L'Atzúvia

De ruta por el interior de La Marina: L’atzúbia y Forna

Entre el verde de las serranías colindantes y los campos de cítricos se alza discreto pero coqueto la población de l’Atzúbia. Orgulloso de su pasado, estsa población fronteriza en las provincias de Valencia y Alicante, pero pertenenciente a la comarca de la Marina Alta, resalta por el color blanco de sus casas, con curiosas formas en los remates de los aleros de las tejas.

En el casco urbano destaca la imponente torre del campanario de la Iglesia de Sant Vicent Ferrer, así como el casco antiguo de origen musulman. Sus calles nos llevarán finalmente hasta la plaza del Ayuntamiento, donde una fuente morisca que hace brotar el agua procedente de las serranías colindantes nos permitirá refrescarnos.

La Cueva del Canelobre

Atzúbia ofrece, además, una joya natural: el Tossal del Llop. Allí se encuentra una zona recreativa de acampada con todos los servicios.  Y este paeraje se ubica también la Cueva de Canelobre, con bellas y brillantes estalactitas y estalagmitas que cuentan pacientes historias de agua y formaciones calizas con miles y miles de años de memoria.

Una fortaleza palaciega de origen musulmán

A poco más de 5 kilómetros se encuentra Forna, que anexionada a l’Atzúbia guarda el sabor de las tradicionales alquerías moriscas.  Si seguimos por la carretera que lleva a Cocentaina, a sólo tres kilómetros encontraremos el castillo, uno de los grandes monumentos de la provincia de Alicante y uno de los  principales atractivos de la zona. Su buen estado de conservación realza su atractivo para los visitantes y habitantes de los municipios limítrofes.

Aunque es de origen musulmán (fue morada del gran caudillo Al-Azraq), tras la reconquista cristiana pasó a manos de la orden de los Templarios, siendo disfrutado posteriormente por distintas familias feudales. De hecho es mas una fortaleza señorial y palaciega que defensiva. De planta cuadrada,  cuatro torreones ocupan sus esquinas. Dentro aún se pueden distinguir las antiguas dependencias de la plaza, el aljibe, la capilla, las cuadras donde antaño reposaban los caballos que tiraban de los carros de la nobleza, los aposentos de estas familias dintinguidas o la cárcel para malhechores, contrabanditas, bandoleros o, simplemente, herejes.

Una visita muy recomendable para cualquier época del año en la que naturaleza, historia y patrimonio van de la mano.

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Mistela Cims del Mediterrani

Productos de kilómetro cero en La Marina: La Mistela Cims del Mediterrani

Tras hablar de la recuperación del carnot, con este post inauguramos una nueva sección en la que deseamos compartir con todos vosotros las bondades de la gastronomía de la Marina. Para ello os invitamos a sentaros en nuestra mesa y disfrutar con algunos de los productos más representantivos de nuestras comarcas. Elaboraciones que llevan el sello y garantía de nuestros productores, lo que les imprime y dota de una calidad contrastada con aroma a tradición, sabor a mediterráneo y mucho cariño destilado durante todo el proceso.

Se trata de productos de kilómetro cero (de ahí el nombre de la sección) y ofrece, como su nombre indica, productos de proximidad, algunos de los cuales han recuperado recetas antiguas y otros, simplemente, se caracterizan por respetar al máximo el origen y la tradición, que no es poco en estos tiempos. Productos elaborados con materia prima singular y propia de la Marina y que podréis encontrar en Melicatessen, la despensa gastronómica que el grupo Melic os ofrece con productos típicos de la Marina en su oficina de la Avenida Miguel Hernández número 42 de Dénia (aunque también comprarlos por internet: www.melicatesen.com)

Esta serie de artículos arranca con estas líneas que dedicaremos, en primer lugar, a un producto que se ha convertido en un emblema de La Marina: La mistela Concretamente queremos serviros una copita ( o dos) de Cims del Mediterrani, que elabora la bodega de Antonio Llobell Cardona, situada en Teulada.  Hablamos de un vino dulce, prácticamente de un licor al que en esta zona se conoce comúnmente como  mistela, y que se ha elaborado a partir de la uva moscatel cultivada en misma zona de Teulada (DOP Alicante), al sur de la Marina Alta, donde los agricultores han conservado y/o recuperado esta variedad tan apreciada por sus características peculiares.

