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La Marina, cuna del Moscatel

La uva moscatel es una de las principales variedades que se cultivan en el Mediterráneo. La Marina, en este sentido, no es una excepción. Más bien al contrario. Se puede afirmar que es una de las cunas del denominado Moscatel de Alejandría, una variedad más resistente al calor y a la sequía que tiende a producir grandes racimos de grandes frutos sombríos y ovales, diferenciándose así de otros tipos de moscatel donde el fruto es menor en cuanto tamaño y más redondeado, respecto a la forma.

El moscatel es un bien muy preciado en la comarca de la Marina Alta. Durante años ha sido uno de los elementos impulsores de su economía,  cultura y patrimonio . El microclima de esta zona del Mediterráneo español ha propiciado a lo largo de los siglos el cultivo de este tipo de uva, que le confiere al vino una identidad particular, marcada y propia.

Los vinos y uvas moscatel casi siempre tienen un pronunciado aroma floral dulce. La amplitud y el número de variedades de moscatel sugiere que, tal vez, pueda ser la variedad de uva cultivada más antigua. Se calcula que entre la Marina Alta y la Marina Baixa se pueden llegar a contabilizar entre 700 y 1.000 hectáreas de cultivo, que han servido para la producción de vino, pasas y uvas de mesa que se ha exportado alrededor del mundo durante muchos siglos.

Zonas como Teulada, Poble Nou de Benitatxell o Benissa han estado caracterizadas por un paisaje singular repleto de bancales de uva moscatel, separados por márgenes de piedra seca heredados de civilizaciones pasadas ocupaban estas regiones. Un paisaje que cambiaba en cada estación del año, mostrando siempre la belleza de la cepa, desnudándose en otoño, sin ningún abrigo en invierno, brotando de vida en primavera y vestida totalmente de verdes hojas de parra y de granos de uva color dorado intenso en verano.

En los últimos tiempos han nacido asociaciones y colectivos de La Marina que están lanzando iniciativas para recuperar, proteger y divulgar toda la tradición y cultura del Moscatel. Ejemplo de ello son la asociación Bancals de Vi, la Associació de Viticultors de la Marina, la Festa del Moscatell de Teulada o la iniciativa #Moscatelízate Benissa. Todos ellos y distintos ayuntamientos han comenzando una campaña para la creación de una Denominación de Origen del Moscatel que abarque ambas comarcas. Una propuesta que todavía están tomando forma y que aúna elementos distintos pero a la vez muy interrelacionados como la arquitectura de los riuraus (expresión agrícola junto con la arquitectura tradicional vinculada a estos cultivos), el paisaje local que dibuja abancalamientos sinuosos, márgenes de piedra seca con sus viñedos y, por supuesto, la uva moscatel.

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La leyenda del Puig Campana

El Puig Campana es una montaña mágica. Lo es por su altitud (1410 metros), ubicación (a un paso del mar, del que sólo le separan 10 km. en línea recta) y también por la leyenda que lo acompaña. Leyenda relacionada con el pedazo que le parece faltar  y que ha dado origen a múltiples versiones, aunque todas relacionadas con el héroe francés Roldán, comandante del gran Carlomagno, y con el peñasco que le falta a la montaña, y que al caer al mar habría dado lugar a la Isla de Benidorm.

Cuenta la historia que Roldán (noble cristiano muerto por fuerzas sarracenas que se caracterizó, según el relato épico del Cantar de Roldán por su lucha contra el infiel) cortó esa parte de peñasco con su espada Durandarte para alargar el día, ya que estaba enamorado de una bella doncella moribunda a la que vaticinaron que moriría con el último rayo de sol. Para tratar de alargar el día, se cuenta que Roldán le dio ese tajo al monte cortando parte del

Otra versión cuenta que el héroe francés se enzarzó en combate con un jefe moro y, ensimismados en el duelo, acabaron frente a frente en la cima de esta montaña.  Durante la intensidad del combate, el caudillo musulmán cayó al suelo; entonces Roldán levantó su espada para intentar rematarlo asestándole el golpe final. Lo hizo descargando toda su furia, aunque el moro logró esquivarle, alcanzando la espada de Roldán un gran trozo de roca, que partió debido a la gran fuerza imprimida.

