Ocaive (Foto Wikiloc)

De ‘Castellets’ por La Marina: Ocaive

En este nuevo post del blog de la Guía del Turista os proponemos una visita al Castellet de l’Ocaive. Esta pequeña fortaleza, de la que hoy restan en pie algunos muros y estructuras de piedra, tuvo antaño un importante papel, acogiendo a los señores feudales que tenían bajo su dominio gran parte del actual término del municipio de Pedreguer. Su situación geográfica, en lo alto de una peña, permitía divisar cualquier posible intrusión en la zona, por lo que para acceder al mismo habremos de transitar a pie por una bonita ruta senderista que nos permitirá, al mismo tiempo, disfrutar de la naturaleza y practicar un poco de deporte.

La ruta, que parte de Pedreguer, nos permitirá también disfrutar del patrimonio cultural de la zona, en forma de antiguos sistemas de aprovechamiento del agua, así como el trabajo de la piedra en seco. En el camino encontraremos minas de agua, pozos, ribazos, caminos de piedra y otros elementos destacables. Un importante legado que se ha conservado hasta nuestros días, y que nos permite hacernos una idea de cómo era la vida por estas tierras hasta no hace demasiado.

Arrancaremos desde la conocida Ermita de Sant Blai, situada en la parte más alta de Pedreguer. Descenderemos unos metros por el antiguo víacrucis y nos desviamos por una senda que discurre en paralelo a varias canalizaciones de agua, de diferentes antigüedades. Todo ello tras divisar un panel que nos indica el camino a seguir.

Siguiendo el mismo, pasaremos junto a un gran depósito de agua, que recoge las aguas procedentes de Ombrereta, una antigua mina de agua que forma parte de un sistema hidráulico inaugurado en 1887, y que sigue abasteciendo de agua a Pedreguer. Merece la pena detenerse un momento para echar un vistazo al antiguo acueducto, la mina de agua, y leer la información del panel explicativo. En este punto también encontramos una mesa de picnic.

Desde la pequeña zona recreativa de Ombrereta, la senda se vuelve cuesta arriba y comenzamos el ascenso hacia el Castellet de l’Ocaive, situado en lo alto de un pequeño collado. Ya en lo más alto podremos disfrutar de las bonitas vistas.

Tras descansar y contemplar lo que resta de esta antigua y pequeña construcción medieval, regresaremos hasta la bifurcación anterior para comenzar el ascenso que nos llevará hasta el Camí dels Pouets (camino de los pozos), una partida rural que se localiza en la Muntanya Gran de Pedreguer y en la que destacan gran cantidad de aljibes y pozos que hay en  relacionados con la explotación agropecuaria. Como detalle curioso resaltar que durante el siglo XIX y principios del XX hubo un gran auge del cultivo de uva moscatel, para su posterior transformación en pasa. Se calcula que había unas unas 500 casas diseminas por las partidas de Els Pouets y la Font d’Aixa, en término de Pedreguer. El difícil acceso, la escasa rentabilidad y otros motivos, propiciaron el abandono de estas tierras a partir de la segunda mitad del siglo XX.

Ya sólo nos quedará seguir las indicaciones en la misma senda, atendiendo siempre a las bifurcaciones, para regresar a Pedreguer (punto de salida), por el propio Camí dels Pouets

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Dibujo de Dianium de Miquel Ortolà

La Dianium Romana: todo un mundo por descubrir

Capital turística y ciudad gastronómica por antonomasia en la Costa Blanca, la Dénia que hoy conocemos ya fue codiciada y amada por diferentes civilizaciones en el pasado. Una de ellas, quizá de la que menos se ha hablado por estos lares, la romana. Posiblemente porque aún falta mucho por descubrir y por conocer, ya que son relativamente pocas las excavaciones que se han podido efectuar en la anterior Dianium.