El singular clima de esta zona, pegada prácticamente al mar pero rodeada por montañas y próxima a la Vall de Xaló, le confiere a la mistela teuladina unas características casi únicas. Entre ellas destaca su cuerpo (mayor que en resto de bebidas similares), consistencia e intensidad, además de agradable sabor. Profesionales de reconocido prestigio internacional la han catalogado como una de las mejores mistelas en todo el mundo.

La calidad de este exquisito producto fue recompensada hace sólo unos años, cuando en el 2014 recibió la medalla de oro en el Concurso Internacional de Vinos de Lyon, en Francia. El certamen es uno de los más importantes y concurridos del continente europeo, ya que se presentaron hasta 3.685 vinos de 22 países diferentes, lo que demuestra la gran competencia existente y la bendición con la que contó la mistela teuladina por parte del jurado.

Un año antes,  la misma mistela obtuvo la medalla de plata en el XI Concurso Internacional de Vinos Bacchus 2013, considerado el más independiente y uno de los mayores del mundo.

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El carnot

El whisky de los pobres: ¿Una copita de carnot?

En estos días de bondades culinarias y excesos gastronómicos permitid que dediquemos un post del blog de la Guía del Turista a nuestros licores autóctonos, las llamadas bebidas espirituosas de La Marina, llenando la copa con una ella de ellas: el carnot. Y es que estamos de enhorabuena en el grupo Melic, donde con la ayuda de entendidos y expertos en la materia hemos logrado recuperar la receta paranvolver a llenar la botella con el denominado Whisky de los pobres.

Realmente no andamos por estos lares faltos de brebajes singulares y tradicionales. A la conocida  mistela de Xaló y de Teulada, esculpida con el codiciado moscaltel de Alejandría; el herbero de la sierra de Bèrnia o del Montgó (bebida espirituosa basada en hierbas aromáticas expresamente seleccionadas maceradas en una mezcla de anís) se unen otras bebidas típicas de la zona como la casalla (anís seco), sin duda la reina de la fiesta;  el café licor, un clásico importado desde Alcoy al ritmo de los moros y cristianos; la absenta, para valientes; o ese licor anaranjado y muy dulce bautizado como frígola (licor de tomillo que solo puede degustarse en la Marina y en Ibiza).

Junto a ellos, y en la misma mesa de esta tradición popular, debería sentarse el carnot. Prácticamente desaparecido de los bares y tascas actuales, esta bebida preparada sustancialmente a base de hierbas aromáticas de la sierra era muy consumida y valorada. Antaño, su compra y consumo era un clásico de esta zona. De hecho, si tiramos de hemeroteca, podemos consultar un ejemplar del periódico de La Vanguardia con fecha de 17 de agosto de 1969 (domingo).

En la sección Gentes pasadas por agua encontramos un artículo que lleva la firma del gran cronista valenciano Joan Fuster, con un reportaje costumbrista en el que aparece el carnot.  “Un líquido que tiene la consistencia ambarina y transparente del más acreditado ‘scoth’. Un clásico brebaje confeccionado con alcohol y hierbas de la montaña”, escribía Fuster.

La recuperación del carnot, que podéis degustar y comprar en nuestra tienda Melicatessen (en la avenida Miguel Hernández 42, en Dénia) es una buena noticia para todos. Para los amantes del buen comer y del buen beber, para los entendidos en gastronomía, para los aficionados a las bebidas espirituosas, para los que se preocupan para la preservación y difusión de la historia local y todo lo que sabe a tradición, para las viejas generaciones que lo bebieron…y para las nuevas, que tras escuchar de él (o no) ahora podrán hacerlo y comprobar la textura, olor y sabor de esa bebida que tantas historias y anécdotas (que iremos desvelando en próximos posts de nuestro blog) protagonizó a pie de barra. Porque las bebidas espirituosas, licores típicos y autóctonos de nuestra zona no deben quedar en el olvido. Son cultura, son historia, son tradición…y son patrimonio que hemos de compartir y transmitir con las generaciones venideras. Con moderación, por supuesto; pero con orgullo y buen paladar.