Esta roca sería lo que hoy conocemos como la isla de Benidorm y la hendidura que habría dejado sobre la montaña habría conservado el nombre del héroe. De la Isla de Benidorm ya os hemos hablado en otro post del blog de la Guía del Turista, un sitio muy recomendable. Como también lo es el Puig Campana, una montaña enclavada en el término de Finestrat, en el corazón de La Marina Baixa, singular, exigente para alcanzar la cumbre pero que ofrece desde ella una panorámica fantástica de gran parte de la provincia de Alicante y una vista distinta y para recordar de la ciudad de Benidorm.

¡No dudéis en visitarla!

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Jaume I y la conquista de la Daniya Islámica

Cada año en La Marina, como en otros muchos puntos de la Comunitat Valenciana, se celebra el Nou d’Octubre, día en el que el rey Jaume I entró en Valencia allá por el año 1238 para acabar con el dominio musulmán. En La Marina, las tropas del monarca cristiano hicieron lo propio aunque tardaron algunos años más. En concreto fue en el año 1244 cuando, tras una dura y sangrienta batalla (según cuentan las crónicas de la época) la por entonces Daniya, que dominaba todas estas tierras, pasó a estar en manos del bando de la cruz.

El proceso de reconquista no fue corto ni sencillo. De hecho, tras la rendición del castillo de Bairén (en Gandía) el rey moro Zayyan se resguardó en Dénia, desde donde decidió negociar con los cristianos. Para ello envió mensajeros al encuentro de Pedro Ximénez Carroz, un noble de origen germánico que había participado en la conquista de Mallorca y al que Jaume I le había concedido el castillo y la villa de Rebollet.

 

San Nicolás y el Castillo de Olimbroi

Según dicen los historiadores aquel  noble, desconfiando de las promesas de rendición efectuadas por Zayyan, marchó hacia Dénia con un contingente de almogávares y acampó a las faldas del Montgó donde levantó un castilo (El castillo de Olimbroi, hoy desaparecido) y una ermita consagrada a San Nicolás, que en estos días da nombre a la colina situada en la zona de Les Rotes donde se levantó aquella. Pero  viendo que la ciudad finalmente se resistía y que era de difícil conquista simuló retirarse con su ejército dejando una partida de almogávares en la retaguardia.

Zayyan, viendo que los cristianos abandonaban el cerco de la villa, decidió auxiliar las posiciones exteriores de la ciudad y salió con sus tropas. Entonces, los almogávares aprovecharon la ocasión para atacar a los moros fuera de su fortaleza. Carroz, que estaba pendiente de esta acción, regresó rápidamente con su ejército para conquistar finalmente el castillo y la ciudad, terminando con el poder de la gran Daniya islámica.

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125 años del Pequeño Carusso: El tenor Cortis de Denia

Dénia y la Marina están de celebración. En 2016 se han cumplido 125 años del nacimiento de Antonio Cortis, el gran tenor dianense al que llamaban el Pequeño Carusso o el Carusso Español por haber recibido lecciones del gran tenor Enrico Caruso y por su similar estilo en el canto.  Un busto, bajo el cual hay una placa conmemorativa, recuerda la figura del tenor Cortis en la antaño plaza Redonda, y que hoy lleva su nombre en homenaje a esta gran figura de la lírica que triunfó en los teatros de ópera más importantes del mundo, dejando huella en ciudades como Milán, Chicago, La Habana, Montecarlo o San Francisco.

Con motivo de la celebración de esta efeméride, la ciudad ha confeccionado un programa de actividades con exposiciones, ofrendas florales, conciertos de distinta índole y actividades escolares. La Semana Internacional de la Música, que tiene lugar a finales de agosto, dedicará su programación al gran tenor dianense, con un concierto de la Orquesta de la Marina Alta (OMA) que pondrá la guinda. También hay prevista la organización, en otoño, de una exposición temática sobre este personaje en el Centre d’Art L’Estació y, en 2017, el ciclo de conciertos Dénia Clàssics le rendirá tributo.