Lo que es innegable es que el origen de la actual Dénia, como ciudad, corresponde a  la época romana.  Realmente en sus comienzos fue una colonia helena llamada Hemeroskopeion, pero fueron los romanos los que le dieron el nombre de Dianium, en honor a la diosa Diana. Los textos antiguos hablan de una enorme estatua de la Diosa Diana que se podía observar desde kilómetros mar a dentro, aunque no se han encontrado restos que lo confirmen. Textos clásicos donde se atestigua tambiuén que en el siglo I a. C. las tropas romanas del general Quinto Sertorio establecieron en Dianium una base naval, aprovechando su excelente ubicación.

Una situación geográfica y geoestratégica envidiable, que permitía ya en la antigüedad controlar desde el golfo de Valencia y la costa de Alicante cualquier navío o dispositivo militar que se aproximara, y que al mismo tiempo permitió establecer una base naval de primer orden. Su idiosincrasia estuvo ligada en los comienzos a la figura de Quinto Sertorio, en latín Quintus Sertorius (Nursia, 122 a. C. -Osca, 72 a. C.): un destacado político y militar de la época final de la República romana, célebre por el movimiento antisilano que dirigió en Hispania, que dejó impronta en Dénia. De hecho, hoy día todavía hay una calle  que lleva su nombre.

Durante el Alto Imperio, la ciudad disfrutó de un periodo de esplendor pasando de ser ciudad estipendiaria a tener la categoría jurídica de municipium. Sin embargo, y aunque alcanzó rango de sede episcopal, ya hacia el siglo III d. C. debió sufrir las incursiones de los pueblos germánicos.

Si queréis saber más de la Dianium romana os recomendamos que visitéis el Museu Arqueològic de Dénia, ubicado en lo alto del castillo, concretamente en el denominado Palau del Governador. En él puede observar una sencilla pero muy elocuente colección de piezas arqueológicas que -por centrarnos en las que afectan a la época romana- remiten al esplendor de esta comunidad como municipio de derecho latino (ver, sobre todo, las inscripciones que se guardan en la Sala II del Museo) y como puerto comercial (con notable colección de ánforas de diversas procedencias) desde época de Augusto.

También en el recinto del Castell, hacia el Norte, puede contemplarse una excelente panorámica del denominado Hort de Morand, área aun virgen arqueológicamente y en la que debió tal vez ubicarse el foro municipal.

Dibujo de Miquel Ortolà

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Salazones

Los salazones de La Marina

En La Marina disfrutamos de muchos placeres, entre los cuales se encuentra, sin duda, la gastronomía. Carnes, pescados, arroces, verduras…cocinados bajo las recetas de la tradición y la vanguardia conquistan el paladar de turistas y visitantes, que aprecian la calidad de los restaurantes que predominan en todo el litoral norte de la Costa Blanca.

Entre los manjares tradicionales que ofrecen sus cartas y menús se encuentran los salazones. El atún, la mojama, el bonito o melva (garrofeta), la sardina, el capellán, el mújol, la maruca o corvina…son un auténtica gozada que podemos disfrutar simplemente con pan y aceite de oliva virgen (en nuestra tienda Melicatessen podrás encontrar aceite autóctono de La Marina), acompañado si lo preferís de un poco de tomate.

La salazón procede de nuestra cultura gastronómica y alimentaria. De hecho, es un método tradicional para preservar los alimentos y poder consumirlos durante más tiempo. Se sabe que los antiguos egipcios ya ponían las carnes en salazón para almacenarlas y mantenerlas comestibles durante largos periodos. También hay evidencias de similares usos en la China del tercer milenio antes de Cristo.

Realmente lo que hace la salazón es deshidratar parcialmente los alimentos, lo que también ayuda a reforzar su sabor. Podemos salar frutas y vegetales, aunque lo más frecuente es hacer salazones de carnes y/o pescados. A menudo se suele emplear para la salazón una mezcla de sal acompañada con nitrato sódico y nitrito. Es muy habitual también acompañar la sal con sabores como pimentón, canela, semillas de eneldo o mostaza.

¿Cómo se preparan los salazones en La Marina?