Alcemos pues nuestra copa y brindemos por el carnot, el whisky de los pobres… y de los no tan pobres.

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Rectoria-Segaria

La Rectoria: disfrutar de Segària y su entorno

Si no pertenecéis a la Marina, o no habéis frecuentado mucho esta zona, posiblemente os suene estraño el término La Rectoría. Bajo él se agrupan cinco municipios pequeños pero coquetos, que conviven en un radio de muy pocos kilómetros en un entorno natural con un denominador común: Segària.

Tormos, Sagra, Ràfol d’Almúnia, Benimeli  y Sanet i Negrals. Esos son los nombres de las localidades que se distribuyen a lo largo de Segària, la montaña que domina el centro geográfico de la Marina Alta. La oferta histórica y, especialmente, ecológica y paisajística es el principal atractivo que la Rectoria presenta como alternativa a otras ciudades vecinas de costa.

Un destino ideal para aquellos visitantes que gustan de huir de la masificación del cercano litoral o que busquen compaginar su estancia en las playas con otras actividades que les permitan disfrutar de la cultura y de la naturaleza.  Experimentar  instantes de desconexión y relajación propios del mundo rural y de los espacios naturales es lo que ofrece la Rectoría, que en los últimos años ha mejorado su conjunto de infraestructuras y servicios.

Rutas por el Gegant de Pedra

Conocida como el Gegant de Pedra, Segària ofrece distintas rutas para hacer deporte y disfrutar de la naturaleza. Algunas de ellas pasan, terminan o comienzan en estas poblaciones de la Rectoría, especialmente en Benimeli.

Desde la plaza Mayor de este pequeño pueblo arranca una de ellas, la conocida como ‘La Segària de Benimeli’ (Sendero SL-CV109).  Nos permitirá atravesar pequeños ecosistemas relacionados con el paisaje típico mediterráneo como huertos de naranjos, zona de matorral y escasa vegetación, alguna pinada…y disfrutar con los colores y olores de especies característicos del lugar como el romero, el tomillo, la camomila, el espino,  la coscoja  o el hinojo.

La práctica todalidad de rutas os llevarán cerca de la cumbre de Segària, con un mirador que permite descubrir impresionantes vistas de les Valls interiors de La Marina, el golfo de Valencia, al norte (con Cullera al fondo); el mar Mediterréneo con Dénia y su castillo, al este; y el Montgó y el resto de la comarca hacia el sur, con Pedreguer, Gata de Gorgos y Orba a lo lejos. Incluso, en días claros, se puede avistar la isla de Ibiza.

La ruta de la Segària de Benimeli también os llevará hasta el poblado íbero de Segària y cruzará por un antiguo yacimiento morisco, conocido popularmente como la Cadireta del Rey Moro. Ambos recomendables por su simbolismo histórico.

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Marina alta tierra de bandoleros

La Marina: tierra de bandoleros y de ‘roders’

¿Sabías que las comarcas de la Marina Alta y la Marina Baixa, junto a otras colindantes como La Safor, eran morada habitual donde se cobijaba un buen número de bandoleros? Nos referimos, claro está, al siglo XIX. Una época no tan lejana donde la presencia de los también conocidos como ‘roders’ no sólo era una constante en toda zona del Mediterráneo, sino también un acontecimiento para gran parte de la población de antaño, puesto que muchos de ellos fueron considerados como símbolos o, incluso, como auténticos héroes.