Una exitosa carrera

Antonio Cortis nació en el año 1891 a bordo de un barco procedente de África con dirección a España. El parto sorprendió a su madre en alta mar, que decidió volver a España poco después de que falleciera su marido.   La intervención de unos vecinos de Altea resultó clave para que la mujer pudiera embarcar en el puerto de Orán en un barco correo, habida cuenta de su situación de pobreza.

Su madre trabajó de aiguadora en aquella plaza Redonda del centro histórico de Dénia, conocida hoy como plaza Tenor Cortis.  Sin embargo, con sólo cinco años ya comenzó un periplo de viajes en Valencia y Madrid donde muy pronto demostró sus dotes y habilidades para la música y el canto.

En 1909, gracias a su hermano (que ya era barítono) pudo trasladarse a Barcelona donde completó sus estudios de violín e inició los de Harmonía y Composición.  Poco después, y aprovechando la reapertura del Liceo, consiguió ingresar en el coro de este teatro, comenzando una larga y exitosa carrera como tenor segundo y, posteriormente, primero. Después de triunfar en el Teatro Real de Madrid ofreció conciertos en Italia y firmó nuevos contratos en América, donde vivió durante muchos años.

Cortis y Villa Carmen

A pesar de su fama, Antonio Cortis siempre se mostró orgulloso de su origen dianense. Volvía siempre que podía a visitar a su madre en su casa del Montgó,  bautizada como Villa Carmen. Aún hoy se dice que cuando el tenor estaba en la casa hacía resonar su voz desde la falda del Montgó hasta el puerto de Dénia.

La casa fue construida en 1929 y constituyó la residencia permanente del tenor desde el final de Guerra Civil hasta 1952, cuando falleció. Conocida como La Campanera, la villa se convirtió durante aquellos años en el centro de la vida cultural de Dénia. Aunque la casa fue vendida y pasó por manos de varios propietarios, los actuales ya han avanzado su voluntad de que La Campanera pueda volver a acoger conciertos y actuaciones de música en homenaje al tenor.

 

La vida del Tenor Cortis llegará también a los escolares de la ciudad con la campaña de animación a la lectura que se lanzará desde la Biblioteca Pública para el próximo curso y que incluye la reedición de un cuento sobre el Tenor Cortis y un espectáculo para alumnos de secundaria en el que se les acercará al mundo de la voz.

Como colofón a las celebraciones del Año Tenor Cortis, en el mes de marzo de 2017 se inaugurará una exposición homenaje al tenor en el Centre d’Art l’Estació para la que el departamento de cultura ha contado con la colaboración del dianense Javier Pérez Carrió, que durante este tiempo ha estado buscando en medio mundo a través de internet material relacionado con el trabajo de Cortis en importantes ciudades como Chicago, Barcelona o Milán.

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La Caldera del Gas: Un servicio pionero

¿A qué no sabías que Dénia fue pionera en el suministro de gas? Lo fue junto a Madrid, Barcelona y Valencia, únicas ciudades donde se prestaba este tipo de combustible a finales del siglo XIX.
La construcción de la caldera del gas, el 6 de mayo de 1888, constituyó pues una novedad y prácticamente un hito para el municipio. Su ubicación, al sur de la ciudad, no fue por casualidad, pues el hecho de que se tratara de una las partes más bajas ayudaba al gas licuado a subir mejor hacia la caldera. La primera concesionaria del servicio fueron los británicos “The Anglo-Spanish Gas, C. L.”, que regentaron el suministro durante un periodo de 20 años, del 1 de enero del año 1888 al 31 de diciembre del año 1907.
El primer servicio, que licuaba gas a partir de la hulla (carbón fósil), sirvió para crear una red de alumbrado público el 6 de mayo del año 1888, que comenzó a funcionar en el centro, el puerto y el Hospital de la Caridad. Esta se componía de dos gasómetros. El gasómetro era una especie de hoya invertida, sellada en el fondo con agua para evitar que el gas escapara y que mediante unos contrapesos -que se añadían o quitaban de forma manual- dotaban al sistema de la suficiente presión como para que el gas llegara a todos los puntos de la ciudad. En cuanto a los contadores habían dos tipos: uno para la gente con menos recursos, que compraba unas monedas en la fábrica obteniendo así una cantidad de gas por moneda; y uno fijo para la gente adinerada, que pagaba una mensualidad, tal y como se hace hoy en día.
La caldera de gas se mantuvo en funcionamiento, haciendo la vida más cómoda a los dianenses, hasta que la Guerra Civil acabó con la factoría y todas las instalaciones, desmanteladas por miedo a que un ataque las convirtiera en una auténtica bomba que destruyera gran parte de la ciudad. Se comenta que durante el conflicto bélico, el destructor Canarias, en uno de los bombardeos a la ciudad, atravesó con uno de los proyectiles la campana de la caldera grande, pero de una manera tan limpia que no llegó a explotar. Por desgracia el proyectil fue a colisionar en una vivienda cercana, provocando la muerte de una niña.
Denia no volvió a contar con servicio de gas hasta hace unos pocos años, que se puso en marcha el gas ciudad. En 1999 la infraestructura fue seriamente dañada durante la urbanización de la zona, quedando derruído parte del edificio, donde se podían encontrar las antiguas oficinas y parte de la muralla que cierra el recinto.