  1. Limpiar las vísceras dejando sólo la carne magra y la espina dorsal.
  2. Se pone una capa de sal de un centímetro de espesor como lecho y se coloca el pescado extendido sobre su superficie. Sobre la capa anterior de pescado se pone otra capa de sal del mismo grosor y se repite la operación obteniéndose diferentes capas de sal y pescado. Finalmente sobre la última capa de sal se pone un peso (Por lo menos la mitad del peso del pescado en salazón)
  3. El producto necesita ahora reposar. Para ello el apilamiento anterior se mantiene semana y media en reposo
  4. Tras el tiempo establecido de reposo se saca el pescado y se lava con una solución de agua y vinagre (al 10%)
  5. Después del correspondiente lavado se pone al aire en un sitio con corrientes de aire pero que no le dé directamente el sol. Según el clima del lugar se deja unos días. En preparaciones como hueva o mojama las capas permanecen en reposo durante 24 horas, para posteriormente lavarlas e introducirlas en prensas que escurren el agua. Tras pasar por el secadero se envasan al vacío.
  6. Por último haremos el secado. Tiene lugar en la secadora, una habitación aislada con extractor de humedad que aplica calor seco (su uso es exigido por sanidad).

 

¡¡Y a disfrutar!! Buen provecho.

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Denia siglo XIX

Viajando en el tiempo: un paseo por la Dénia del Siglo XIX

Además de una capital turística y gastronómica, Dénia es una ciudad con mucha historia. Distintas son las civilizaciones que se asentaron en este lugar del Mediterráneo aprovechando su privilegiada situación geográfica y las bondades de su clima, dando lugar a Dianium, Daniya y a la actual Dénia.

En este nuevo post del blog de la Guía del Turista os proponemos regresar al pasado, pero al pasado más próximo. Queremos rememorar a través de un recorrido a pie una época de esplendor relativamente contemporánea, de la que no se escribe tanto, pero que ha dejado su impronta en la actual ciudad: La Dénia de finales del siglo XIX, cuando vivió su expansión y crecimiento urbanístico, con la llegada de una burguesía creciente que en base al negocio de exportación de la pasa transformó el núcleo urbano con importantes infraestructuras, la remodelación de la trama urbana y el florecimiento de negocios y posibilidades de ocio, en una época efervescente para la economía y la sociedad.

Nuestro recorrido para reencontrarnos con esa Dénia nace de la Oficina de Turismo comenzamos la visita en el Museo del Juguete, ubicado donde antiguamente se situaba la estación de tren Dénia-Carcaixent. En la planta baja del mismo hallaremos también el Centro de arte “L’Estació” con exposiciones temporales. Tras la visita al museo nos dirigimos hacia la calle Marqués de Campos, arteria principal de la ciudad, y fácilmente reconocible por los grandes bananeros que la flanquean. Debe su nombre a D. José Campo, importante personaje del S. XIX que realizó grandes mejoras en la ciudad como la creación de una fábrica de gas para el alumbrado, la vía de Ferrocarril Dénia-Carcagente y la iniciación y constitución de la Sociedad de Obras del Puerto.

Posteriormente nos dirigiremos hacia la Glorieta del País Valencià, donde hasta hace unas décadas se celebrada el Mercat Municipal para alcanzar la plaza del Ayuntamiento, donde se puede visitar el edificio consistorial y la Iglesia de la Asunción. Desde allí se puede alcanzar fácilmente el Museo Etnológico (No dejéis de visitarlo. La entrada es gratuita), que alberga una típica casa burguesa, y donde os encontraréis con la Dénia del S. XIX, enriquecida por el comercio de la pasa. El museo está enclavado en la calle Cavallers, junto a las calles Major y San José, compartiendo escenario con un llamativo conjunto de casas construidas a finales del S. XVIII y durante el S. XIX, íntimamente relacionadas con la riqueza y la burguesía que aparecen alrededor del fenómeno de la pasa.

Paralela a ella transcurre la calle Loreto, lugar que combina restaurantes y tascas con la presencia del Convento de las Agustinas o Convento de Nuestra Señora de Loreto. Si volvemos hacia la plaza de la Constitución y tomamos la calle la Mar pasaremos por delante del antiguo almacén de Morand, donde en el s. XIX se clasificaba y empaquetaba pasa para su exportación. Y, girando a la derecha por la calle Cándida Carbonell, otro gran almacén de pasa, en este caso, el de la compañía inglesa “Cooperative Wholesale Society”. Muy cerca de allí, en la actual y remodelada calle La Mar, la estructura de vivienda que hoy acoge pubs, tiendas y otros negocios en esa época fue también sede de otros almacenes donde se seleccionaba y trataba la pasa antes de embarcarla hacia Gran Bretaña y otros lugares de ultramar.