Si bien es cierto que en la documentación oficial de la época, la que aún perdura en archivos y bibliotecas especializadas, se encontrarán terminos como lladre’ (ladrones, en valenciano), y asesinos, para la cultura popular los miembros de estas bandas organizadas eran tratados desde un punto de vista romántico, alabando en ocasiones su valentía, su buena intención (muchos de ellos alardeaban de quitarle al rico para ayudar al pobre, al estilo de ‘Robin Hood’) o su servicio a la patria, en el caso de la Guerra de Independencia, cuando saqueaban y atacaban a destacamentos franceses que estaban asentados en toda esta región.

Además, el hecho de que, con el paso del tiempo, se hiciera pràctica habitual matar a los bandoleros capturados mediante el garrote, el fusilamiento, o incluso la ‘forqueta’ (descuartizar en cuatro trozos y freír el cadáver del asesinado, para después colgar los miembros en lugares visibles y públicos de los pueblos a modo de escarmiento) dividió a la opinión pública, siendo considerados héroes o villanos.

Para muchos eran una lacra a extinguir y había que combatirlos de todas las maneras posibles. De hecho, La creación en 1844 del cuerpo de la Guardia Civil tuvo como argumento principal, entre otros, perseguirlos y hacerlos desaparecer). En cambio, para otros sectores de la población, su forma de actuar, (generalmente contra el más pudiente), y los castigos que recibían les hicieron merecedores de ‘cierta’ solidaridad popular, convirtiéndoles en ocasiones en héroes de leyenda que merecían perdurar en el cancionero popular.

Todos estos bandoleros actuaban en grupo, aprovechando la orografía del interior de las Marinas y La Safor, con zonas de difícil accesibilidad que se prestaban a tender embocadas y poder escapar rápidamente sin dejar rastro. Además, no se les conocía, se les conocía por su verdadero nombre, sino por su «malnom» o apodo. Algunos de los ‘roders’ más conocidos de estas zonas fueron los cuatro hermanos Moxica, de Hondón de los Frailes; Jaime el Barbudo, de Crevillent; Camot, de Xàtiva; El Gato de Carlet; El Manco de Calderón, de Cocentaina; Mixana, de Castell de Castells; Destralet, de La Vall d’Ebo; o Quico Bolsón y El Roig de Corbera.

Toda esta información y muchos más detalles sobre bandoleros y ‘roders’ podéis encontralos en los libros Conflicte d’interessos: Bandolerisme i vendetta a la Marina Alta en temps de cacics (1844-1875) y La senda dels lladres. Bandolerisme als volants de la serra de Mostalla. Ambos son obra del periodista e historiador Manel Arcos, un gran experto en la investigación y divulgación del bandolerismo. Os los recomendamos.

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Una escapada por Llíber: ¿Te apetece?

Atractivo por sus calles y fachadas, Llíber es la más pequeña pero, a la vez, la más coqueta población con las que cuenta la Vall del Pop, en la comarca de la Marina Alta.  Vecina de Xaló, con la que comparte la cultura vitivinícola, Llíber cuenta con una situación geográfica privilegiada, ya que se encuentra protegido por las sierras de Bernia y el Castell de la Solana, y bañado por el río Gorgos.

La iglesia de San Cosme y San Damián, del siglo XIX, es uno de sus principales atractivos tanto por su tamaño como por su trascendencia espiritual y simbólica para los habitantes de esta población. La subida al Calvario, que nos regalará unas fantásticas panorámicas de todos los alrededores del municipio, bien merece la pena. En esos alrededores se incluye, como exponente, el paraje de la Font d’Aixa, que se halla en un estrecho valle entre montañas, recoge numerosas especies de flora que le dan un carácter singular y ofrece al visitante momentos de sosiego.

Además de su arquitectura característica, con una estructura empedrada que por momentos nos traslada hasta la época medieval, Llíber respira uva, pasa y vino. El pueblo está rodeado por cepas de vides que dibujan un paisaje agrícola y de extraordinaria belleza, a sólo un paso del mar. Precisamente la brisa marinera que se adentra hasta la Vall del Pop confieren a estas tierras un carácter especial para el cultivo de los caldos, destacando la producción del conocido y apreciado vino Moscatel.