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Un paseo en ferrocarril por La Marina

Si hay algún medio de transporte que vertebre desde hace años las dos comarcas que forman La Marina es el ferrocarril. El también llamado Trenet de la Marina ya es centenario. Muy lejos ha quedado aquel 28 de octubre de 1914 cuando su locomotora se dejó escuchar por primera vez, en una fecha que supuso un hito en el desarrollo económico de ambos territorios, separados por el puente del Mascarat.
Fue el Rey Alfonso XIII (bisabuelo del actual monarca español) quién puso la primera piedra en La Vila al son de las bandas de música que saludaban aquellos primeros vagones, que en menos de un año, en concreto el 11 de julio de 1915, llegaban a Dénia gracias a la prolongación de la vía. Lo hizo una locomotora que transportaba plantas, flores y banderas, y que arrastraba cinco coches de primera, uno de segunda, uno de tercera y un coche salón.
Cerca de 2.000 trabajadores participaron en las obras, que se vieron obligadas a detenerse durante un breve tiempo con el estallido de la Primera Guerra Mundial, que afectó a la constructora, de origen francés. No obstante las obras avanzaron a buen ritmo, dando como resultado una fabulosa obra de ingeniería (que aún es referente, hoy día) necesaria para salvar sierras, desfiladeros, ríos, barrancos y acantilados. Sin ir más lejos, y como ejemplo, recordar que el itinerario cuenta con 2,5 kilómetros de túneles, 7 viaductos y 17 puentes.
La creación del ferrocarril, en una época donde los coches y camiones en España tenían un papel poco menos que testimonial, impulsó el desarrollo económico y demográfico de ambas comarcas, al posibilitar un transporte de personas y mercancías más rápido y eficiente, contribuyendo al mismo tiempo a la expansión de los puertos de Alicante, Altea y Dénia.
Pero su más que acreditado papel como símbolo de la llegada del progreso a toda la zona norte de la provincia alicantina fue dejando lugar, con el paso del tiempo, a un papel secundario a medida que mejoraban las infraestructuras. Más cuando la aparición de modernos sistemas de transporte no ha ido la misma velocidad que las mejores introducidas en la línea. De hecho, para cubrir la distancia entre Dénia y Alicante (alrededor de 100 kilómetros) se requieren más de dos horas y media. La orografía del terreno (junto a la falta de financiación, dificultades para las expropiaciones de terrenos y otros intereses ‘ocultos’) provocaron que sus vagones tengan que desplazarse sobre una vía estrecha, con velocidades que oscilan entre los 42 y los 48 kilómetros/hora.
Sin embargo, la importancia y gran cantidad de municipios que conecta, los bonitos paisajes que permite disfrutar al viajero y el encanto que siempre destila cualquier trayecto en tren le han conferido una destacada relevancia turística. Sin olvidar la modernización (lenta, pero progresiva) de los vagones, que se han ido sustituyendo por tranvías de última generación.
Antiguo, algo caduco, pero simbólico e igual de necesario. Es el Trenet de la Marina.