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Baix la mar

El barrio de Baix la Mar: cuna de pescadores

El barrio de pescadores, también conocido como Baix la Mar (por su cercanía al puerto y al tramo costero) es visita obligada o, al menos, merece un tranquilo paseo en el que poder ir descubriendo plazas y rincones con encanto donde aún se adivina la vida y costumbres de aquellos dianenses vinculados durante tantas décadas a la pesca, al comercio y, en definitiva, al mar.

La trama urbana actual del barrio Baix la mantiene su origen en el siglo XIX, aunque muchas de sus calles ya estuvieron ocupadas por los árabes con el nombre de Raval de la Mar o Raval Marítimo. De hecho, de los cuatro ravales de la época islámica, este último era, con toda probabilidad, el más relevante de todos. Así pues, durante nuestro recorrido habremos de fijarnos en la escasa altura de las viviendas y edificaciones (máximo dos alturas) además de en la forma de sus calles estrechas y plazoletas características, en muchas de las cuales será posible identificar algún elemento histórico o artístico que explica su trayectoria vital. Es el caso de la Plaza de Sant Antonio la conocida como Plaçeta de la Creu, reconocible porque hay una cruz ubicada en la parte central junto a una pequeña fuente y  un panel de cerámica de San Pere.

Para reponer fuerzas o simplemente tomar una cerveza os recomendamos que hagáis un alto en el camino en la plaza Mariana Pineda, lugar ideal para disfrutar dela brisa al atardecer o reservar mesa para cenar durante los meses de verano. Precisamente en este emplazamiento, además de haberse rodado en el pasado multitud de películas, se celebraba siempre hacia finales de agosto un festival de variedades y expresión libre llamado la Flexió Verbal, que contribuía a dotar de un aire bohemio este punto ubicado en el corazón de Baix la Mar. Hoy día este bullicioso pero encantador rincón es una referencia, no sólo para el turista de la ciudad sino también para los propios dianenses, testigos del paso del tiempo en este punto neurálgico.

Volviendo hacia la fachada marítima un paseo conocido como El Raset (lugar en el que fue proclamado como Rey el Archiduque Carlos de Austria, dando lugar  a comienzos del siglo XVIII a la Guerra de Sucesión), donde las antiguas tabernas y casas de pescadores han dejado paso hoy a tiendas de souvernis, restaurantes y locales de copas. Y es que poblada de terraza, pubs y bares donde tapear, Baix la Mar se ha convertido en un barrio tan pintoresco como emblemático, concentrando buena parte de la oferta gastronómica y de ocio de la ciudad, la cual convive con esta idiosincrasia reposada y tranquila que siempre ha distinguido a esta zona de la ciudad.

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Plaça-Bous-Ondara

Passió pels bous: Ondara y la Joya Levantina

Junto a Dénia y Pedreguer, y sin ánimo de desmerecer a otros muchos municipios donde también se celebran toros, Ondara merece un capítulo aparte. La existencia en el centro del casco urbano de una plaza de toros centenaria, la bautizada como Joya Levantina, da pie a un tipo de acto taurino distinto, pues al atractivo de poder ver a las reses en un escenario más apropiado se une la relevancia artística y el simbolismo de este coso, que data de comienzos del siglo XX y que está ligado a la idiosincrasia del municipio.

Bajo una arquitectura inspirada en el arte Mudéjar (como se puede observar en sus elementos de estilo árabes como arcos de herradura, almenas escalonadas…) y consólida estructura de mampostería y mortero, la Joya Levantina fue inaugurada el 28 de octubre de 1901, en un periodo de bonanza por el cultivo y la comercialización de la pasa en La Marina. No obstante, la crisis económica que sufrió Ondara en 1904, junto con una grave epidemia, afectó seriamente a gran parte de la población así como a la sociedad creadora de la plaza, que terminó por disolverse en el año 1910 ante el incumplimiento de pagos. La consecuencia fue que la plaza de toros fue embargada al pueblo de Ondara.

