  relacionados con la explotación agropecuaria. Como detalle curioso resaltar que durante el siglo XIX y principios del XX hubo un gran auge del cultivo de uva moscatel, para su posterior transformación en pasa. Se calcula que había unas unas 500 casas diseminas por las partidas de Els Pouets y la Font d’Aixa, en término de Pedreguer. El difícil acceso, la escasa rentabilidad y otros motivos, propiciaron el abandono de estas tierras a partir de la segunda mitad del siglo XX.

Ya sólo nos quedará seguir las indicaciones en la misma senda, atendiendo siempre a las bifurcaciones, para regresar a Pedreguer (punto de salida), por el propio Camí dels Pouets

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Cap de la Nao

El Cap de la Nao: donde nace el sol

Decir es decir paisajes espectaculares, acantilados de vértigo, calas fantásticas donde disfrutar del baño, islotes y grutas donde practicar el buceo, miradores que se pierden en el horizonte y un listado envidiable de cabos que ponen límites a una orografía costera abrupta y maravillosa.

En este entorno privilegiado la oferta atesora cantidad y calidad, teniendo como uno de los platos fuertes, sin duda, la visita al Cap de la Nao. Frontera entre los golfos de Valencia y Alicante, el Cabo de La Nao es el punto peninsular más cercano a la isla de Ibiza, el que más al este queda. Ello lo ha convertido durante siglos en el punto geográfico y estratégico de vital importancia, considerado por corsarios, naves reales, buques de guerra y barcos de comercio como lugar de referencia.

Si riqueza paisajística, bendecida por su enclave único, se corona con su declaración como microreserva vegetal, con especies autóctonas del Mediterráneo que respiran la brisa que entra desde el mar y se calienta con los primeros rayos solares que se adentran en la península ibérica. De hecho, podemos decir que en el Cap de la Nao es donde nace el sol peninsular, al ser el punto por donde se pone la estrella cuando llama a la puerta de nuestro país.

Calas, como la de Ambolo o la Granadella; islas como las del Portitxol, cuevas como la dels Òrguens (espectacular cavidad bajo el Faro del Cap de la Nao a la que sólo se pueden encontrar desde el mar)…no dejarán indiferente a nadie. Su ventaja también radica en su fácil accesibilidad por medio de una carretera asfaltada que sube desde el municipio de Jávea y que alcanza el mismo faro del cabo de La Nao, desde donde podremos disfrutar de unas grandes vistas. Si el cielo está despejado, divisaremos sin dificultad la silueta de la isla de Ibiza En el faro hay una zona de aparcamiento para dejar los coches con un mirador junto a un restaurante, cerca de los cuales también hay unos bancos de madera dónde sentarse a descansar, a relajarse o tomar un pícnic.

Las rutas y senderos que lo recorren hacen del Cabo de la Nao un lugar muy apetecible para los amantes de la naturaleza y el senderismo, como también para los aficionados a los deportes náuticos y la pesca submarina. Todos ellos no sólo pueden disfrutar del Cap de la Nao, sino de todo un entorno que se completa, más al sur, con la Cala Moraig y las Cumbres del sol, pertenecientes al vecino municipio de Poble Nou de Benitatxell; y hacia el norte con toda una serie de cabos (el Cap Negre, el Cap de Sant Martí y el Cap de Sant Antoni) que poco tienen que envidiar al protagonista de nuestro post de hoy.

¡Que lo disfrutéis!

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orxeta_ok

Orxeta: un acogedor rincón entre el mar y la montaña de la Marina

Tal y como os hemos dicho en varias ocasiones desde el Blog de la Guía del Turista, La Marina tiene muchos lugares con encanto por descubrir. Además de las ciudades costeras y turísticas por excelencia (Benidorm, Dénia, Xàbia, La Vila, Altea, Calp…) os recomendamos que os aventuréis hacia el interior y os dejéis sorprender por pequeños núcleos de población que se encuentran rodeados por la naturaleza y las montañas, pero a sólo un paso del mar. Lugares preciosos y con encanto que merecen una visita para saborear otro tipo de mediterráneo, pero igual de auténtico.