Esta tradición en el cultivo y elaboración de la uva tiene una rica historia que todavía puede rememorarse a través de los riusraus que se reparten por todo el térmiino del municipio, y que dan lugar a una pequeña pero interesantísima ruta que os recomendamos encarecidamente. Ya sabés que los riuraus son construcciones agrícolas tradicionalede piedra, cuya presencia va íntimamente ligada a esta parte concreta del Mediterráneo español y valenciano. Se caracterizan por sus amplias arcadas en los laterales, donde se deja secar la uva al sol sobre unos cañizos preparados para ese menester.

Pero, en estas tierras de vino, sol y brisa mediterránea también hay lugar para los almendros, que se reparten entre los bancales para proporcionaros un espectáculo sin parangón con la llegada del invierno, cuando llega la época de floración y el campo se viste de rosa y blanco.

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Mercats de la terra

Aproximándonos al kilómetro cero de la gastronomía: Mercats de la Terra

Hace pocas días hablábamos de la excelencia de la gastronomía de la Marina Alta en cuanto a variedad y calidad. Cocina que se desarrolla a caballo entre el mar y la montaña, y tiene como referencias la tradición y la apuesta por un producto de proximidad, también llamado de kilómetro cero. Precisamente a este último queremos referirnos en este nuevo post en el blog de la Guía del Turista, a través de los denominados Mercats de la Terra, donde podéis encontrar cada fin de semana productos ecológicos de La Marina de manos de pequeños productores.

Hay varios enclaves de este tipo. Cada uno con sus particularidades, pero todos ellos con el aroma a tradición, el sello del buen hacer y la naturalidad y proximidad que ofrece este tipo de comercio.  Una forma diferente de hacer turismo rural, a través de la visita a estas poblaciones; cultural, al poder intercambiar impresiones con productores y agricultores que tienen mucho que contar y explicar sobre cómo hacen las cosas; y gastronómico, ya que se pueden comprar, probar y degustar productos de toda clase que a buen seguro os dejarán un gran sabor de boca.

Algunos de estos mercados son:

El Mercat de la Terra de Xaló: Más de 40 paradas de productos relacionados con la agricultura ecológica (tomates, lechugas, huevos, vino, mistela ecológica, jabón… ) y la tradición. Se celebra el primer sábado de cada mes.

El Mercat del Riurau de Jesús Pobre: Puestos de verduras y hortalizas, de coques, postres y otros productos tradicionales de la Marina han encontrado cada domingo un lugar fantástico para dejarse ver: el magnífico riurau de Benissadeví, un espacio tradicional rehabilitado y antiguamente utilizado para producir y conservar la uva-pasa. Un sitio donde es fácil retroceder en el tiempo y reencontrase con la esencia de la tradición. Durante el invierno, el horario del mercado es de 9 a 14 horas.

El mercado “El Cabàs” de Teulada: Productores locales y comarcales  presentan sus productos de manera directa en este original mercado agroalimentario y artesano, que cuenta con 30 puestos y tiene como objetivo fomentar un consumo respetuoso con el entorno. Lo encontraréis en el casco antiguo de Teulada, concretamente en la Plaza de los Porches, el tercer sábado de cada mes, de 10 a 14h.

El Mercat de la Vall de la Gallinera: El segundo domingo de cada mes  (de 10 a 14h.) y en un paraje único de la Marina Alta, donde nacen Les valls del interior, encontraréis esta alternativa de Mercat de kilómetro cero. Artesanía, productos agrícolas…y elaboraciones caseras. Todo a precios justos en un paisaje plenamente agrícola y en sintonía con la naturaleza. Podéis aprovechar la estancia para visitar algunos de sus ocho municipios, hacer alguna ruta de senderismo y comer en alguno de sus buenos restaurantes.

Mercat de Benissa: La Asociación de la Terra de Benissa organiza este mercado tradicional el segundo sábado de cada mes, en horario de 9 a 14h. En la plaza Jaume I encontraréis productos ecológicos y de proximidad, aderezado con música en directo y acompañado de  actividades recreativas para los más pequeños.