Durante la dictadura de Primo de Rivera continuaron celebrándose espectáculos con normalidad, lo que contrastó con el periodo republicano, cuando la crisis económica y la crispación social y política hicieron disminuir el número de representaciones taurinas. Pero serán los años de la Guerra Civil los que tendrán un efecto demoledor sobre el edificio, que fue afectado gravemente por los bombardeos y quedó en ruinas. Acabado el conflicto bélico, y tras muchos esfuerzos, durante la dictadura de Franco el Ayuntamiento de Ondara consiguió recuperar la plaza de toros, llevándose a cabo los movimientos necesarios para que se accediera a su restauración.

Casi 20 años después, en 1957, la plaza de toros de Ondara vuelve a recobrar vida, siendo rehabilitada por el alcalde Julián Ferrando, bajo cuyo mandato optándose por encalar la plaza. Desde hace unos meses, las obras de rehabilitación han permitido que el recinto recupere parte de su aspecto original al ser eliminados los muros que la encerraban y privaban a los ojos de parte de su belleza.

Su visita, más allá del gusto o la pasión taurina que podáis tener, es casi obligada si os acercáis a La Marina. Es un consejo del blog de la Guía del Turista.

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corsarios

Dénia y La Marina,  tierra de  Corsarios 

La zona de la Marina, en general;  y enclaves costeros como Dénia, en particular,  ha  sido  durante  muchos  años  un  nido  de  corsarios  dada  su  privilegiada  situación  geográfica,  que  convertían  a  su  puerto  en  uno  de  los  pocos  fondeaderos  que  había  en  el  Mediterráneo  español.

La  tradición  se  remonta  muchos  años  atrás.  Ya  en  la  época  islámica,  el  rey  Mujahid  construyó  gran  escuadra  formada  por  marinos  y  piratas.  Tras  la  reconquista  cristiana  la  ciudad  continuó  siendo  un  enclave  estratégico  para  los  corsarios,  hasta  el  punto  de  que  entre  1406-1476  el  gobernador  concedió  licencias  para  armar  las  naves  bajo  patente  de  corso.  En  Dénia  había  catorce,  siendo  el  mayor  porcentaje  de  todo  el  reino.

Los  tipos  de  embarcaciones  variaban  dependiendo  de  las  posibilidades  que  ofrecieran  para  alejarse  más  o  menos  de  la  costa.  Generalmente  eran naves  muy  rápidas  y  aptas  para  llevar  a  cabo  una  buena  navegación.  Predominaban  los  leños  o  bergantines,  fustas  o  galeotas  de  unos  15  ó  20  metros  de  eslora,  algunas  sin  cubierta.  Podían  llevar  alguna  pieza  de  artillería  de  bajo  calibre.  Muchas  de  estas  embarcaciones  se  dedicaban  también  a  la  presa  de  esclavos  moros  y  negros,  que  posteriormente  se  vendían  en  los  mercados    de  Alicante,  Orihuela  y  Guardamar. Sin  embargo,  en  1448  el  corso  ilegal  fue  perseguido  por  las  autoridades,  acabando  con  este  libertinaje.

El  naufragio  de  la  fragata  Guadalupe

La  Guadalupe  era  una  fragata  real  con    34  cañones,  forrada  de  cobre  y  una  tripulación  de  327  hombres.  El  16  de  marzo  de  1799,  a  las  4  de  la  mañana,  huyendo  desde  el  día  anterior  de  buques  ingleses  y  bajo  un  fuerte  temporal  de  levante,  la  Guadalupe  embarrancó  en  la  denominada  Punta  del  Sardo,  a  apenas  100  metros  de  la  costa  de  Dénia.  Algunos  de  los  marineros  pudieron  alcanzar  tierra  a  nado,  informando  de  lo  sucedido.