Uno de estos ejemplos es Orxeta. Situada en el interior de la comarca de la Marina Baixa, este pueblo encantador de apenas mil habitantes presume de montañas y de un enorme pantano, pese a estar a escasos diez kilómetros del mar. Sus amables lugareños residen en un municipio con gran encanto donde el aroma a pan y a otros productos recién salidos del horno conquistará nuestro olfato y nuestro paladar, pues esta industria artesanal goza de reconocido prestigio en toda la Marina.

Su caso histórico nos permite observar el paso del tiempo a través de una rica arquitectura tradicional y típica de esta zona del Mediterráneo, con casas de estilo medieval entre medianeras que recubren sus fachadas con vivos colores. Si además de callejear tenéis tiempo para hacer una visita, podéis visitar la  antigua Iglesia Parroquial de San Jaime Apóstol, la Ermita de Santo Tomás y el Palacio de la Orden de Santiago (hoy convertido en casa rural).

En cuanto a su entorno, Orxeta ofrece un marco soberbio y espectacular entre montañas y el pantano Amadorio, que la cobija apaciblemente para diseñar un hermoso y fértil valle a orillas del río Sella.

El pantano, al que se accede rápidamente desde el peaje de Villajoyosa (en dirección a Orxeta) es un lugar tranquilo para relajarse y pasear a través del sendero que parte desde allí. También dispone de un merendero con mesas de madera,  un parque infantil, aparcamiento para vehículos y vistas al mar.  Además del pantano, os recomendamos que visitéis la garganta de “L’Estret”, santuario de las grandes aves rapaces.

Otro de sus atractivos son las fiestas patronales, que se celebran en honor a los santos Tomas y Nazario el penúltimo fin de semana de septiembre, así como la feria de productos gastronómicos y artesanales que tiene lugar en diciembre.

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Marjal Pego Oliva

La Marjal de Pego-Oliva: la pequeña ‘albufera’ de La Marina

Marcando el límite entre las provincias de Alicante y Valencia se encuentra el parque natural de la Marjal de Pego-Oliva. Esta especie de albufera merece una visita para disfrutar de un paraje singular formado por una gran extensión de carrizales, palustres y arrozales.

Su indiscutible valor medioambiental y posición estratégica fue valorada antaño por prácticamente todas las civilizaciones que se afincaron en La Marina. De hecho se han encontrado en La Marjal y alrededores asentamientos de humanos que datan del Paleolítico Medio, es decir, de hace unos 30.000 años.

También los romanos frecuentaron la marjal, trazando caminos que ayudaran a atravesar estos humedales, en los que igualmente dejaron su impronta los árabes, que entre sus numerosas aportaciones dejaron para la posteridad sistemas de riego para el trabajo del campo como norias o acequias. Sistemas todos ellos que ayudaron, siglos después, al cultivo de algunas especies características como el arroz, que se introdujo en la zona a mediados del siglo XIX (con variedades autóctonas como el arroz bomba, muy apreciado por los cocineros) y que posibilitan hoy día la canalización de la cuantiosa lluvia que precipita en esta zona, que por cierto, presenta el mayor índice pluviométrico de la Comunitat.

Ejemplo de fauna de mediterránea
Este agua procedente de la lluvia se filtra en la tierra, circula por los ríos subterráneos y forma acuíferos, desde los cuales afloran los llamados ‘ullals’ o canales, que terminan formando charcas y ríos como El Serpis y el Bullent (o Vedat), que flanquean la marjal por el norte; y el Racons (o Molinell), situado al sur del paraje.

La calidad de las aguas de estos fluviales supone un auténtico paraíso para multitud de especies animales y vegetales, de entre los que destacan algunos invertebrados como las gambetes o los petxinots; peces como el samarugo, que confiere al parque un alto valor ecológico debido a su escasez, o la colmilleja; y sobre todo aves, que por su cantidad variedad constituyen una de las mayores riquezas del marjal, con especies tales como el zampullín chico, el somormujo lavanco, el avetorillo, la garza imperial, la cerceta pardilla, la cigüeñuela, el fumarel cariblanco o el calamón.