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El castillo de los Condes de Dénia

El castillo de Dénia se puede conocer desde diferentes perspectivas y puntos de vista. Su longevidad y riqueza histórica, albergando distintos periodos monárquicos y episodios bélicos, así lo permiten.

Desde el blog de la Guía del Turista queremos invitaros a que descubráis con nosotros parte de la fortaleza dianense viajando hasta la Baja Edad Media, concretamente hasta la segunda mitad del siglo XIV, durante el dominio de los Condes de Dénia. Diferentes fortificaciones y modificaciones en la estructura arquitectónica del castillo forman parte de la herencia que dejó Alfons d’Aragó (También conocido como Alfons “El vell”), el Conde de Dénia.

Algunas torres y lienzos de muralla de esta época recibieron la impronta del conde, especialmente por el atractivo de la figura del propio conde, cuyos dominios abarcaban gran parte de los territorios de la Marina Alta y las montañas de la Marina Baixa, incluyendo el actual término de Benidorm. condado que abarcaba parcialmente puntos de la Marina Alta, la Marina Baixa y la Safor.

Este aristócrata jugó un papel capital a la hora de fortificar las murallas de Dénia, especialmente en el lienzo que integraba el portal del Mar, hoy fosilizado por la calle Diana, así como algunas de las torres de la antigua Vila de Dénia (creada por su abuelo, Jaume II), como la torre de la Pólvora.

El Conde de Dénia fue también responsable de algunas de las intervenciones de mejora que se efectuaron en la ciudad tras la reconquista cristiana, ya en el interior de las murallas. Es el caso de la intervención de mejora en las dependencias del Palau del Palau Vell (posteriormente, del gobernador), con la reparación de cubiertas y tejados en diferentes cámaras como la cocina, el establo o el patio de armas.

Los graffiti medievales más antiguos

Sin embargo, lo más reciente y novedoso cuando hablamos relacionamos el castillo con el Conde de Dénia se puede encontrar en la Dehesa del Gobernador, ubicada al final de la calle Santísima Trinidad, un complejo arqueológico todavía por excavar (allí se hallarán con seguridad elementos de la época andalusí) y que desde 1304 constituía el espacio fortificado de la Albácar. Allí, en una parte del lienzo, se distinguen una serie de graffitis de origen medieval datados entre los siglos XIV y XV que describen elementos y capítulos de la sociedad de la época.

Las obras se encuentran, concretamente, en el exterior de la muralla norte, haciendo mención a la vida marinera y describiendo un paisaje náutico con las embarcaciones características que atracaban por entonces en el puerto de Dénia, cuya importancia ya era capital por su ubicación geoestratégica y punto de partida para multitud de rutas comerciales por el Mediterráneo. Galeras, barcas catalanas, llaüts, pesqueros… son algunos de los elementos que se plasman en las murallas, donde también se puede identificar la representación gráfica de distintas torres, una de las cuales se hallaba en la dársena dianense para advertir a las embarcaciones.

Todos ellos son dibujos reales, confeccionados en el momento de la repriscinación de las murallas, y que supone la publicación más antigua de graffitis medievales que se han hallando en España.

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El Cementerio de los Ingleses: El pequeño Gibraltar

El Cementerio de los ingleses está ubicado en un recinto de unos 2000 metros cuadrados situado junto al paseo de la Marineta Cassiana, en el litoral sur de Dénia. Aunque está cerrado por un muro de unos tres metros de altura se puede acceder a su interior ya que no existe puerta alguna, aunque lo que hallaréis allí es un mar de arbustos y matas que no permiten contemplar con nitidez lo que fue el cementerio.

Pero para hablar del cementerio Inglés de Denia (llamado por algunos El Pequeño Gibraltar) hay que hablar de la historia del comercio de la pasa. La actividad comercial de la uva seca con Inglaterra se desarrolló en Denia durante la segunda mitad del siglo XVIII y a lo largo del siglo XIX, lo que provocó la presencia de numerosos ciudadanos británicos en esta ciudad.