Hacia  el  mediodía  el  buque  ya  tenía  muchas  vías  de  agua,  lo  que  obligó  a  la  tripulación  a  lanzar  al  mar  los  cañones  y  municiones  para  elevar  la  línea  de  flotación.  Pero  fue  en  vano,  porque  a  las  cuatro  de  la  tarde  un  nuevo  embate  partió  la  Guadalupe  en  tres  partes.  Muy  pocos  marineros  pudieron  llegar  a  tierra  firme.  Sin  embargo,  uno  de  ellos  volvió  con  un  cabo  que  lanzó  al  hacia  la  parte

de  proa,  montando  una  especie  de  andarivel  por  el  que  se  salvo  mucha  de  la  tripulación.    El  resultado  final  del  naufragio  fue  terrible.  Hubo  107  muertos,  que  se  enterraron  en  la  costa  dianense,  frente  al  naufragio;  y  40  desaparecidos.  Sólo  180  hombres  lograron  salvarse.

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sertorio

Sertorio: El caudillo que se levantó contra Roma

Denia es una ciudad con mucha historia. Desde sus inicios han sido distintas las civilizaciones que eligieron este privilegiado escenario para asentarse, tanto por su clima como por su destacada situación geoestratégica. Entre ellos, los romanos, que rigieron la antigua Diana estableciendo un importante núcleo poblacional, militar y especialmente comercial rebautizada como Dianium.

Mucho nos queda todavía por descubrir y conocer sobre ésta época y aquella ciudad. Las catas y prospecciones arqueológicas que se están llevando a cabo progresivamente así nos lo van revelando. Pero por encima de estos trabajos de investigación conocemos algunos pasajes relacionados con esta época histórica que merecen, como el que protagonizó Sertorio. Este nombre propio, que tiene dedicada una calle en la Dénia actual, fue un personaje de primer orden durante el final de la República Romana.

Según las crónicas, hablamos del primer gran personaje de la historia de Dénia. ¿Quién fue Quinto Sertorio? Los historiadores lo definen como un caudillo romano que se reveló contra el poder establecido. Y que en su exilio a Hispania, donde intentó fundar una república, hizo de Dianium la base naval de un ejército que hizo temblar al poder establecido. De hecho, durante mucho tiempo el general Sertorio doblegó a Sila y Pompeyo, que rivalizaron con él por dominar Roma en lo que fue una auténtica guerra civil (siglo I a.c.) que desembocó finalmente en la fundación del imperio como sistema.

Héroe casi mitológico

Con el paso de los años las victorias de Quinto Sertorio tomaron categoría de hazaña, calificándole como un auténtico héroe con un cariz mitológico. Y es que cuenta la leyenda que sus múltiples victorias se fundamentaban en una gacela blanca (un regalo de un cazador), que la acompañaba y que era capaz de interpretar los designios de la Diosa Diana. Y también cuentan las crónicas que un día esa misma gacela desapareció y, sin ella, comenzaron los reveses y derrotas bélicas para su ejército. Su suerte y fortuna cambio de tal modo que, poco después, concretamente en el año 73 de nuestra era,  el general Sertorio  era asesinado por su propio lugar teniente, tras ser apuñalado por la espalda.

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benimaquia

Los vinos de la Marina: Una tradición milenaria

La gastronomía de La Marina brinda en el firmamento de las Estrellas Michelín, presumiendo y con motivos de Ciudad Creativa de la Gastronomía (en el caso de Dénia, aunque se trate de un proyecto comarcal) y de presentar una cultura en los fogones que aúna vanguardia y tradición. Muchos son los motivos que explican este fenómeno, y también son variados los factores y circunstancias que lo aliñan y enderezan.

Entre estos últimos, una tradición vinícola que se remonta muchos siglos atrás, en concreto hasta el siglo VI a.c., y que nos traslada al Alt de Benimaquía. Esta colina ubicada en la cola del Montgó, en término dianense pero colindante a la población de La Xara, alberga una de las bodegas más antiguas de la península sino la que más. De hecho, los hallazgos arqueológicos y estudios efectuados a raíz de los mismos permiten afirmar que en esta zona privilegiada por su clima y su tierra fértil se elaboraron algunos de los primeros caldos que disfrutaron los Íberos.