El acceso al parque natural se realiza fundamentalmente desde la N-332. La carretera que va de Oliva a Pego bordea el Parque por el norte, mientras que la CV-700 entre Vergel y Pego constituye el límite sur del paraje.

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Mirador del Coll de Rates

Caminando por la Marina: De Alcalalí al Coll de Rates

Hay muchas formas de recorrer La Marina. Una de ellas es caminando, a través de sus numerosas rutas de senderismo. En este nuevo post de la Guía del Turista os invitamos a que nos acompañéis hasta la Vall del Pop para darnos un paseo que nos lleve desde Alcalalí hasta el Coll de Rates, desde donde disfrutaremos de unas bonitas panorámicas. La ruta es de poco más de 10km. y se puede hacer en unas 3 horas y media.

La ruta parte de la plaza del Ayuntamiento de Alcalalí. Tomaremos la calle Ravalet y al final de la misma giraremos hacia la derecha para alcanzar el río Xaló. A los pocos metros nos desviaremos a la izquierda para cruzar el mismo, frente a una gran balsa, y seguiremos nuestra ruta por una pista asfaltada que recorre campos de naranjos, almendros, olivos y vides. Llegaremos hasta un cruce. En este primero, deberemos seguir por la izquierda, pero cuando nos topemos con una segunda intersección, giraremos a la derecha, continuando siempre por la vía principal. Un algarrobo sostenido por un pilar de piedra nos indicará que el camino es correcto.

Más tarde dejaremos una pista de tierra a la derecha y proseguiremos recto hasta llegar al inicio del Camí de Tàrbena indicado con una señal vertical. Nuestro recorrido seguirá por esta antigua vía de comunicación para iniciar progresivamente el ascenso. Tras 1’5km. de subida, y tras llegar a la cima, nuestra ruta enlazará con el PR CV158 El Carrascar de Parcent, que nos llevará hasta uno de los principales puntos de interés: el mirador del Coll de Rates, un paso que comunica les Valls del Pop i de Tàrbena que históricamente fue frecuentado por bandoleros. El mirador nos permitirá disfrutar de unas vistas fantásticas.

Cuando hayamos descanso,  iniciaremos el descenso por la misma vía. La senda, conocida como el Camí de les Revoltes o de la Pansa, nos permitirá observar los escalones de piedra que, antaño, facilitaban el tránsito de la gente entre los pueblos de Tàrbena y Alcalalí a pie, en burro o mula. Durante el descenso podremos observar el perfil de la población de parcent así como percibir los aromas de algunas especies típicas del Mediterráneo como el romero, el tomillo o el brezo.

Enlazaremos con el Camí dels Pous, dejando atrás uno de los pozos que da nombre al camino y llegaremos finalmente a la carretera, para girar a la derecha en dirección hacia Alcalalí hasta llegar al Camí dels Molins. Por este último habremos de seguir durante un trecho, con la única compañía de naranjos y almendros a ambos costados, hasta llegar a la ermita de San Joan Mosquera, que formaba parte de una antigua alquería morisca. Una vez aquí habremos de continuar en dirección Alcalalí a través del camino inicial.

¡No olvidéis llevar calzado cómodo, protección solar y una mochila con agua y algo de comer!

Aquí tenéis más información de la ruta.

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El Pare Pere: Un símbolo para Dénia y La Marina

El ‘Pare Pere’ es uno de los personajes históricos más carismáticos y venerados por los ciudadanos de Denia, si bien su figura también alcanza  una gran devoción en  otros  municipios  de  la  Marina Alta. Y es que Fray  Pedro  Esteve (1583-1658) fue un personaje  capital  en  la  vida  dianense,  hasta  el  punto  de  que  a  él  se  le  atribuye  el  inicio  de  las  fiestas  patronales  de  la  Santíssima  Sang, patrona de la ciudad (tienen lugar siempre durante la primera quincena de julio y son conocidas básicamente por las actuaciones de ‘Bous a la Mar’).