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Buscando el sabor autóctono de La Marina: El Garrofer

Bien sabéis que uno de los atractivos fundamentales que tiene la Marina es su gastronomía. El idilio que sus fogones mantienen con la tradición y el aroma que sus productos y cocina destilan a la tierra y al mar de este punto del Mediterráneo invitan a disfrutar de los muchos y variados platos que pueden encontrarse a lo largo y ancho de las dos Marinas: la Alta y la Baixa.

El proyecto Dénia Tasting Life, cuyo carácter y naturaleza abarca toda la comarca; unido a las muchas citas culinarias que vienen celebrándose a lo largo del año en multitud de municipios de la zona vertebran el buen paladar y alimentan la salud gastronómica del norte de la Costa Blanca.

Un paso más hacia esta voluntad integradora y globalizadora es el nacimietno de El Garrofer, una entidad que tiene como razón de ser y objetivo prioritario el poner en contacto a productores y restauradores de la comarca. Y que tendrá como principal consecuencia la puesta en valor de los productos autóctonos de la Marina, permitiendo a vecinos, turistas y visitantes acceder y disfrutar de todos ellos en muchos bares y restaurantes.

El Garrofer busca, por tanto, que las mesas de los establecimientos hosteleros, de los hoteles e incluso de las mesas particulares de cada casa de la comarca utilicen ingredientes y materias primas cultivadas en esta tierra para conservar y difundir el buen aroma que riega toda la Marina. Hablamos de productos como el aceite y el trigo (ya se ha recuperado su cultivo en algunas zonas de El Montgó),  frutas y verdurascítricos característicos, diferentes variedades de vino (que van más allá del afamado Moscatel) pasas, panes de hogaza y hasta legumbres.

Para ello es fundamental acercar a restauradores y productores, dos colectivos esenciales para garantizar que el producto de proximidad, también llamado de kilómetro cero, se conozca y adquiera el reconocimiento que merece.  Este movimiento, que ahora ha tomado forma y se ha hecho palpable, debe completar la tarea que han iniciado ya los mercados de la tierra, de proximidad, que vienen celebrándose en toda la comarca durante los fines de semana, y que han permitido conectar a productores con consumidores, aunque a pequeña escala.

El papel de un sector tan importante para el turismo como el hostelero/hotelero es esencial para continuar con esta labor divulgativa y posibilitar que los turistas y visitantes disfruten de una experiencia única, más allá del tipo de cocina de cada establecimiento, del reconocimiento social de que pueda presumir cada restaurante o de los precios que baraje su carta.

Una aventura en la que también se ha embarcado el Grupo Melic, como orgullosos exportadores que somos de nuestros atractivos turísticos y excelencias gastronómicas. Y un proyecto que compartimos con todos vosotros a través de estas líneas del blog de La Guía del Turista. Seguiremos informando. Y mientras tanto, y siempre que podáis, disfrutad de los productos autóctonos y tradicionales de La Marina.

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La conquista de Denia por Jaume I

Dénia y Jaume I: la reconquista

Con la conmemoración del Nou de Octubre vuelve a estar de actualidad la figura de Jaume I como rey cristiano que fundó el Reino de Valencia tras derrotar a los musulmanes, que ocupaban estas tierras de la península desde hacía varios siglos. Aunque el capítulo más recordado y celebrado fue la conquista de la ciudad de Valencia, la campaña militar del monarca se extendió por toda la región hasta recuperar para la cristiandad la antigua Taifa de Daniya (como se conocía a la Dénia islámica) y los vastos territorios que aquella comprendía (gran parte del sur de la provincia de Valencia y la totalidad de la Marina Alta, sin olvidar las Islas Baleares, pese a que éstas ya habían sido conquistadas en otra campaña anterior).