Este comercio permitió la aparición de riqueza y prosperidad de la que se beneficiaron prácticamente todos los estamentos de la sociedad.  Muchos británicos que participaban de estas fructíferas relaciones comerciales se fueron asentando en la ciudad.  Sin embargo, las constantes epidemias de cólera, la corta esperanza de vida de la época, los temporales marítimos y los conflictos religiosos provocaron que el vicecónsul inglés en Denia impulsara la construcción de un Cementerio Inglés en la ciudad para poder allí enterrar a sus compatriotas.

De esta forma se construyó en 1856 el llamado como cementerio de los ingleses, llevándose a cabo ese mismo año el primer enterramiento. En 1883 tuvo lugar una mejora y ampliación del mismo, produciéndose el último enterramiento en 1918. En total fueron enterradas allí un total de 14 personas. Las leyendas sobre este cementerio, como las de cualquier otro, son múltiples.

Entre otras, se cuenta que en 1799 la fragata inglesa Guadalupe naufragó frente a las costas de Denia, lo que llevó al gobierno británico a comprar este terreno para albergar los cadáveres del naufragio. Una leyenda falsa, ya que el cementerio se inauguró en 1856 (57 años después del naufragio de la fragata Guadalupe). Sí que se produjo dicho naufragio, pero los 147 tripulantes que murieron (de 327 que iban en la fragata) fueron enterrados en la playa.

Sin embargo, hay quién afirma haber visto y oído a los fantasmas de los marineros de la Guadalupe cantando antiguas canciones inglesas mientras otean el horizonte esperando el regreso de su nave. La leyenda también habla de voces de marineros borrachos en las noches de luna llena.

Más allá de leyendas, fantasmas y noches de luna llena, el Cementerio de los Ingleses continúa siendo un atractivo si visitáis esta zona del litoral sur dianense, por ubicarse en un entorno privilegiado y por ser testigo de la historia de la ciudad.

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La Marina, refugio y tierra de Corsarios

El litoral de la Marina, destino en el presente de muchos turistas ávidos de sol y playa, fue antaño importante bastión para los corsarios. Su privilegiada ubicación geográfica, en la parte más meridional del golfo de Valencia y a sólo un paso de las Baleares, le convertían en un refugio perfecto para que estos temidos marineros fondearan para surtirse de provisiones, dar rienda suelta a sus ansias de jolgorio o reparar sus maltrechas naves, testigos de múltiples batallas y aventuras en alta mar.

Puertos y calas como las de Dénia, Jávea, Moraira, Calpe o Altea se convirtieron en un lugar habitual donde los corsarios establecían de manera provisional (en la mayoría de ocasiones) o con carácter más estable (en las menos) los marines corsarios. Tanto es así que hoy en día las fiestas de Moros y Cristianos de algunas poblaciones de La Marina tienen filaes que responden al nombre de Marinos Corsarios

La tradición se remonta muchos años atrás. Ya en la época islámica, el rey Mujahid de Dénia construyó gran escuadra formada por marinos y piratas. Tras la reconquista cristiana la ciudad continuó siendo un enclave estratégico para los corsarios, hasta el punto de que entre 1406-1476 el gobernador concedió licencias para armar las naves bajo patente de corso. En Dénia había catorce, siendo el mayor porcentaje de todo el reino. Los tipos de embarcaciones variaban dependiendo de las posibilidades que ofrecieran para alejarse más o menos de la costa. Generalmente eran naves muy rápidas y aptas para llevar a cabo una buena navegación. Predominaban los leños o bergantines, fustas o galeotas de unos 15 ó 20 metros de eslora, algunas sin cubierta. Podían llevar alguna pieza de artillería de bajo calibre. Muchos de estos navíos se dedicaban también a la presa de esclavos moros y negros, que posteriormente se vendían en los mercados de Alicante, Orihuela y Guardamar. Sin embargo, en 1448 el corso ilegal fue perseguido por las autoridades, acabando con este libertinaje y convirtiendo a los corsarios en objeto de persecución, hasta el punto de catalogarlos como piratas, delincuentes y, durante algunas etapas, como enemigos de la corona.

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