Nació  en  Dénia,  en  una  casa  de  la  calle  Loreto (actualmente conocida por su carácter peatonal y por acoger un gran número de restaurantes y tascas),  donde  hay  una  placa  que  lo  atestigua,  y  su dimensión responde no sólo al tipo de vida que llevó,  caritativa y ejemplar a los ojos del cristianismo, sino también por los  milagros que se le atribuyen y que llevó a cabo durante su existencia.   El  hecho  más  relevante  que  se  le  reconoce  fue  librar  a  los  vecinos  de  Dénia  de  la  enfermedad  del  cólera.  Para  ello,  cuentan  que  en  el  año1633    hizo  sacar  en  procesión  la  imagen  de  la ‘Santísima  Sang” y,  después  de  bendecir  unos  panes,  se  los  dio  a  comer  a  los  enfermos,  quienes  según  la  tradición  sanaron  inmediatamente.

La ermita: los orígenes

Parece ser que el ‘Pare Pere’ pasó  mucho  tiempo  dedicado  al  retiro,  a  la  oración  y  a  la  meditación. Gran parte de este periplo vital lo paso en las faldas del Montgó, en el mismo lugar donde hoy día se levanta la ermita del ‘Pare Pere’, construida en homenaje  a  esta  vida  santa  y  espiritual que llevó el religioso. De hecho, junto a la ermita puede verse  la  choza  abovedada  de  piedra  en  la  que  parece  ser  que se guarecía asiduamente cuando se retiraba a rezar (según relata una tradición nunca desmetida),  y  que  también  ha  quedado  como  punto  de  peregrinación. Algunos  estudios  recientes  de  historiadores  locales  atestiguan  que  esta  construcción  se  realizó  a  modo  de  aljibe  con  el  fin  de  recolectar  aguas  pluviales  procedentes  de  las  torrenteras  del  Montgó,  en  el  S.XVII.  Lo  más  probable  es  que  el  franciscano  utilizara  este  habitáculo  para  protegerse  de  situaciones  climáticas  adversas,  ya  que su  creación  probablemente  es  anterior  a  la  ocupación  por  Fray  Pedro  Esteve.

La  construcción  de  la  ermita, situada a 2’6 km. de la ciudad, se llevó  a  cabo  en  el  S.XX., concretamente en la década de los 80.  Su  interior  alberga  escenas  (en  imágenes  de  cerámica)  de  la  vida  y  obra  de  Fray  Pedro  Esteve.  Tal y como hemos dicho está enclavada junto a la  propia  ‘caseta’  del  Pare  Pere y es un punto estratégico, no sólo por su simbolismo, sino porque a muy pocos metros de allí arranca el Camino de la Colonia, arteria principal para recoger el Montgó. La ermita se puede  alcanzar  ascendiendo  por  el  camí  de  Sant  Joan  y  posteriormente  el  Camí  del  Assagador  de  Santa  Llúcia; o bien  iniciar  el  recorrido  desde  la  Plaza  de  Jaime  I  tomando  la  Avda.  del  Montgó  y  seguidamente  el  Camí  Pou  de  la  Muntanya  hacia  arriba,  para  después  seguir  la  indicación  que  nos  conducirá  por  la  carretera  de  la  Colònia  del  Montgó.

Una  vez  terminada  la  visita,  podemos  aprovechar  para  recorrer  el  “Via  Crucis”  que  asciende  por  el  Montgó  y  nos  regala  unas  espectaculares  vistas  de  Dénia  y  alrededores,  además de  invitarnos  a  disfrutar  de  la  naturaleza.    La  caseta  del  Pare  Pere  permanece  siempre  abierta, aunque para visitar la ermita deberemos ceñirnos al horario en el que oficia la misa y tienen lugar otras actividades litúrgicas.

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