No obstante, la reconquista de la Daniya Islámica no fue a través de las armas, sino tras firmar un acuerdo con los musulmanes, lo que permitió al rey de Aragón conquistar de forma pacífica todos estos territorios. El acuerdo se plasmó muy cerca de la actual ciudad de Gandía, concretamente en la fortaleza de Bairén (que no sólo era una plaza militar, sino también un asentamiento casi urbano en cuya fortaleza interior moraban pobladores civiles),  entre mayo y octubre de 1239. Los firmantes fueron el propio Jaume I, como rey de Aragón,  y el último gobernador de la Daniya islámica, Zaén.

Además del castillo de Bairén, otra fortaleza, en este caso la de El Rebollet, tuvo igualmente un papel clave. Al frente de ella estaba  el almirante Carròs, jefe de la flota del rey y personaje con gran importancia en la conquista de Mallorca. Aunque no llegaron a entrar en combate, sus tropas fueron esenciales como elemento disuasorio en caso de posible conflicto bélico, otorgando una seguridad muy importante al monarca durante el proceso negociador.  Ello explica que una de las torres portuarias del puerto dianense, la que controlaba la entrada y salida de embarcaciones -y el consiguiente cobro de impuestos- recibiría el nombre de Encarrós.

La nueva Dénia: La Vila

A raíz de la conquista de Jaume I, la Daniya Islámica pasó a ser la Vila Cristiana. La ciudad cambió notablemente su fisonomía, refugiándose en el interior de las murallas para proteger a la población y los cristianos de posibles ataques de los ‘infieles’. Hoy aún se pueden observar restos de las calles y viviendas de la antigua Vila, fundada alrededor del año 1304, como núcleo de población fundamental en la ciudad. No fue hasta décadas posteriores cuando, de nuevo, comenzaron las edificaciones extramuros y la Dénia que conocemos hoy día puso sus cimientos para comenzar a expandirse de nuevo paulatinamente.

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Vigilando Moraira

Vigilando Moraira desde la torre del Cap d’Or

La escarpada costa de La Marina destaca no solo por su paisaje espectacular de calas, islotes, acantilados y rincones escondidos, sino también por el gran número de pequeñas fortificaciones que se asientan a lo largo del litoral. Aunque algunas como la Torre del Gerro de Dénia (de la que ya hemos hablado en el Blog de la Guía del Turista) podían servir como aljibe, en su mayoría su se trataba de estructuras de vigilancia que permitían vigilar la costa y alertar a la población de la llegada de corsarios, piratas y saqueadores.

Una de ellas, que todavía se alza en pie, es el Cap d’Or, en el término de Teulada-Moraira. Enclavada en el punto más elevado de la península del mismo nombre, esta torre fue construida a finales del siglo XVI, como la gran mayoría. Con 11 metros de altura y siete de diámetro, la torre disponía de dos cañones (ambos fueron descubiertos hace casi 40 años en la playa de El Portet, en la misma Moraira).

Aunque el acceso a su interior está se tapió tras la restauración correspondiente, las panorámicas que se observan desde este estratégico lugar son maravillosas, por lo que os recomendamos su visita. Para llegar a ella simplemente hay que seguir las indicaciones hasta encontrar la ruta senderista que no conducirá al mismo pie de la torre. Para ello deberéis dirigiros primero a la Playa del Portet, en Moraira. Podéis dejar vuestro vehículo poco antes del inicio del sendero local SL-CV51, que arranca al final de la calle Puerto de Alcudia.

Punto estratégico de defensa

Tras el decreto de expulsión de los moriscos en el año 1.609, el puerto de Moraira, dependiente de la villa de Teulada, sirvió como punto de embarque para una gran cantidad de expulsados, procedentes de los valles del interior. A partir de esa fecha la importancia de la torre todavía fue mayor, complementando un grupo de torres vigía junto al propio Fortín de Moraira, dedicadas todas ellas a la vigilancia y control de ataques de los piratas, fundamentalmente berberiscos.

La torre es uno de los muchos encantos que tiene Teulada-Moraira. Aprovechad para disfrutarlos. Es un consejo del blog de la Guía del Turista.

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