La creencia originaria de que las murallas y torres que cercaban este cerro albergaban un poblado estable han perdido peso frente a la teoría de que toda esta fortificación acogía una especie de factoría para la producción de vino. Las excavaciones efectuadas han dado con estructuras de adobe y de tierra apisonada que formaba partas rectangulares en cuyas plataformas se llevaba a cabo el prensado de  las uvas, cuyo mosto y hollejos se recogería en las balsas adosadas para una primera fermentación de un par de días. A continuación el vino se trasegaría en ánforas donde tendría lugar la segunda y definitiva fermentación.

Y es que en estos yacimientos también se han localizado abundantes restos de ánforas para depositar y transportar el vino. Ánforas que no sólo servían para el consumo propio, sino también para el comercio con otras regiones del Mediterráneo. De ello se percataron los romanos, que cogieron el testigo de los habitantes autóctonos de estas tierras para sistematizar la producción del vino, extendido las bodegas a otras factorías como las localizadas recientemente en Xaló o en la Almadrava de Els Poblets.

Por lo tanto, esta tradición culinaria y gastronómica de la que se enorgullece La Marina tiene una base histórica y regada en vino, el que se producía centenares de años atrás en el Alt de Beimaquía, cuyos restos se pueden visitarse en una excursión relativamente sencilla y que os recomendamos desde el blog de La Guía del Turista.

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almodovar

Aristócrata y reformadora: la duquesa de Almodóvar

En el blog de La Guía del Turista os invitamos que recorráis con nosotros La Marina y también a que la conozcáis un poco más en profundidad a través de anécdotas, leyendas, hechos relevantes o personajes curiosos y significativos. Uno de estos últimos podría ser perfectamente Josepa Doménica Català de Valeriola (1764-1814), duquesa de Almodóvar y Grande de España, ostentando en la Marina Alta los títulos de baronesa de Xaló y Lliber y señora de Gata de Gorgos.

Pese a tratarse de una aristócrata en toda regla, la duquesa se distinguió siempre por su carácter inquieto, lo que facilitó la consecución de una educación elevada, algo impropio incluso para buena parte de la nobleza del Siglo XVIII. Ayudada por esta formación, y de una mente abierta con pensamiento progresista y liberal, doña Josepa Català se reveló contra el papel secundario que tenían las mujeres de esa época, abriendo el camino a posteriores movimientos reivindicativos y figuras feministas cuyo trabajo desembocó en el reconocimiento de buena parte de los derechos del sexo femenino durante el siglo XX.

Así lo relata el libro de la pedreguera Irene Ballester La duquesa d’Almodóvar. Vida d’una aristòcrata valenciana a la fi del segle XVIII, donde la autora subraya que Doménica Català creía firmemente en la necesidad de alfabetizar y formar a la población o, al menos, a las clases medias crecientes, lo que explica su herencia educativa: en su testamento dejó explícito que parte de su propio patrimonio se dedicara a la creación de escuelas, muchas de las cuales estuvieron abiertas durante décadas.

Una de ellas se ubicó en Xaló, donde gracias al dinero de la baronesa nacieron dos escuelas que funcionaron hasta muchos años después de su muerte, y que con su dinero se pagaron entre otras cosas los honorarios de los maestros.

Lo novedoso, además de acercar la educación a los humildes y desfavorecidos, fue su interés por la educación de ambos sexos, en una sociedad tan machista, si bien, y tal como recogen cronistas oficiales de la época, las niñas recibían una formación específica relacionada con las labores habituales reservadas a las mujeres. Y es que la duquesa podía ser reformista, pero no revolucionaria.

Su herencia también sirvió para mitigar la situación de huérfanos, siempre y cuando éstos tuvieran interés y aptitudes para ser formados en beneficio de la comunidad. Y tuvo relevancia a nivel arquitectónico, pues ayudo a incrementar el patrimonio de La Marina sufragando, por ejemplo, la construcción de una iglesia en Xaló, que está en pie con una inscripción que recuerda sus orígenes.

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